abril 20, 2024 ¿Quienes somos?

Martí murió para vivir

“La única fuerza y la única verdad que hay en esta vida
es el amor
.(…) El patriotismo no es más que amor, (…)

la amistad no es más que amor. Hay un solo niño bello
en el mundo y cada madre lo tiene... “
José Martí

Como bien predijo el Apóstol de la Independencia de Cuba en sus versos, cayó de cara al sol, en pleno fragor de la batalla, un día como hoy de 1895, hace 128 años, precisamente en Dos Ríos en el propio escenario de la Guerra Necesaria organizada por él. Y es que Martí, para sorpresa de todos, fue capaz de avizorar su propia muerte y a la vez pensaba que "adivinar es un deber de los que pretenden dirigir".

Al estudiar diferentes fuentes aportadas por los historiadores, y desempolvar los escritos del Apóstol y muchas de sus cartas, sobre todo las más cercanas a su muerte, encontramos muestras muy claras de que la escena terminal de su vida no se produjo como un episodio fortuito o fruto de un desenlace inesperado; en sus palabras Martí nos asevera en los primeros meses de 1895 la posibilidad de no regresar con vida, lo cual era asumido con un ardiente tono apasionado.

Sin perder tiempo en su quehacer después del alzamiento del 24 de febrero del ’95, comienza una rica obra epistolar que algunos estudiosos la han considerado "como intentos de dejar un testamento”, y no dejan de tener razón, solo con hurgar en ellas nos damos cuenta de su certeza.

El 25 de marzo de 1895, Martí tiene una muy ocupada noche en la que redactó dos importantes mensajes: el sobresaliente Manifiesto de Montecristi, y además dejó tiempo para escribirle a personas muy importantes en su vida, también con un tono de despedida. Una de estas misivas iba destinada a su amigo el patriota dominicano Federico Henríquez y Carvajal en el que uno de sus párrafos parecía una predicción final: "(...) Yo evoqué la guerra: mi responsabilidad comienza con ella, en vez de acabar. Para mí la patria no será nunca triunfo, sino agonía y deber. Ya arde la sangre".

Una idea continua de sacrificio lo persigue, incluso en sus pensamientos futuros: "Pero mi único deseo sería pegarme allí, al último tronco, al último peleador: morir callado. Para mí, ya es hora". Pero… ¿Es hora para qué? ¿Acaso para morir? De ser así, podemos afirmar que ya para el 25 de 1895, Martí vivía con la segurísima claridad de que sus días en la Tierra estaban contados.

Dos Ríos”. Carlos Enríquez/1939.

Por fortuna llega a Cuba el 11 de abril de 1895 por Playitas de Cajobabo, sitio que le sirvió de punto de partida para la travesía emprendida por las serranías orientales hasta el campamento de Dos Ríos donde, el 18 de mayo de 1895, escribe la carta inconclusa a su amigo Manuel Mercado, una de las misivas aparentemente más sencilla y a la vez tremendamente profunda que se convierte casi en declaratoria final de vida: “estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber…”.

Lo que quizás no pudo avizorar nuestro Martí fue que muriendo nacía. Su tremendísimo ideario político, sus fervorosas ansías independentistas para Cuba, su amor sublime por la América toda y su asombrosa clarividencia de lo que significaba el imperialismo para los pueblos del continente, unido a toda su grandeza como líder, intelectual, patriota y revolucionario no pudieron ser derribados por las balas en Dos Ríos... Trascienden, y siguen ahí iluminándonos el camino para vencer los grandes desafíos actuales y continuar la batalla por lograr un país mejor, por alcanzar la mayor equidad posible y el mayor desarrollo posible, en medio de un mundo en el que el mismo imperialismo que identificó en su época sigue devorando pueblos y a la vez autodestruyéndose ante los acusativos ojos del mundo.


Por: Sergio I. Rivero Carrasco

José Martí y la revolución del pensamiento hacia una nueva cultura

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