Por una cultura del envejecimiento

Hace unos días una amiga presenció un hecho triste, desolador. Cuenta que cuidaba a su abuela en el hospital y compartía la sala con dos personas mayores.

Una de ellas estaba sola, ni hijos, ni nietos fueron a conocer de su evolución médica. A pocas horas el estado y los enfermeros de la instalación sanitaria  asumieron la atención integral de la anciana. La otra paciente sí tenía acompañantes, tantos, que los gritos de sus familiares para que comiera o cumpliera alguna acción eran escuchados en todo el salón.

Estos hechos muestran que el desamparo y el maltrato a los adultos mayores son visibles en nuestra sociedad, lo presenciamos no solo cuando la salud está en peligro también al caminar por nuestras calles, al estar en una cola, al observar como ese abuelo es agraviado por un joven al que una vez enseñó a leer y escribir.

Quizá conoce otras acciones que vulneran los derechos y la dignidad de nuestros adultos mayores. Esos adultos mayores que nos ayudaron a dar los primeros pasos, nos llevaron a la escuela, nos aconsejaron a su manera.  Esos padres o abuelos que tanto hicieron por el desarrollo de este territorio, esos abuelos que lograron que hoy, usted y su hijo sean personas preparadas ante la vida y están ahí… reducidos a un sillón, a la espera del próximo grito.

Que la realidad no se dibuja con mismos colores, es cierto, hay personas mayores que son difíciles de cuidar porque tienen alguna discapacidad, una personalidad fuerte, una enfermedad crónica y usted que es el único que se esfuerza por su alimentación, aseo, cuidado hay días que no puede más. Pero no se rinda, porque ellos no lo hicieron cuando les tocó guiar a los suyos, busque ayuda, asesoría antes de elegir el maltrato o tenga fe en la paciencia.

Lo cierto es que carecemos de una cultura del envejecimiento, cuando se ha convertido en una prioridad educar, fortalecer los lazos entre las generaciones. En el Municipio Especial casi una de cada cinco personas tiene sesenta años o más, por ello es importante preparar a la sociedad para que enfrente con cultura, cariño y dedicación los retos que se avecinan. No podemos olvidar que algún día llegaremos a la vejez y también vamos a necesitar paciencia y compresión.


Por Esmeralda Cardoso Villasuso


Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*