/Tengo un clítoris y no dudaré en usarlo (+Video)

Tengo un clítoris y no dudaré en usarlo (+Video)


Los hombres se masturban y no pasa nada, bueno… sí pasa, eyaculan, pero no me estoy refiriendo a la respuesta fisiológica, sino a la social. Una mujer va por la calle y un ps-ps-ps la hace voltearse… y ahí, detrás de un edificio, detrás de un árbol o detrás de nada, por el día o por la noche, en otoño o en verano hay un hombre autocomplaciéndose, “tirando”, “pajeándose”, “haciéndose una Manuela” o cualquiera de esa inmensa lista de términos populares existentes para referirse a la masturbación masculina.

Como yo, usted debe haber escuchado alguna vez  a sus hermanos, primos o amigos conversar desenfadadamente de la importancia del “tiro” y de sus competencias a ver quién “tiraba” más y más lejos en el Servicio Militar… y por supuesto que no se están refiriendo al fusil AKM.

En un espacio tan público como el estadio Cristóbal Labra, por ejemplo, cuando los Piratas de la Isla están a punto de hacer carreras hay un estribillo muy popular: “toro, sacude el gajo”, gritan eufóricos hombres, mujeres y hasta niños. Y aunque ciertamente existe un hombre, al que le dicen “el toro,” encima de la grada de primera  sacudiendo un gajo de vencedor, todos sabemos que el cántico es una metáfora del onanismo masculino que concluye con la eyaculación del hit o el jonrón o la interrupción del orgasmo por la llegada del tercer out. La mayor prueba de lo que digo es que un mudo, que nunca se pierde los partidos, al verse imposibilitado de corear el estribillo, se la pasa todo el tiempo que dura el mismo simulando que se masturba.

Si un hombre está solo las personas se preocupan por quién le estará lavando o qué estará comiendo, pero no por su satisfacción sexual porque saben que él siempre tendrá a su “Manuela”. Ahora, si las solteras somos nosotras a nadie le preocupa quién nos está lavando ni cocinando, eso es evidente, el centro de atención es “el tiempo que llevamos sin verla pasar”, aún cuando tengamos también la posibilidad de consolarnos con nuestro…llamémosle “Manuel”.

Escena de la película española ¡Átame! de Pedro Almodóvar, 1990

Y así podría yo ponerles mil ejemplos más de cómo la masturbación masculina es confesa y aceptada… mientras, en pleno siglo XXI, a más de 50 años de la liberación sexual, cuando se construyen juguetes eróticos más inteligentes casi que algunas personas, cuando se habla abiertamente de intercambio de parejas, de tríos, cuartetos, quintetos y grupos de gran formato, y hay personas, incluso, que tienen sexo con lechugas -leí hace poco en algún lugar- la masturbación femenina sigue siendo un tema tabú.

Primero hay un componente morfológico. El pene de los hombres es visible, les cuelga. Desde pequeños los varones andan con su  miembro al aire, juegan con él y hasta tienen erecciones públicamente y esto es visto como lo más normal del mundo y hasta celebrado. Las niñas, en cambio, al tener el nuestro oculto nos cuesta más descubrirlo y relacionarnos con él…y en caso de que lo hagamos precozmente el regaño es seguro.

Pero hay, sobre todo, un fuerte componente machista en nuestra educación sexual. Los adolescentes varones reciben consejos de sus padres o de su profesora de Biología en las propias clases de cómo masturbarse, un amigo le cuenta que lo hizo embarrándose de jabón y le sugiere que lo pruebe, él lo hace y le agrega otras fantasías y le cuenta sus experiencias de vuelta; en fin ellos se superan personal y colectivamente en el tema. Pero muy rara vez, para no ser absoluta, las hembras recibiremos de nuestras madres, o de la misma profesora de Biología o de una amiga contemporánea, un consejo al respecto, porque eso implicaría primero que nuestras madres, profesoras y amigas acepten que se masturban.

Incluso, hay expertos que al hablar del tema nunca mencionan la palabra “mastubarse”, porque al parecer la consideran fuerte para referirse a nosotras: “las mujeres se tocan, se acarician”, prefieren…como si también no lo hiciéramos mecánicamente, duro o suave, lento o rápido, con el ritmo y la intensidad que nos dicten nuestras ganas.


                                                                    Corto animado “El clítoris” de la directora canadiense Lori Malépart-Travers

La medida exacta de cuántas mujeres se masturban nunca la tendremos, ni tampoco de si lo hacen más o menos que los hombres. Lo que sí está claro es que lo hablamos menos que ellos. Y podría pensarse que es porque somos más discretas con esos temas…sin embargo, no somos igual de reservadas para hablar de nuestras relaciones con penetración y hasta nos place en ocasiones contarle a todos que estamos buscando un hijo, que implica que todos sepan que nos pasamos parte del día dándonos el revolcón. Pero con la masturbación femenina algo se traba.

Richard Michod, profesor del departamento de Ecología y Biología Evolutiva de la Universidad de Arizona (EE.UU) ha dicho: “Tener sexo es natural. Hablar de ello no. Es un problema evolutivo”. Y podría tener razón en parte, masturbarse es un acto íntimo o al menos debería, pero si el hecho de que las mujeres no hablen de ello constituye un escollo de la histórica represión de la sexualidad femenina y la educación sexual machista y falocéntrica, de la idea arraigada por siglos de que necesitamos de un pene para ser plenas y felices sexualmente, entonces más que evolución estamos hablando de involución.A esta alturas del campeonato, no hay que seguirle el juego al desatino freudiano de que “las mujeres vaginianas”, las que llegan al orgasmo con la penetración, son superiores a “las clitorianas”, las que llegan mediante la estimulación del clítoris.

En ningún momento esto pretende ser un tratado feminista del tipo “las mujeres tenemos el mismo derecho a masturbarnos que los hombres… que aunque es verdad, la situación no es como el derecho al voto que alguien no los prohibía. En este caso, salvo las personas afiliadas a religiones o culturas que les prohíben masturbarse so pena de castigo divino, algunas incluso son violentadas físicamente para que no lo hagan, como en algunas zonas de África donde se les extirpa el clítoris a las niñas… la opción está ahí, y nuestro cuerpo, y nuestras manos y nuestra imaginación. Solo hay que desterrar el prejuicio de nuestras mentes. Usted tiene incluso el derecho de no masturbarse, de hacerlo y no querer hablar de ello nunca, pero que sea por voluntad propia y no por sentirse avergonzada, ni reprimida, ni mal vista socialmente.

Al menos en mi caso no es una opción inutilizar al único órgano humano hecho exclusivamente para el placer y a sus más de 8000 terminaciones nerviosas… y ojo, que no estoy hablando aquí de excluir al pene, sino de incluir al clítoris.

En fin: mi nombre es Yuliet, tengo 30 años y me masturbo, para conocer mejor mi cuerpo, para darme placer a mí misma, para dárselo a mi pareja, para dárnoslo simultáneamente, para complementar la penetración y para cuantas cosas quepan en ese saco infinito que es la sexualidad humana.

 

Ola que va, ola que vuelve (La columna de la Yuli)


Hola ciberlectores!!! Joven, mujer, pinera y cubana, son las credenciales de quien compartirá con ustedes, mediante esta columna, sus vivencias en la isla milagrosa, como suelo llamar a este chispazo de tierra que habito y me habita.

Esta columna, que les regalaré semanalmente, no tiene más intención que las de hilvanar palabras y soltarlas a la atmósfera en busca de combustible vital, una especie de fotosíntesis para quien escribir es la vida.


              Yuliet Calaña

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