/A los que sí hay que temer

A los que sí hay que temer

Nadie me lo contó. Yo estaba allí cuando hace unos años atrás, en una Jornada Cubana contra la Homofobia y la Transfobia, un joven cantante, micrófono en mano y con la más amplia de sus sonrisas dijo: “es un placer estar compartiendo esta noche aquí ¡y qué viva la homofobia!” Así como está usted ahora mismo, quedó el auditorio…consternado y meditabundo.

También viví como a un amigo homosexual, una compañera de trabajo, en el mismo contexto, le pegó un abrazo bien apretado y un beso en cada mejilla acompañando la frase: “felicidades por el día de la homofobia”.

Permítanme una última anécdota. En cierta ocasión asistí a una gala cultural y presencié, tras bastidores, un debate acerca de si quitar o no del guión el número “Pare, cochero”, por el simple hecho de que su intérprete era, justo como inicia la canción, “un chico delicado”, prefirió llamarlo el decisor.

Las dos primeras historias dejan al descubierto lo autómatas que nos volvemos a veces en el tratamiento de  determinados temas y también que la ignorancia puede fusilar las buenas intenciones, de las cuales, nos recuerda el refrán, “está plagado el camino del infierno”.

Pero apartando estos dos célebres fiascos, protagonizados por personas de las cuales me consta su calidad humana, tengo que decir que le temo más a quienes nunca mencionan las palabras homofobia ni homosexual; tal como lo hace el sujeto de la tercera historia.

Soy de la idea de que hay que temerle más a quienes estas palabras les queman los labios y prefieren omitirlas, como si no existieran; y cuando las usan convierten a la orientación sexual o identidad de género diferente, en sinónimo de patología o aberración, así, atropelladamente, como dinosaurios en pleno siglo XXI.

Hay que temerle más a quienes se las dan de inclusivos para estar a tono en determinados contextos, pero siempre tendrán a mano una mofa, una sospecha, un soslayo cuando un hombre prefiera helado de fresa o una mujer el deporte que decida practicar sea la lucha. A esos que tienen al bullying, que provoca deserciones escolares, aislamiento y suicidios, como pasatiempo favorito.

Son mucho más peligrosos quienes erigen discursos sobre el respeto a la diversidad, pero le dan una golpiza de muerte a su hijo a la mínima sospecha de que es él “el diverso”; y lo convidan a reafirmarse macho, varón, masculino, en tanto castigador de esos “diversos”, a quienes en algún momento de su arenga había que respetar.

Le temo más a quienes cometen y permiten, en nombre de la hombría, o de lo que ellos entienden por hombría, desmanes de todo tipo hacia sus semejantes. Sí, sus semejantes: humanos, pluricelulares, sexuados, comedores de comida, tomadores de agua, inhaladores de oxígeno, exhaladores de dióxido de carbono, terrícolas…y una interminable lista que nos demuestra que las cosas que nos asemejan superan con creces a las que nos diferencian.

Hay que temerle más a los que con sutileza, veladamente, desde el oportunismo y la doble moral, desde sus pequeñas o grandes potestades para decidir “aquí no entras”, “aquí no trabajas” o simplemente “aquí no cantas”, engrosan las aún concurridas huestes de la homofobia, aunque nunca, nunca, nunca mencionen esa palabra.

Ola que va, ola que vuelve (La columna de la Yuli)


 Hola ciberlectores!!! Joven, mujer, pinera y cubana, son las credenciales de quien compartirá con ustedes, mediante esta columna, sus vivencias en la isla milagrosa, como suelo llamar a este chispazo de tierra que habito y me habita.

Esta columna, que les regalaré semanalmente, no tiene más intención que las de hilvanar palabras y soltarlas a la atmósfera en busca de combustible vital, una especie de fotosíntesis para quien escribir es la vida.


Yuliet Calaña

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