¡Mot, ha, ba! (Uno, dos, tres)

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Visitar  Vietnam fue para mí una experiencia inolvidable. Resurgida entre las cenizas,  luego de una guerra  imperialista contra  el invasor  francés primero  y  el norteamericano después para  impedir  la  reunificación del territorio, la   tierra  del Tío Ho resulta  un lugar  enigmático al  que siempre  asocio  con mis años  de estudiante  de Primaria  cuando  entregábamos juguetes  en gesto solidario para los niños  de esta nación  o  con  el cuento “Un Paseo  por la   tierra  de  los Anamitas”,  que  nos relata  José Martí  en La Edad  de Oro.

En diciembre  de  2009 llegué  al país asiático para  realizar  un grupo de reportajes  y crónicas que nos acercaran a la vida del más oriental de la península de Indochina, en reciprocidad a un gesto  similar  de  unos  colegas  vietnamitas.

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Luego de un largo viaje con escalas en París, Francia y Bangkok, Tailandia llegamos a nuestro destino.

“¡No  se pueden acostar!” , nos  dijo el  Embajador  cubano  por aquel entonces  en  esa nación,  Fredesman Turró:  un hombre amable, muy conocedor  de  las costumbres  y el  idioma del país . “En  una  hora los recojo”, nos  aseguró,  luego de alojarnos  en un hotel en Hanoi, la capital.

Hicimos   un esfuerzo  sobrehumano  para no permitir nos venciera  el sueño  después  de  casi  24  horas de viaje  desde  el otro lado del  mundo.

Con una  exactitud no típica de los cubanos,  justo  una hora  más tarde, un  automóvil de la Embajada Cubana nos recogía para  un encuentro con el Ministro de  Comunicación del país  anfitrión.

Pero más  que  una cita  formal,  resultó una amena conversación  sin protocolo ,  donde    el  Ministro vietnamita  agradecía nuestra visita  y  saludaba constantemente  los  excelentes lazos  de amistad entre  ambas  naciones:

“Vivas a Fidel, a  Cuba  y a la  amistad entre nuestros   pueblos”.

No fueron pocas las veces que repitió dicha expresión en este primer encuentro, e incluso contaba  hasta tres:  ¡mot, ha, ba! y  se tomaba un  trago de  Sake, bebida  típica  en esa  región   con elevado contenido de alcohol, la cual  se  sirve caliente y  se toma  de un solo  sorbo. A decir verdad…  luego  de  horas  de vuelo, cansados  y con el estómago vacío  resultaba bien difícil para  mí  seguir la tradición.

Como solución decidí vaciar ,  con  la  mayor discreción, el contenido de mi   tasa  en una  planta  ornamental  que  había  justo  al frente. ¡Todo  salió  bien! , me dije  para  mis  adentros.

Sin embargo, detrás  había una bella joven  con  una jarra  en  las manos dispuesta a  llenar  nuevamente mi  tasa del brebaje caliente ante  la invitación del  Ministro  de brindar una  vez  más  por la amistad de Cuba y Vietnam.

Al conteo de mot, ha, ba (uno, dos, tres), no me quedó  más remedio  que  tomarme   aquella bebida  que  encendía  el cuerpo entero. Pero son las costumbres… y era por la  amistad de nuestros  pueblos.

Por Noel Otaño Reyes


Crónicas de ida y vuelta


Un saludo desde la Isla mas joven. Mediante esta ventana virtual les contaré alguna de esas historias que no se narran en los reportes periodísticos, a veces curiosas, otras divertidas, pero siempre interesantes… al menos eso espero.


 

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