julio 16, 2024 ¿Quienes somos?

“Esta Revolución cubanísima la defiende un pueblo entero”

EN HOMENAJE AL ANIVERSARIO 64 DEL ÚLTIMO DISCURSO PRONUNCIADO POR CAMILO CIENFUEGOS Y LA CONSTITUCIÓN DE LAS MILICIAS NACIONALES REVOLUCIONARIAS (MNR.)

El último discurso pronunciado por el inmortal Camilo Cienfuegos Gorriarán fue el lunes 26 de octubre de 1959 frente al Palacio Presidencial, donde se congregó un millón y medio de cubanos como respuesta a la convocatoria realizada al pueblo para contrarrestar la agresión extranjera en defensa de la soberanía nacional, como legítimo apoyo al recién victorioso gobierno revolucionario. Eran las cuatro de la tarde cuando inició el acto donde hicieron uso de la palabra el Che, Dorticós, Rolando Cubela, Raúl, Almeida, Fidel y especialmente el Héroe de Yaguajay, Camilo Cienfuegos, sin saber que era ésta, la última vez que se dirigiría al pueblo porque desaparecería en el mar dos días después.

Aún se ponen los pelos de punta y el pecho se aprieta cuando oímos a Camilo en la grabación de ese discurso con la voz rajada y vibrante, fuertemente emocionado. Fue esa una noche memorable en la que los principales líderes de la Revolución se dirigieron al pueblo, a ese pueblo que los veneraba y apoyaba en cualquier circunstancia.

Fragmento del último discurso de Camilo Cienfuegos. Contexto Latinoamericano.

Recordemos a Camilo ese día cuando expresaba:

“Pueblo de Cuba:

Como la Sierra Maestra es hoy la vergüenza, la dignidad y el valor del pueblo de Cuba, en esta monstruosa concentración frente a este Palacio, hoy revolucionario, del pueblo de Cuba. (Ovación)

“El Pico invencible del Turquino es hoy y será siempre el apoyo de este pueblo cubano a la revolución que se hizo para este pueblo cubano (aplausos).

“Se demuestra esta tarde que no importan las traiciones arteras que puedan hacer a este pueblo y a esta revolución; que no importa que vengan aviones mercenarios tripulados por criminales de guerra y amparados por intereses poderosos del gobierno norteamericano, porque aquí (larga ovación) porque aquí hay un pueblo que no se deja confundir por los traidores, que hay un pueblo que no le teme a la aviación mercenaria, como no le temieron las tropas rebeldes cuando avanzaban a la ofensiva, a los aviones de la dictadura… (Ovación).

“Porque este acto monstruoso confirma la fe inquebrantable del pueblo cubano en este gobierno, porque sabemos que este pueblo cubano no se dejará confundir por las campañas hechas por los enemigos de la Revolución; porque el pueblo de Cuba sabe que por cada traidor que surja, se harán nuevas leyes revolucionarias en favor del pueblo (Ovación), porque el pueblo cubano sabe que por cada traidor que surja, habrá mil soldados rebeldes que estén dispuestos a morir defendiendo la libertad y la soberanía que conquistó este pueblo.

“Porque vemos los carteles y oímos las voces de este pueblo valiente que dice: ‘¡Adelante, Fidel, que Cuba está contigo!’. (Gran ovación) Y hoy el Ejército Rebelde, los hombres que cayeron en las montañas, los hombres que no se venden a intereses, que no se atemorizan le dicen: ¡adelante, Fidel! (Fuertes y prolongados aplausos) ¡el Ejército Rebelde está contigo!

“Esta manifestación de pueblo, estos obreros, estos campesinos, estos estudiantes que hoy vienen a este Palacio, nos dan las energías suficientes para seguir con la Reforma Agraria, y no se detendrá ante nada ni nadie. Porque hoy se demuestra que lo mismo que supieron (morir) vente mil cubanos por lograr esta libertad y esta soberanía, hay un pueblo entero dispuesto a morir si es necesario por no vivir de rodillas. (Gran ovación de apoyo)

“Para detener esta revolución cubanísima, tiene que morir un pueblo entero y si eso llegara a pasar, serían una realidad los versos de Bonifacio Byrne:

‘Si deshecha en menudos pedazos

se llega a ver mi bandera algún día, /

nuestros muertos, alzando los brazos,

la sabrán defender todavía…’.

Con esa misma fuerza pujante continuó Camilo su discurso abriéndole su corazón al pueblo, a ese pueblo que lo veneró desde el primer instante por dar sobradas muestras de haber sido fruto de él en cuerpo y alma, y culminaba vibrándole todo el cuerpo cuando decía:

“Y que no piensen los enemigos de la Revolución que nos vamos a detener, que no piensen los enemigos de la Revolución que este pueblo se va a detener, que no piensen los que envían aviones, que no piensen aquellos que tripulan los aviones que vamos a ponernos de rodillas y que vamos a inclinar nuestra frente (Gritos ensordecedores)

“De rodillas nos pondremos una vez, y una vez, inclinaremos nuestras frentes… y será el día que lleguemos a la tierra cubana que guarda veinte mil cubanos, para decirles: “¡Hermanos, la Revolución está hecha, vuestra sangre no salió en vano!”.

Ya estaban creadas entonces las condiciones objetivas y subjetivas para que otro hecho de suma importancia pudiera ocurrir y era el motivo principal de aquel gran encuentro. Con el antecedente de que ya el pueblo a viva voz y con los brazos alzados había dado su irrenunciable decisión de defender la Patria y la Revolución, se constituiría una fuerza invencible del pueblo para enfrentar al agresor.

Fue entonces Fidel quien explicó al pueblo allí reunido la necesidad de crear las Milicias Nacionales Revolucionarias, una fuerza que representaba el brazo armado con que el pueblo defendería la Revolución y todo el proceso de cambios imprescindibles que ya se había iniciado, lo cual daba cumplimiento a su alegato de defensa en el Juicio del Moncada; pero ello conllevaba adoptar medidas radicales en función de lograr la mayor equidad posible, la imprescindible soberanía y justicia social, que por supuesto, afectaban al imperio, y este no se quedaría de brazos cruzados.

Ya había pruebas de cómo el gobierno de Estados Unidos, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el Pentágono, promovían agresiones para destruir a la naciente Revolución cubana, y es que solo unos días antes, una avioneta había sobrevolado un acto público y disparado con toda impunidad y odio a las personas reunidas allí causando la muerte a dos de ellas y provocando 50 heridos.

Quedaban pocos territorios del país donde no se produjera algún tipo de agresión contrarrevolucionaria, porque se encargaron de preparar grupos apátridas mercenarios pagados por la CIA para realizar los sabotajes a centros laborales de importancia, quema de campos de caña, actuar como alzados en zonas rurales imponiendo el terror y causando la muerte a muchas personas inocentes, secuestraban embarcaciones de pescadores, asaltaban trenes de pasajeros como el de Caibarién y Yaguajay; en fin, pretendían crear un caos en el país para que el pueblo dejara de apoyar al naciente gobierno revolucionario.

Pero eso no pudieron lograrlo, cada vez era mayor era la fuerza del pueblo, de los cubanos patriotas que se incorporaban a las Milicias en cifra superior al medio millón en los primeros momentos para defender a la Revolución y enfrentar las acciones imperialistas, hasta el punto de que les salió el tiro por la culata, y el pueblo enaltecido cumplía paso a paso aquel acertado planteamiento histórico de Camilo cuando expresó en su último discurso:

“¡Para detener esta Revolución cubanísima, tiene que morir un pueblo entero”, concepto que se complementa más tarde cuando Fidel puntualizó: “¡Esta es una Revolución de pueblo!”, y Díaz-Canel cierra la última entrevista con la convicción de que: “¡Por eso la Revolución es invencible, por ese pueblo!”

Milicias Nacionales Revolucionarias, 62 años en la defensa de Cuba.


Texto y fotocomposición: Sergio I. Rivero Carrasco

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *