abril 21, 2024 ¿Quienes somos?

Socialismo y juventud

Foto: Tomada de Cuba Socialista.

Abordar desde el punto de vista teórico el socialismo, así como la juventud, ambos conceptos polisémicos y complejos, es esencial. (Recordar, que nunca es el socialismo y la juventud, sino los socialismos y las juventudes). Hacerlo desde su interrelación, es una tarea estratégica de urgencia para nuestro quehacer movilizador.

Confieso que no vengo a hablar en nombre de los jóvenes. ¿Quiénes mejor que ellos mismos —también hoy aquí reunidos— para dar voz a sus pensamientos? Vengo a proponerles conectar con el tema “socialismo y juventud”, desde un análisis hermenéutico y por supuesto marxista.

Permítanme entonces, compartir con ustedes algunas ideas-temas, con la intención de que, más que puntos de llegada, sean puntos de partida para el debate.

Para ello parto de dos preguntas:

  1. ¿Cómo interpretar y entender la relación socialismo y juventud?
  2. ¿Qué papel deben desempeñar las publicaciones de izquierda ante esta problemática?

¿Cómo interpretar y entender la relación socialismo y juventud?

Socialismo y juventud se parecen. Ambos son construcciones sociales con fuertes determinaciones históricas, que nos hablan de tránsito. Caminos que necesariamente hay que remontar, en la construcción de eso otro que ambos serán mañana, cualitativamente diferente; preferiblemente superior. Por eso ambos son también movimiento, cambio, contradicción, pugna, ruptura, fluir, complejidad.

El socialismo no puede ser pasivo, ni conformista; como no lo es la juventud. ¿Qué es en definitiva la juventud, sino una fuerza revolucionaria? Lo mismo que el socialismo, pensado para transformar el viejo mundo en pos de uno nuevo.

Por lo tanto, el socialismo necesita de la juventud para existir. De sus capacidades para crear con creatividad. De su empuje y fuerzas para conquistar. De sus deseos y voluntad de actuar activamente. De sus energías para transformarse a sí mismos y a lo demás.

De modo que, salvar al socialismo es también una forma de salvar a la juventud. Para lograrlo, el camino de paradojas y desafíos a enfrentar, choca directamente con esa imagen del mundo proyectada por el capitalismo, en la cual se autolegitima como el único y mejor de los mundos posibles. Habrá que desafiar, aquello que Fidel Castro le llamó: “la invasión cultural, destructora de nuestras identidades, arma nuclear del siglo XXI para el dominio del mundo”.

Por lo tanto, solo salvándonos de la barbarie que el capitalismo reproduce, podremos salvar a la humanidad, y en esta gran obra, la juventud es esencial. No es casual, que el capitalismo entre sus múltiples frentes, apuntala constantemente desvirtuar la fuerza y misión histórica de la juventud como estandarte del porvenir. Y para eso fabrica todo tipo de aparatos. Crea objetos sin parar —materiales y espirituales— con los cuales anclarnos a todos, —pero con énfasis en la juventud y la niñez—, en el letargo de la obsolescencia programada.

Y con ello, nos condena a una liquidez insoportable, donde —como señaló Carlos Marx en su Manifiesto Comunista— “todo lo sólido se desvanece en el aire”. Una leve brevedad que condena en primer lugar, todo intento por pensar críticamente; todo esfuerzo subversivo que se le oponga.

En medio de este problemático escenario, se vuelve imprescindible preguntarnos: ¿Cómo proyectar y apropiarnos hoy la relación entre socialismo y juventud para que permanezca una identidad y no una antinomia? Para que este binomio (socialismo y juventud) no se disocie. Para que no se fragmente en una relación de hostilidad y oposición.

Si el socialismo es la transición, preguntémonos: ¿hacia dónde quiere la juventud que transitemos? ¿Qué símbolos los identifican: los del socialismo, el comunismo, o los del capitalismo? ¿Qué valores los definen: la justicia social, la solidaridad, el internacionalismo, la lucha colectiva, o en cambio: la competencia, la mercantilización, la apatía, la indiferencia ante el otro, el consumismo?

Y es que, la pugna entre el socialismo y el capitalismo toma la forma de una profunda guerra mediático-cultural, en todas sus dimensiones. De modo que, el problema de la comunicación debe ocupar un lugar central para la izquierda, con énfasis en el quehacer activo de sus publicaciones y sus medios en general.

¿Qué papel deben desempeñar las publicaciones de izquierda ante esta problemática?

En primer lugar, asumir la importancia estratégica que la comunicación social adquiere en esta guerra. Y en segundo lugar, emprender un doble movimiento simultáneo. De un lado, la deconstrucción de la apropiación capitalista del estado actual de las cosas. Y del otro, la construcción de una nueva hegemonía de carácter socialista.

En la era de la comunicación digital, el poder es detentado por los grandes monopolios burgueses de la información y la comunicación. Hoy, existir significa ser percibidos por los medios de comunicación hegemónicos. El poder es detentado por los grandes monopolios burgueses de la (des)información y la (in)comunicación.

En este sentido, a través de sus medios (pero no solamente mediante ellos), la izquierda tiene el deber de conquistar la sociedad civil red, como espacio por excelencia para la contra hegemonía.

Tienen el deber moral de ofrecer una brújula para nuestros pueblos en lucha y resistencia. Las generaciones de ayer tuvieron héroes, intelectuales orgánicos; las de hoy “influencers”. ¿A quiénes imitan los jóvenes contemporáneos, a sus maestros, a sus políticos, a sus padres, o a los que dos o tres algoritmos matemáticos deciden? ¿Cuáles son y quiénes encarnan los patrones de conducta que pautan/guían la vida de los niños, adolescentes, jóvenes, y adultos de estos tiempos?

El panorama mundial es de una profunda crisis de la espiritualidad y de la subjetividad, en cuyo centro se hallan los más jóvenes. Blanco por excelencia de los contenidos de banalidad, superficialidad, mediocridad, y mercantilización que inunda a las redes virtuales.

Por ello, debemos articularnos en colectivo y orgánicamente, en una batalla de ideas que condicione una producción de sentidos emancipadores; es decir: revolucionarios, humanistas, comunistas. Donde no se anulen nuestras identidades, costumbres, culturas, e historias; sino por el contrario, se enfatice nuestra diversidad, nuestra pluralidad. Crear las condiciones para fortalecer estas particularidades, y que nuestras raíces puedan resistir así el embate de la industria capitalista en su afán por homogeneizar y estandarizar al ser humano. Incidir en el cambio de mentalidades —y sobre todo, desde edades tempranas—, a través de contenidos honestos, creativos, originales, inteligentes. Refundar la idea de lo atractivo y sus representaciones, o lo que es igual: luchar contra la estética capitalista, fetichista de por sí, que enajena y cosifica.

Pero también repensar la idea del entretenimiento, lo cual nos obliga a reconstruir la noción de ocio. Los jóvenes nos demandan que no seamos aburridos. ¿Cómo crear entonces, contenidos que siendo socialistas no sean aburridos, si los modos en los que nos representamos la diversión, han sido en su gran mayoría producidos por la industria del entretenimiento capitalista, colonizadora?

¿Sabemos qué leen los jóvenes de hoy? ¿Qué ven? ¿Cuáles son sus intereses? ¿Cuántas de nuestras publicaciones de izquierda las hacen los jóvenes? ¿Participan en ellas? ¿Cómo lo hacen? Podremos tener textos y obras de excelente calidad, que mientras no lleguen a los jóvenes no habrán cumplido su razón de ser.

Necesitamos desde nuestras publicaciones, pero también desde nuestros programas de radio, televisión, desde internet, otorgarle nuevos sentidos a conceptos que el capitalismo nos ha confiscado y suplantado, como: socialismo, comunismo, democracia, libertad, marxismo, patria, cultura, etc. Devolverles su contenido verdadero, filoso, subversivo; que haga políticamente posible un progreso intelectual de mayorías y no solo de escasos grupos aislados.

Hay que saber narrar lo que le sucede a la izquierda, no de forma desconectada, sino en su lucha de clases contra la burguesía. Y hacerlo con los códigos de la juventud, en la misma medida en la que vamos construyendo códigos nuevos. Los nuestros. Pero para eso, como buenos hermeneutas, habrá que antes construir al lector de la izquierda. Comprender, que las publicaciones de izquierdas son en sí mismas movimientos guerrilleros. Abanderadas de una lucha donde la cultura debe ser entendida como un poderoso campo de batallas. Hacer de ellas plataformas para que las personas accedan al diálogo global y que la comunicación las condicione como sujeto histórico-universal.

Que la causa del socialismo por la libertad del ser humano como fin común, nos convide a la solidaridad, la conexión y la unidad entre nuestras publicaciones y medios. Solo una meta sólida, podrá darnos un propósito que no sea efímero, sino por el contrario, un sentido que se inscriba en el tiempo. Esa meta es la de la emancipación hacia una sociedad esencialmente humanizada.

Desde los aparatos ideológicos de la burguesía, se trillan lugares comunes, consignas con las cuales caricaturizarnos, como la que nos repite: “la izquierda es débil”. Una construcción social, estética, política, ideológica, que como tantas otras, persigue desarmar todo intento práctico de revolucionar la realidad.

Y yo les pregunto a ustedes: ¿acaso encontrarnos estos días aquí, no es muestra suficiente de que no somos débiles? Darle voz a los oprimidos, a los condenados de la tierra, a los rebeldes. No solo en un accionar propagandístico, sino sobre todo educativo, instructivo, constructivo del sujeto revolucionario que necesitamos. Para ello no queda otro camino que sumar, sensibilizar, y aglutinar la diversidad hacia la causa común que es la de conquistar un mundo mejor. Y en este esfuerzo por instruir, la enseñanza desde edades tempranas de la filosofía, el arte, y en lo sucesivo, la enseñanza del marxismo crítico, debe ocupar un lugar central.

Acompañar desde nuestros espacios, todo movimiento transformador que se oponga al capitalismo. Devolver la esperanza, la misma que el capitalismo se empeña en cooptar, porque necesita aparentar que es insuperable, para lo cual reproduce individuos pesimistas, deprimidos, desesperanzados.

Como antídoto la historia. La protección de la memoria histórica como clave para desarrollar en nuestros pueblos, conciencia socialista y revolucionaria. Integrarnos, romper esquemas, movilizar, disputarle el sentido a la burguesía, comprometernos con la verdad, con las causas justas y dignas, convertirlo en una actitud ante la vida, y situar a la juventud como protagonistas.

Dijo Fidel Castro: “Creer en los jóvenes es ver en ellos, además de entusiasmo, capacidad; además de energía, responsabilidad; además de juventud, ¡pureza, heroísmo, carácter, voluntad, amor a la Patria, fe en la Patria! ¡Amor a la Revolución, fe en la Revolución, confianza en sí mismos, convicción profunda de que la juventud puede, de que la juventud es capaz, convicción profunda de que sobre los hombros de la juventud se pueden depositar grandes tareas!”.


Tomado de Cubadebate

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