abril 19, 2024 ¿Quienes somos?

“Ataque terrorista yanqui al buque “Herman”

En esta fecha de 1990 el buque “Herman”, con bandera panameña, había salido del puerto cubano de Moa en el oriente cubano, luego de haber cargado en sus bodegas 10 toneladas de niquel para llevarlas al puerto mexicano de Tampico  y a la altura del Canal de Yucatán detectaron que un guardacostas de los Estados Unidos los estaba siguiendo. Era el Coast Guard 1320, Chincoteague, que se aproximó por la banda de babor y empleando mangueras con agua a presión conminó al buque para que detuviera su máquina para  efectuarle una inspección.

Desoyendo la vos de mando enemiga, el buque mantuvo su rumbo y velocidad y el Capitán Diego Sánchez estableció comunicación con las autoridades cubanas, quienes respaldaron la decisión de los tripulantes de no dejar que abordaran el Herman los integrantes del guardacostas.

En la noche el Capitán del “Herman” le comunicó por radio al comandante del guardacostas que el buque estaba arrendado por la Empresa Cubana de Navegación Caribe y la tripulación era cubana. Sobre las 8:40 p.m. el comandante del guardacostas yanqui le informa al Capitán Diego Sánchez que espera órdenes de su gobierno para utilizar las armas y detener el buque.

Ante la amenaza del capitán del guardacostas, el Capitán Diego Sánchez comunica a La Habana las amenazas de un inminente ataque al buque, que continúa navegando a una velocidad de 13,5 nudos –aproximadamente 25 km/h–, con rumbo a Tampico.

A su vez ordenó deslastrar el tanque número uno de proa, para que bajara la popa y ocultara bajo el agua la pala del timón. Con esta maniobra protegía, además, la maquina principal y el tanque de combustible por la banda de babor que quedaría por debajo del nivel de flotación. Ya cerca de las aguas territoriales mexicanas, el guardacostas yanqui atacó directamente al Herman, apenas a 80 metros de distancia, aproximadamente.

Esa noche Fidel reunido con una multitud de habaneros cerca del memorial al Maine informa del ataque y de la resistencia de los 11 tripulantes cubanos que se encontraban en la embarcación, armados con machetes, hachas y cuchillos como únicas armas a bordo, deciden enfrentar la agresión. Comenzaba así una batalla entre quienes pretendían humillar a un pueblo y quienes defendían la verdad y la justicia a costa hasta de su propia vida,

Y aunque en su discurso de aquella memorable jornada, cerca del memorial al Maine, en el malecón habanero, conminaba a los presentes a mantener la calma y conservar la sangre fría, sus palabras vibraban y el aire se llenaba de ímpetu, rebeldía y valor. 

Los 11 cubanos dignos que conforman la tripulación resistieron cada chorro de agua a presión, cada iluminación de los reflectores que tratan de cegarlos, o de las ráfagas o disparos con que impactan el barco para destruirlo, al que le fue afectado el puente de mando, la cubierta, el departamento de máquinas y la bodega número dos, al recibir una lluvia de proyectiles en ráfagas, por lo que la vida de los 11 tripulantes estuvo muy en peligro en esa terrible jornada.

Pero eso no era todo. Cuando la nave cubana se acercaba a las dos torres de petróleo dentro de las aguas territoriales mexicanas alrededor de las siete de la mañana, el guardacostas intensificó su ataque con el propósito de hundirlo, y a las 07:24 de la mañana, cesaron los disparos convencidos de que no podían hundir al mercante cubano, ni doblegar el coraje de sus heroicos tripulantes.

Las agencias de prensa norteamericanas, para apoyar el vil hecho y tratar de mostrar una causa del mismo, comenzaron a propagar por sus medios la falacia sobre una supuesta carga de drogas que portaba la embarcación. Toda una mentira que pensaban los podría justificar.

El comportamiento decidido, digno y valiente de estos hombres se convirtió en una valiosa hazaña en un momento de gran importancia, pues reafirmaban lo planteado por Fidel de continuar la construcción del socialismo, aun sin la existencia del campo socialista. De regreso a la patria, fueron recibidos por todo el pueblo en un acto masivo frente al monumento donde antes existía un águila imperial.

La clausura del recibimiento la realizó Fidel, quien en sus palabras señaló: “No se sabe lo que vale ese mensaje que estos hombres han enviado a los imperialistas, les han dado una insuperable lección (…) Ellos demuestran que aquí hay millones de héroes”.

 Y concluía entonces: “Si de algo podemos estar seguros, es de que jamás el águila rapaz que simboliza al imperio volverá a colocarse sobre esas columnas, que quedaron convertidas en monumento de lo que fue el imperio en nuestro país y de lo que ocurrirá, más tarde o más temprano, a su afán de esclavizar al mundo”.

A eso nos enseñó Fidel, a luchar, a guerrear, a defender  nuestros principios frente a las amenazas, así se coronaron los tripulantes del Herman, como verdaderos héroes de la Patria.


Por Redacción Web
Fotos: Tomadas de la Red

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