La COVID-19 incrementa la contaminación plástica

En la nueva normalidad pos-COVID-19 en el orbe vamos a tener un medio ambiente más limpio gracias a las medidas de prevención adoptadas por la mayoría de los países debido a la pandemia, como confinamiento en las casas, cierre de escuelas, centros laborales y de servicio, menos personas se desplazan en transporte, lo que ha reducido las emisiones de gases contaminantes a la atmósfera, pero a la vez, han generado desechos sólidos en viviendas, centros asistenciales de salud o específicamente los dedicados al tratamiento de la enfermedad que son totalmente nocivos.

El incremento de residuos, en concreto de los plásticos de un solo uso como guantes, máscaras, equipos de protección personal y todos aquellos residuos plásticos en general que no se eliminen adecuadamente, resultan ser un peligro para el medio ambiente motivando no solo la transmisión de la enfermedad, sino que unido a ello se suma la contaminación plástica, lucha que no termina  por mitigarla y los ambientalistas han alertado y expresado su temor por las consecuencias negativas para la vida que ello puede generar.

Pero nos hemos preguntado ¿cuánto tarda en degradarse el plástico? La respuesta sencilla y diáfana es: cientos de años o quizás más porque la mayoría de los plásticos no son biodegradables, es decir, no pueden ser desintegrados por microorganismos, tales como hongos y levaduras que serían los responsables de realizarlo de forma natural, por lo que entonces deben ser tratados por métodos de reciclaje mecánico, químico o industrial.

El mayor problema es que no siempre los plásticos son desechados por las personas de la manera correcta por lo que muchas veces termina en las calles, vertederos o flotando en los océanos; de hecho, los científicos estiman que de los 8,300 millones de toneladas de ese material que los humanos hemos producido desde inicios de los años 50 del siglo pasado hasta hoy, la gran mayoría aún están en vertederos al aire libre o en la naturaleza. Tanto es así que los expertos han advertido que, de continuar con esta tendencia, para el 2050 unos 12 mil millones de toneladas métricas de desechos plásticos estarán contaminando el ambiente. 

Nuestro país y el territorio en específico, no escapan de los peligros anteriormente mencionados porque también hemos sido víctimas de la pandemia con varios centros para el tratamiento a los enfermos, sospechosos, contactos y de tránsito, lo cual eleva el peligro de contaminación si no se cumplen con los protocolos establecidos para el tratamiento a los desechos y su clasificación así como el destino final de cada uno con las medidas exigidas. Por tales motivos el Consejo de Defensa Municipal, la Comisión a esta instancia para el tratamiento a la covid-19 y los organismos implicados, en una acción multifactorial, prevista también en el Plan de Prevención de Desastres territorial, han hecho suyo este propósito.

Como parte de la Tarea Vida, Plan de Estado para el Enfrentamiento al Cambio Climático, aprobado desde el 2017 por el Consejo de Ministros con el objetivo de priorizar la preservación de la vida de las personas y la fauna, la soberanía alimentaria, el desarrollo turístico y la vida enfrentan el tratamiento residual el cual incluye el enfrentamiento al vertimiento de los desechos plásticos a ríos y mares lo cual perjudica la salud de las especies marinas y humana.

Motivadas por las situaciones anteriormente expuestas, que se suceden en el  territorio, el país y el mundo,  diferentes organizaciones de la sociedad civil en el orbe, celebran cada  3 de julio el Día Internacional Libre de Bolsas de Plástico, con un objetivo claro: reducir las bolsas de plástico de un solo uso y fomentar su consumo responsable estimulado en esta ocasión por los desechos generados por el enfrentamiento a la covid-19. Su propósito es concientizar a los gobiernos y a la población del planeta acerca de la necesidad de desechar el plástico como envase y medio de transportación y embalaje de alimentos y equipos, precisamente por su carácter nocivo para el medio ambiente una vez concluida su vida útil y ser desechados en áreas públicas y playas mediante las cuales llegan a provocar grandes contaminaciones en los océanos.

No queda dudas, en la medida que el planeta ha tenido un nuevo amanecer de salud ambiental en estos tiempos de pandemia mundial que ha estimulado la multiplicación de especies, disminuido la emisión de gases tóxicos a la atmósfera y los colores de la vida comienzan a florecer con nuevos matices, se incrementa la alerta sobre el incremento de materiales plásticos de un  solo uso que demandan una acción más segura en su tratamiento y destrucción por asegurar la vida.


Por Sergio I. Rivero Carrasco


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