La creación más “perfecta”

“Los hombres van en dos bandos,
 los que aman y fundan y los
que odian y deshacen”.

José Martí

Aún retumban los cañones en medio de la pandemia, ni la covid-19 ha logrado silenciarlos y todo eso tiene una muy diabólica explicación que solo puede ser corroborada en el día a día. Desde niño siempre oí decir de mis abuelos y padres que “la obra más perfecta de la naturaleza, era el ser humano”; con esa aseveración crecí,  y siempre la he tenido en mis conceptos básicos sobre nuestra existencia. Ya de adulto la vida me ha demostrado que la frase está incompleta, le falta algo que ella y la historia de la humanidad lo está reconociendo hace algún tiempo y sobre todo por estos días, porque aunque como especie no haya dudas, sí nos preocupa como ser social, ya que el modo de actuar de muchos hombres dejan  mucho que desear.

Nacemos sin inclinaciones de conducta, nos enseñan a ser buenos o malos, a querer o a odiar, a cuidar o romper; ningún sistema de educación en el mundo promueve ni enseña en sus textos los malos hábitos y las malas conductas. La ciencia ha demostrado que el ser humano piensa y actúa de acuerdo al medio en que se desenvuelve.

¿Qué explicación tiene que esa obra más perfecta de la naturaleza, otros “perfectos” tratan de desaparecerla?

Hay dos cosas que nos están destruyendo: El  odio, ese sentimiento de aversión y rechazo muy intenso e incontrolable hacia algo o alguien, y la insatisfacción. El odio no se justifica, es contrario al sentimiento humano. Es lógico que puedan manifestarse problemas de insatisfacción, de lo contrario el mundo se detendría y no tendríamos los avances tecnológicos que hoy disfrutamos, ni lo que han creado las generaciones que nos antecedieron porque el hombre aspira cada vez a lo mejor.

Pero la insatisfacción también tiene sus límites, ella está vinculada a las posibilidades y al talento, que no siempre están con nosotros y que en ocasiones nos cuesta trabajo interiorizar; pero es que ello ocurre cuando nos proponemos algo que no está a nuestro alcance porque se genera la frustración que deprime o irrita y nos puede conducir a la inconformidad, entre otras cosas maléficas. Eso es lo primero que debemos concientizar y enseñar a nuestros hijos y no culpar a nadie de nuestras limitaciones, ya que debemos aspirar a lo que podemos, no lo que queremos  y mucho menos haciendo daño. Lo que queremos debe servirnos como fuente de motivación para alcanzar lo que realmente podemos.

Muchos padres les dan todo tipo de gustos a sus hijos, pero a veces  no les proporcionan lo que más necesitan para enfrentar la vida futura. Algunos hijos cuando son mayores lamentan y viven con resentimientos hacia sus padres porque ellos no le dieron lo que necesitaban para enfrentar la mayoría de edad.  En ocasiones sucede lo inverso; incluso, hay padres que maltratan a sus hijos, de obra y de palabras y sobre ello los oímos decir, “¡que ganas tengo que empiecen las clases!”, y hasta olvidamos que en la religión Yoruba, Elegguá es un niño, el que nos abre todos los caminos, en la Católica el niño Jesús es el retoño de Dios, y nuestro José Martí sentenció que “nacen para ser felices… son la esperanza del mundo”.

Hay padres que asumen conductas inadecuadas ante ellos, le dan malos ejemplos que  pueden convertirlos en violentos y hasta adquirir malos vicios y hábitos que después constituyen delitos que solo originan desgracias para la familia y para la sociedad. También hay mujeres que no pueden procrear, cargan con ese sufrimiento toda la vida, otras lo pierden durante la etapa de gestación. Es muy duro cuidar un hijo en un hospital, visitarlo en una prisión, o peor aún, perderlo para siempre,  pero resulta una gran satisfacción tenerlos con nosotros, hechos y derechos, pero sobre todo derechos.

Hoy más que siempre nos  necesitamos para enfrentar la avalancha de el odio e insatisfacción, fuentes energéticas que alimentan la ingratitud, la envidia, la vanidad, la traición, la mentira, el egoísmo, la ambición y  la indiferencia, que, como regla general, terminan en conflictos incitadores de la muerte. Las guerras son su mayor expresión,  millones de seres humanos las sufren en todo el planeta por la desidia y las ambiciones multiplicadas hoy por esta pandemia global sin rostro que ataca hasta lo más profundo de la sociedad, por lo que la perfección de la especie tiene la misión de demostrar que está concebida para hacer el bien, en aras de acercarse a su “perfección”.

A la creación más “perfecta” hoy, al decir del Presidente Cubano Miguel Díaz-Canel en su reciente intervención en la Cumbre virtual de los NOAL, le corresponde apartar las diferencias políticas y eliminar las medidas coercitivas unilaterales que violan el derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas, y limitan la capacidad de los Estados para enfrentar eficazmente la pandemia”. Eh ahí la cuestión.


Por Sergio Rivero y Abel Pérez


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