enero 31, 2023

Cuando se precisa una canción

Más de mil voces, entre agrupaciones y solistas, integraron la Nueva Trova, cuyos ecos se sienten desde entonces e inapagablemente en diversos lares del mundo, donde una canción contribuye a proteger la esperanza, a aniquilar canallas y a hacer por el futuro

Foto: Tomada de la red.

Hay en cada cubano una forma propia de sentir frente a las canciones que forman parte del Movimiento de la Nueva Trova (MNT), aquel que, formalmente, se fundó en el II Encuentro de Jóvenes Trovadores, en Manzanillo, hace hoy 50 años. Para entonces, de muchas partes de la Isla –que vivía los primeros años de la Revolución– habían emergido jóvenes acompañados de sus guitarras para expresar lo que les urgía decir.

Con antecedentes venidos desde el siglo XIX, y consolidados en el XX por voces imprescindibles de la Trova cubana, el MNT había surgido años antes a la fecha de su oficial confirmación, cuando por 1967 los trovadores, seguidos también por intelectuales y creadores de otras manifestaciones artísticas, empezaron a concentrarse y dejaron ver que aquellas canciones, con un modo peculiar de expresión y de temáticas, conformaban ya una comunidad.

Los pueblos tienen sus cantores, y el MNT tuvo una significación para el pueblo cubano que trasciende la generación que le dio vida, y se las arregla, de modo natural, para que las que la han sucedido continúen llevándolo en sí, cuando el espíritu, feliz o contrariado, exaltado o necesitado de elevar el pensamiento, precisa hacerse acompañar de una canción.

Los sucesos que entonces vivía la Patria fueron apreciados por este movimiento y llevados a canciones que no pierden ni su fuerza ni su frescura. La defensa de los ideales revolucionarios, la efervescencia de un hecho trascendental como la Revolución Cubana –significativa no solo para los pueblos de la región, sino también para los del mundo– fue cantada por los trovadores, que, si bien compusieron e interpretaron temas con diversos contenidos, salvaguardaron la postura de Cuba en la construcción de la nueva sociedad y hacia las arenas internacionales.

Compuesta hace cinco décadas, una canción como Cuba va (Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Noel Nicola) es la más hermosa manera de decir en nuestros días, y frente a las hostilidades que nos impone el imperio más poderoso del mundo, que los pasos de nuestra Isla son indetenibles. El orgullo de nuestra resolución a ser soberanos nunca es mejor argumentado que cuando con la voz encendida coreamos el «Vivo en un país libre», con que empieza la Pequeña serenata diurna.

La irrestricta decisión de nuestros avances se afianza si cantamos No lo van a impedir (Amaury Pérez); y la admiración ante el ser resuelto a entregarse por el bien común se acrecienta ante un tema como Créeme, de Vicente Feliú.

¿Quién que conozca su historia y lo que significó la primera derrota del imperialismo en América, puede olvidar en abril la voz de Sara González enarbolando aquellas letras –que no hay modo de no seguir– de Girón, la victoria, o Su nombre es pueblo? ¿Quién podría arrancarse del pecho, habiéndolo conocido, un mensaje como el de la Canción por la unidad latinoamericana? Son apenas algunos ejemplos. Hay mucho más, y quien sabe de Cuba bien lo sabe.

Más de mil voces, entre agrupaciones y solistas, integraron la Nueva Trova, cuyos ecos se sienten desde entonces e inapagablemente en diversos lares del mundo, donde una canción contribuye a proteger la esperanza, a aniquilar canallas y a hacer por el futuro. 


Tomado de Granma.

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