abril 19, 2024 ¿Quienes somos?

Ese Sardá nuestro e inmenso

La verdad, posiblemente no la sabremos nunca. Pero más allá de los avatares de su vida y sus lazos con un poder colonial que gobernaba con mano de hierro, fue José María Sardá un hombre que marcó un hito en la historia pinera y que bien merece el reconocimiento de nuestros contemporáneos.

La pregunta ha trascendido en el tiempo y las posibles respuestas no hallan las certezas.  Acaso temió el joven infidente que un agradecimiento público pudiera echar una sombra de sospecha sobre aquel hombre integrista a ultranza, que dejó de lado su credo político para socorrer a Mariano Marti, su compatriota en apuros?

O tal vez, a pesar del agradecimiento callado, guardó las distancias con aquel oficial del Cuerpo de Voluntarios, como reproche silente a los enemigos de Cuba libre?

Propiedad del catalán también fueron la cantera de mármol rosa en su finca El Abra, tierras de labranza y tejares.

Fue miembro de la Sociedad de Fomento Pinero y uno de los residentes más respetados en el terruño. Sin embargo, una interrogante se ha levantado por más de 140 años entre los estudiosos de la historia local: Por qué Marti, tan cuidadoso en cortesías y agradecimientos, nunca hizo mención alguna a quien le diera abrigo en su hogar para reponer su maltrecho cuerpo adolescente y restañar las heridas de su alma?

De su padre heredó el oficio de cantero, perfeccionado después con estudios de ingeniería y agrimensor.  En La Habana ejerció de contratista y entre sus obras que aún perduran está la cerca perimetral de   la Quinta de los Molinos, antigua residencia de verano de los capitanes generales y los llamados Arcos de Sardá.

Fue en la capital que conoció a Trinidad Valdés Amador, mestiza criada en la Casa de Beneficencia.

Tal vez, su decisión de comprar tierras en la Isla de Pinos para establecerse aquí con su familia en 1869, estuvo dada por el deseo de mantener a los suyos al margen de las veleidades de la guerra que, un año antes, había estallado en Oriente.

En una vida más próspera allende los mares, olvidada y pacífica, crecieron sus retoños. En la casa familiar, edificada por José María a la usanza de las Macías de su Cataluña natal, las manos hacendosas del patriarca levantaron un horno de cal y las instalaciones propias del proceso. También las cisternas junto al manantial que brota al pie de la Sierra de las Casas y que, hasta hoy, provee el agua a la vivienda de los Sardá

Sin embargo hay mucho más que contar acerca de ese patriarca catalán, hombre de su tiempo, quien como todo emigrante dejó su tierra tras el sueño promisorio de una vida más próspera en otra tierra.


Por Linet de la Caridad Gordillo Guillama
Fotor: Tomadas de la Red

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *