/Martí: ese misterio que me (nos) acompaña

Martí: ese misterio que me (nos) acompaña


En la Primaria, las auxiliares solían dividirnos en dos filas y mandarnos a tomarle la mano al compañero del lado. En mi aula había un niño, Luisito, tan negro como la noche más cerrada. Ahora me parece horrible, pero tengo que confesar que en aquel entonces yo rezaba para que no me tocara él, porque creía que soltaba una especie de tinta oscura que me mancharía mi blanca mano.

En una reunión de padres, la maestra le dijo a mi mamá que era una niña excelente, que solo tenía ese “problemita”. Mi mamá, sabia como ha sido siempre, encomendó mi alma racista a Ramona, mi profesora de Literatura, con la cual pasaba gran parte de mis días, por aquella época, entre versos y prosas. Así llegó a mis manos La muñeca negra, que además de leer, debíamos dramatizar en un matutino.

La maestra quiso que fuera Piedad porque era la de más parlamentos y yo tenía buena memoria, pero Ramona dijo que sería la muñeca negra -Y por qué? seguro pregunté yo, leguleya en todas las épocas – “Porque eres lozana y rellenita como una muñeca”, seguro contestó ella, tan convincente siempre. Lo cierto es que llegado el día me hicieron dos motonetas bien altas en el medio de la cabeza, pintaron mi cara y mis manos con tempera negra y me vistieron con una bata de vuelo de colores brillantes. Cada brochazo negro en mi cara fue como un azote…Cómo lloré!!! La pintura se me corrió, mi cuello, mi bata de colores y hasta mis pies recibieron su baño de tempera….fue un día muy negro.

En la segunda presentación lloré menos, en la tercera no lloré, en la cuarta comencé a disfrutarlo y en la quinta lo adoré; al parecer no solo había aceptado mi nuevo color, también me la pasaba de lo lindo con los apretones que me pegaba Rosmeri, la niña más tosca del aula, quien finalmente fue Piedad, y que en cada presentación, al parecer también más cómoda con su personaje, quería más y más a su muñeca negra, es decir, a mí.

Ahora recuerdo que a ella tampoco le gustaba darle la mano a Luisito, a veces hasta conspirábamos para ser compañeras nosotras y evitarnos el mal rato. Con el paso del tiempo lo he comprendido todo: la hiciste buena, Ramona!!! No les voy a decir que desde entonces me volví antirracista, porque a esa edad uno solo es antidentista, pero algo cambió para siempre dentro de mí en relación con aceptar, respetar y hasta disfrutar lo diferente, y me atrevo a decir que algo semajante le pasó a mi amiga. Solo me resta decir: ¡Gracias, Martí…siempre te llevo! y más que yo te lleva Rosmeri, quien hace años está felizmente casada con un mulatón, de casi dos metros, que dice más de cuatro cosas. También he estado pensando qué habrá sido del Luisi…cómo me gustaría abrazarlo, cualquier información la voy a agradecer!!!


Ola que va, ola que vuelve (La columna de la Yuli)


 Hola ciberlectores!!! Joven, mujer, pinera y cubana, son las credenciales de quien compartirá con ustedes, mediante esta columna, sus vivencias en la isla milagrosa, como suelo llamar a este chispazo de tierra que habito y me habita.

Esta columna, que les regalaré semanalmente, no tiene más intención que las de hilvanar palabras y soltarlas a la atmósfera en busca de combustible vital, una especie de fotosíntesis para quien escribir es la vida.


Yuliet Calaña

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