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Mirada histórica al escudo pinero

El escudo pinero preside hoy las celebraciones solemnes del Municipio Especial junto al escudo nacional y la bandera de la estrella solitaria, pero su aparición hace 97 años  constituyó una evidente muestra de identidad local y apego  a este pedazo de Cuba.

Se cuenta que en el mes de septiembre de 1924, el entonces alcalde de la Isla de Pinos, Ramón Llorca Soto, se vio ante la necesidad de crear un símbolo  oficial que representara a la Isla, pues hasta entonces no se contaba con ninguna alegoría para  reflejar la singular identidad pinera. Tal necesidad se hizo más apremiante cuando  el ayuntamiento local  decidió ofrecer un homenaje al secretario de la Junta Nacional de Educación, Osvaldo Valdés de la Paz, quien presidía  entonces el Comité Patriótico pro Isla de Pinos, protagonista de una vigorosa campaña por la ratificación del Tratado Hay- Quesada.

El alcalde Llorca  presentó en una moción las bases para el diseño de un escudo identitario de la Isla de Pinos y convocó a un concurso para su realización gráfica.

 Fue la joven pinera Adriana Serra Bravo, la ganadora del certamen, cubriendo todas las expectativas de los promotores y la obra  fue entregada al ayuntamiento local el 14 de  febrero de 1933. Su aprobación oficial tuvo lugar el  7 de marzo  del mismo año, reglamentándose su uso en todos los actos y  documentos oficiales del Ayuntamiento. De igual forma se determinó que  la obra original  presidiera el salón de sesiones de la máxima institución local.

 Al igual que en el escudo nacional, el escudo pinero  utiliza elementos del paisaje natural que destacan la belleza del territorio, como el verdor de los campos,  y  limpio azul del cielo de la Patria, amén de otras formas y símbolos, pero vale destacar la gallarda presencia del pino criollo, considerado el árbol típico  de la Isla, similar a la palma real en el escudo de la nación.

 Tales recursos expresivos, de identificación con los de la nación,  propician los sentimientos de amor pleno a la Patria grande y también a la Patria chica, la plena aceptación de la soberanía cubana sobre el territorio pinero y, a la vez, la identidad local con su arraigo y particularidades.


Por Linet Gordillo Guillama