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¡Liberado!

Con la ayuda de muchas personas que me aprecian alcancé mi libertad.

Los que me conocen no saben a qué me refiero, porque fue un íntimo encierro sostenido por más de 30 años motivados por un atentado contra la salud, al ponerla al borde del holocausto…

Fui desde los 11 años un fumador empedernido mientras cursaba la secundaria básica, por gracia, por estar a la altura de los amigos y  ”presumir” de grande con las nenas que estaban a la caza de “los mayores” del aula. La gracia se convirtió en un vicio muy difícil de abandonar.

En ese mismo instante fue cuando me vi encerrado en la prisión del cigarro, al punto de darle prioridad sobre la alimentación y otras necesidades de la vida. Vino después la universidad, la vida laboral, la familia, el sostén de una casa que se ponía a cada instante en una balanza de prioridades, pero continuaba llenando de humo mi casa hasta que aparecieron las progresivas manifestaciones adversas de la salud que me llevaron al quirófano donde me realizaron una  intervención riesgosa: La angioplastia.

Se gana o se pierde, pero las secuelas siempre quedan con afectaciones multiórganos, ahora muy sensible el corazón. Cuando estás en la cuerda floja y sientes que la altura llega a ser como un gran abismo e imaginas que al caer, el humo dejado en el ambiente puede hacerte desaparecer, despiertas de ese letargo como en una gran pesadilla y decides…

¡No más humo! Le daré paso a la vida… ¡Estoy liberado!

Hoy, 31 de Mayo, Día Mundial sin Tabaco, no puedo hacer menos que transmitir mi mensaje de voluntad, libertad y vida a todas aquellas personas que aún se mantienen presidiarios de esa fulminante adicción que es fumar.


Por Sergio I. Rivero Carrasco