Lo que no pudieron encerrar las rejas del Presidio

"La justicia es aquella que va al fondo de 
las cosas, no a las formas".
Fidel

Con frecuencia, estudiantes de diferentes niveles de enseñanza llegan hasta el otrora mal llamado Presidio Modelo para conocer de su historia, de la huella dejada allí por varias generaciones de cubanos y extranjeros, que por diversas causas guardaron prisión. Pero lo que más llama la atención son las historias vividas por los jóvenes asaltantes al Cuartel Moncada el 26 de Julio de 1953 que fueron confinados en él, denominado oficialmente como Reclusorio Nacional para Hombres, que de “modelo” como correccional solo tenía el nombre, pero sí lo era de tortura, maltrato y deshumanización.

Los 22 meses de encierro y agresiones directas, el férreo control de los guardias hacia los integrantes del grupo, el aislamiento de Fidel en celda solitaria que le hicieron acompañar con Raúl frente a la funeraria del penal, la prohibición de la correspondencia, visitas y todo contacto con el exterior, no fue obstáculo para que esa estancia fuera aportadora de valores e ideas a la lucha. En relación con lo anterior se conoce  por Pedro Miret que “…cuando creyeron que Fidel estaba totalmente aislado, ideamos diversas vías de comunicación (…) señales de mano que hacía con Raúl, junto a Fidel, de ventana a ventana, desde la celda donde ellos se encontraban y el pabellón donde estábamos nosotros. Después Raúl inventó sacar letras en cartones, luego funcionaron las pelotas de papel, que eran las más seguras y tirábamos de un patio a otro (…)”. También se escribían las cartas y mensajes en tabacos que debían encenderse o en libros entre líneas con zumo de limón, tal como fue escrita “La Historia me absolverá” para su publicación.

A estas acciones más bien internas les siguieron otras en las que se involucraría a la población en una campaña popular de condena a la incomunicación de Fidel, la labor de Melba y Haydée para la impresión y distribución de La Historia me Absolverá, que demostraba la masacre perpetrada por la dictadura contra los  asaltantes del Moncada.

También desempeñaron un papel excepcional el Comité de Madres de los Presos Políticos, convertido más tarde en Comité de Familiares y finalmente Comités Pro-Amnistía que proclamaron libremente su inconformidad y lucharon hasta las últimas consecuencias por la excarcelación de los Moncadistas recluidos y en las provincias se formaron también comités pro amnistía y creció en breve tiempo la demanda de libertad.  A ellos se unieron el Frente Cívico de Mujeres Martianas, los sectores juveniles radicalizados (procedentes de la ortodoxia y del movimiento estudiantil), la FEU de La Habana y Oriente, el Partido Socialista Popular y algunos periodistas que se mantuvieron firmes pe­se a la censura de la prensa; era un pueblo manifestándose y exigiendo al gobierno de Batista la excarcelación.

Un hecho significativo protagonizado por los jóvenes Moncadistas ocurrió el 12 de febrero de 1954, cuando en ocasión de una visita del tirano presidente Fulgencio Batista al penal para la inauguración de la planta eléctrica, se reunieron junto a la ventana más cercana al lugar, alzaron sus voces y entonaron la Marcha del 26 de Julio, como acto de repudio, valentía y expresión de la fortaleza del espíritu de lucha sostenido por el grupo.

La movilización popular fue decisiva. La Ley de amnistía, la No.113 dictada en 53 años de República, fue aprobada el dos de mayo por la Cámara de Representantes, sentenciada el tres por el Senado y firmada por el dictador Batista el seis.


En un documental producido por el canal territorial Islavisión por el realizador Ismael López, la luchadora del Movimiento 26 de Julio en la Isla y amiga allegada de Jesús Montané Dora Rives Pantoja, expresa que en la tarde del día 14 en espera de información allí, uno de sus primos encargado de recoger la correspondencia y llevarla al penal, les confesó por seña, que había llegado la orden de liberación de Fidel y los Moncadistas. Ella junto a otros integrantes del Movimiento esperaron a la entrada del Presidio hasta la mañana del 15 de mayo de 1955 en que se hizo realidad la excarcelación alrededor de las 11:00 am.

Ese mismo día, consecuente con lo expresado por Fidel en varias ocasiones acerca de lo que para ellos significaría la Amnistía, todavía sin abandonar la Isla, ofreció una conferencia de prensa en el Hotel Isla de Pinos acompañado por Jesús Montané,  en la que adelantó el futuro inmediato: “…nuestra libertad no será de fiesta o de descanso, sino de lucha y de deber.”

El buque “El Pinero” fue el fiel testigo durante el traslado al puerto de Batabanó, de la reunión donde quedaba organizado el Movimiento 26 de Julio, que sería el encargado de llevar adelante la lucha por la independencia definitiva de la nación.


El multitudinario recibimiento realizado por el movimiento revolucionario en el puerto de Surgidero de Batabanó y posteriormente en la Estación Terminal de Ferrocarriles en la Habana, donde Fidel fue sacado en hombros por una ventanilla del vagón de pasajeros, constituyeron una muestra fehaciente del liderazgo de Fidel y de la continuidad de la lucha.



Ese fue el Presidio donde se pensaban encerrar las ideas, pero se equivocaron, estuvieron más presentes y fortalecidas que nunca, porque a pesar de los maltratos y el aislamiento de Fidel, convirtieron la cárcel en escuela. Las ideas enraizadas durante la fecunda prisión en la Academia Abel Santamaría, sirvieron de pedestal para fortalecer los principios y elaborar la estrategia de lucha que se haría realidad en la etapa final de la guerra y durante el triunfo revolucionario.

La excarcelación de los Moncadistas fue un momento significativo de la historia patria, que dejó enseñanzas válidas para todos los tiempos: en la lucha y el combate por el futuro, no hay tiempo que perder, ni obstáculos imposibles de vencer y sobre todo, que las rejas del Presidio o cualquier otro tipo de encierro, no podrán encerrar las ideas, experiencia demostrativa con la vil reclusión perpetrada por el gobierno de los Estados Unidos a los Cinco Héroes Antiterroristas cubanos, o las barreras de mentiras fabricadas por los grandes medios para agredir y desmoralizar al pueblo cubano y su Revolución.


Por Sergio I. Rivero Carrasco


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