abril 19, 2024 ¿Quienes somos?

¡Ah, los preciosss!

Sí ¡Los preciosss! Y les explico: Hace apenas 24 horas se produjo un hecho que no por estar generalizado deja de llamar la atención. En una calle cercana al estadio de beisbol de Nueva Gerona un carretillero vendía el macito de habichuelas, bien tiernas y pequeñas, a $30.00 cada uno, y le compré dos de ellos. Al llegar a la casa, solo unas cuadras más abajo, me di cuenta de que podía comprar otros para mantener la ensalada varios días en la mesa y retorné al lugar para adquirirlas.

Cuál no sería mi asombro cuando al pedirle cuatro mazos y tratar de pagarle me dice que no eran $120.00 pesos como se suponía, sino que eran $200.00 porque su precio era a $50.00 pesos cada uno, y le replico: -.”¡Pero yo acabo de comprar dos a 30 pesos y solo han pasado unos minutos! Y solícito me responde: -Sí, pero ahora cada uno vale $50.00. ¿¡Por obra y gracia…?! ¿Qué factor pudo haber influido en la elevación del precio que no sea la avaricia, la desfachatez o el abuso a partir de las necesidades de los otros, la mala intención y desvergüenza de algunos vendedores convertidos ya en reales explotadores, aprovechados por la falta de control y exigencia de las autoridades inspectivas, que han permitido el verdadero desorden de los precios y no se les pone un límite.

Siempre hemos apuntado que el trabajo “limpio” es fuente de motivación, innovación y creación. El trabajo “sucio” es fuente del delito, la perversidad, del irrespeto a los valores de la humanidad, de la desconsideración y la falta de solidaridad humana, del abuso y la deshonestidad, conductas que no perdonan la sociedad, la política ni la religión.

Por lo general, tienen precios diferenciados los negocios por el costo de los servicios que reciben de agua, electricidad, mercancías para la venta; por el contrario, los precios de los productos, mercancías y servicios, suben sin distingo alguno, lo mismo contra los que cuidan de nuestra salud, la educación de nuestros hijos, o los que nos proveen de servicios indispensables para nuestra subsistencia; incluso, las viejitas y viejitos que intentan sobrevivir con una pensión, que la mayoría de las ocasiones no llega al salario mínimo establecido.

Si el costo de producción de una mercancía, producto o servicio es de un peso y el de venta oficial es de dos, en el que ya van incluidos los gastos para producirlos y ponerlos en el mercado, más un margen racional de ganancia para otros fines tales como el gasto público, o sea, salud, educación, seguridad social, subsidios, reposición, etc. (o de atesoramiento para otros), y  de lo que disfrutamos todos; por lo general ese margen lógico y oficial establecido es irrespetado comúnmente por los vendedores, incluso organismos del Estado que lo vende en tres, cuatro y hasta en más, pero esa diferencia de un peso o más, NO TIENE RESPALDO PRODUCTIVO, es un dinero que se adquiere resultante de una acción inflacionaria, especulativa e ilegal.

En mil acciones de esta naturaleza se adquieren mil pesos o más indebidamente, con los cuales se va al mercado oficial y se obtienen productos, mercancías y servicios que sí lo tienen, (me refiero al respaldo productivo) por lo que se adquieren gratis, o peor aún, a costa de otros, lo que limita el poder adquisitivo de esos otros y desestabilizan las finanzas internas del país. Lo mismo sucede en centros de trabajo donde se incumplen los planes de producción de bienes y servicios, por lo cual se rompe la relación que debe existir entre el salario medio y la productividad, pero se comete el error de pagar los salarios completos que incluyen las producciones no realizadas.

Pocas personas  conocen del presupuesto de gastos y costos a todos los niveles; por ejemplo: ¿cuánto cuesta reparar una escuela, asegurar un curso escolar, una carrera técnica o profesional para un hijo, un ómnibus Yutong, un recolector de basura, un contenedor de recoger desechos sólidos, mantener una cuadra limpia y alumbrada, bombear un litro de agua hasta su vivienda, producir 1 kw/h de energía eléctrica, un pulso en una conversación telefónica, o una mensualidad del pago de una vivienda, el subsidio a más de tres millones de toneladas de alimentos, los medicamentos,  productos y servicios que se reciben de manera gratuita o a bajo costo y que el Estado los adquiere a altos precios en divisa como sucede en la Salud para salvar nuestras vidas?. 

Aquí no se cobran las mercancías, productos y servicios ni por ser trabajador estatal o del sector privado, ni por la manera en que se piense, ¿por qué acrecentar desmedidamente los precios y dañar a las personas con menos recursos económicos? Hay que poner costo a eso,  hay que evitar a toda costa que los salarios actuales terminen por tener un efecto dominó y multipliquen de forma desmedida el nivel de la inflación actual, o como decía una vieja canción: “Tongo le dio a Borondongo, Borondongo le dio a Bernabé, Bernabé le dio a Puchilanga y Puchilanga va a ver a quien le da… Por supuesto, será a la población”.

Altos precios de los productos del agro en Cuba: ¿Cuáles son las causas?

Tanto en los espacios que se han dedicado para que los lectores comenten como en los perfiles de las redes, pululan las opiniones de verdaderos catedráticos en materia de Economía, donde cada cual  se manifiesta como un consagrado especialista y profundo conocedor de su propia situación, y por tanto, es quien “mejor” puede definir la solución ideal que necesita específicamente para resolver su problema particular, pero no el de todos. También hay expresiones que pueden llegar a la irrespetuosidad y falta de consideración a funcionarios y prestigiosos cuadros y especialistas que hoy se ocupan de modular y enrumbar esos temas en el país en las más difíciles circunstancias. No obstante, predominan también quienes proyectan su preocupación con un sano ejercicio de la opinión con alcance local o alcance nacional y emiten juicios para adoptar medidas de beneficio general teniendo en cuenta los factores externos que nos han llevado hasta aquí, y los internos que aún tenemos que resolver con la urgencia que demandan.

En la reciente intervención del Primer Viceministro Alejandro Gil Fernández en el programa televisivo Mesa Redonda, al hacer referencia a los precios desmedidos de los productos y sus causas, manifestó: “… entre los fenómenos más visibles que tenemos que enfrentar está el aumento de precios que hoy tienen un nivel que no se justifica. Tenemos la responsabilidad de enfrentar ese escenario. No tenemos las divisas para garantizar la oferta y disminuir la inflación. Tenemos menos divisas y eso tiene una repercusión real en la economía.(…) Todo lo que podemos hacer en materia de recaudación fiscal, control de precios, papel más enérgico de los organismos rectores, son asuntos que nos reclama el pueblo y que tenemos que acabar de resolver”.

Tengamos presente que el también Ministro de Economía y Planificación puntualizó en esta intervención que “…los ingresos tienen menor capacidad de compra y eso tiene detrás problemas relacionados con la escasez de oferta. Estamos viviendo momentos complejos, pero que se solucionan con comprensión, con el apoyo del pueblo. Este momento requiere una comprensión objetiva y medidas ajustadas al contexto actual”. 

Estamos seguros de que el vaivén de los precios, el desabastecimiento de productos fundamentales y mercancías tienen que ver mucho con que los niveles productivos que se alcancen y satisfagan en alguna medida las necesidades del mercado, pero es imposible en estos momentos como bien se ha dicho en muchas oportunidades, por la presencia del bloqueo, las medidas coercitivas y punitivas colaterales, la ya explicada y repudiable inclusión en la espuria lista de países patrocinadores del terrorismo y también por las ineficiencias internas expresadas por el propio Primer Vicepresidente en su intervención. Pero entonces, ¿qué hacer mientras estos factores se arreglan para ofrecer una vida más justa a la población que es en última instancia la más afectada con los susodichos ¡PRECIOSSS!? Depende también de la comprensión, de una mayor combatividad y exigencia ante los problemas y del irrestricto apoyo colectivo del pueblo para sumar brazos y corazones en bien de todos.

¿Cómo Cuba enfrentará la actual coyuntura económica?


Por Sergio I. Rivero y Abel Pérez

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