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Ola que va, ola que vuelve (La columna de la Yuli)


 Hola ciberlectores!!! Joven, mujer, pinera y cubana, son las credenciales de quien compartirá con ustedes, mediante esta columna, sus vivencias en la isla milagrosa, como suelo llamar a este chispazo de tierra que habito y me habita.

Esta columna, que les regalaré semanalmente, no tiene más intención que las de hilvanar palabras y soltarlas a la atmósfera en busca de combustible vital, una especie de fotosíntesis para quien escribir es la vida.


Se parece a una magia

Por Yuliet Calaña

Llegué a la parada y enseguida acaparó mi atención aquella niña de ojos que hablaban, envueltica en carnes, con una deliciosa sonrisa y una cara salpicada de pecas, como minúsculas grageas embelleciendo un cake.

En medio del tumulto, el calor y la ansiedad por la no llegada de la guagua, resultaba todo un espectáculo verla devorando un paquete de galleticas, como si le fuera la vida en ello. Su mamá, con porte de bailarina, cejijunta y molesta por algo, la sujetaba con una mano y con la otra aguantaba un segundo paquete. Aposté para mis adentros: a que se lo pide cuando termine…y no me equivoqué.

La madre, con malas maneras, le dijo que no. En ese momento ya me había ladeado pues no quería ser indiscreta, pero aún tenía una visión de lo que estaba ocurriendo. La niña gritó “¿y por qué no?” Ella, muy quedamente, le contestó, dándole un sacudón a la mano que le sujetaba “mira ya como estás, sin forma…quieres ponerte como…” y levantó la vista.

En una fracción de segundo calculé que en la parada la más gorda era yo y supuse que su dedo apuntaría hacia mí; y antes de que pudiera concluir su frase con la tercera persona femenina del singular “ella” me puse de frente y la fulminé con mis ojazos negros, que había maquillado con todo el esmero del mundo y que iban coronados por un glamuroso cerquillo recién teñido y amoldado… no es por nada, pero justo aquel día, yo iba lista para matar de amor a cualquiera.

Como suele suceder en estos casos, la indiscreta, no resistió mi mirada ni por un segundo, cualquier lado le sirvió para evitarme. También ese instante me bastó para saber que había ejercido algún tipo de fascinación sobre la niña, no sé si por las pestañas tan largas que logré ese día, o el rojo brillante de mis labios o los pendientes azul turquesa o el collar tornasol que caía en cascada sobre mi pecho, o por todo eso a la vez, o porque yo tengo, y eso quién no lo sabe, mi gracia para los pequeños.

Me compuse, me volví a ladear y sentí a la niña chillar a mis espaldas: “¿ponerme como quién?” La madre, casi masticando las palabras, le dijo: “como ella” y apuntó, por lo bajo, con su dedo índice hacia mí.

Entonces vino ese momento inesperado, pero no por eso menos glorioso, en el cual te coronas campeona sin haber tirado un golpe. La niña, como si se hubiese tragado un micrófono, amplificó para todos los presentes y señalándome: “pero ella está linda, se parece a una magia”. No entendí exactamente lo de la magia, pero tenía la certeza de que era algo bueno.

Me viré por segunda y última vez, ya no me interesaba encontrar la mirada esquiva de alguien, que si era capaz de avergonzar a su hija pequeña nada bueno reservaría para los demás; esta vez busqué y encontré la de la niña, quien me regaló una sonrisa más dulce que las galletas del segundo paquete que ya había logrado atrapar en medio de la confusión. También le sonreí, cómplice, agradecida; mientras, la delgadísima madre, apuntaba sus ojos al suelo, como buscando algo, quizás el respeto hacia los demás, que ese día, y ojalá solo hubiese sido ese día, se le había perdido en algún lugar.


 

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22 respuestas a “Se parece a una magia”

  1. Moraleja: Inclusión, inclusión, inclusión;educación, educación, educación; comprensión, comprensión, comprensión. Las palabras exactas, la imagen casi fotográfica te hace representar cada instante. La sonrisa de la nena te ruboriza ante tanta bajeza humana. ¿Será madre o hembra?

  2. Gratificante es esa verdad sana, transparente y limpia que solo los niños pueden dar y que a veces lo adultos no entienden, justamente porque se han viciado del olvido de valores y otros males ….Jamás olvidar que lo niños ven más allá de donde alcanza sus ojos…los niños ven hacia dentro.

  3. Genial Yuli qué bueno tener este tipo de historias que conmueven el alma… Estaré pendiente a cada publicación… Ya sabes el abrazo fuerte desde el oriente cubano…

  4. Claro que te comento, aunque hoy estoy en “paro”, soy periodista como tú y conozco bien de ese número macabro para los periodistas cubanos que es el 89. Ahí va mi comentario pa que luches el 30 por ciento: son Excelente tus historias, eres creativa e irrepetible, tienes un fabuloso sentido del humor lo cual utilizas con una sagacidad increíble y lo mejor que no se te escapa nada. Bueno ya está, enséñale a tu jefe el criterio y ojalá te sirva pa aumentar unos pesitos en el cobro, ah y que conste, no están escritas con ese fin son de sinceras, jaja

  5. Muy elocuente tu artículo, pero sobretodo cargado de positivismo. El día que le gente se arme de valor y empiece a vivir sin pensar en el que dirán entonces serán menos infelices pq siempre van a hablar; lo importante es saber quedarse con lo bueno como hiciste tú, y saber desechar lo que no sirve.

  6. me encantó, qué triste solo ahora encuentro tu columna. Sí, somos bellas, con más o menos carnes, qué bueno que aún la niña lo descubre así. Besos desde Cienfuegos, otra fan jejeje

  7. Felicidades tita!! GRACIAS por compartir con nosotros tu talento y sabias reflexiones…realmente eres un ejemplo a seguir!te adoro tita😍😘

  8. el respeto al derecho ajeno es la paz, que vivan las gorditas y las que quieren ser como son y por su fuerza son más bellas…..llevan luz..

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