febrero 3, 2023

Celia, flor siempre viva

Parece que solo han pasado unos días desde aquel viernes 11 de enero de 1980 cuando se dio a conocer la muy triste noticia del deceso de Celia Sánchez Manduley, bautizada por Armando Hart como “la flor más autóctona de la Revolución”, y ya se cumplen 43 años de que esta excepcional mujer pasara a la inmortalidad.

Fue de pequeña hiperquinética y con una imaginación sin límites que sorprendía, más que todo, por su ternura y apasionada manera de querer con ardor a los demás. Esa simbiosis de intranquilidad y pasión, de ternura y arrojo, la convirtieron con el tiempo, en una de las mujeres más maravillosas de nuestra historia.

Es que no hay obra en la Revolución que pueda silenciar algunos de sus detalles, una pincelada de amor y buen gusto, una muestra de humanismo con devoción a los más necesitados, esos por los que hicieron la Revolución que Fidel pronosticó en su alegato conocido por “La Historia me Absolverá” en el juicio del Moncada, conocido por ella a través de su lectura cuando lo distribuía de forma clandestina.

Por ese tiempo ya Celia había cultivado el honor y la valentía con raíces profundamente renovadoras y llenas de cubanía como genuina guajira manzanillera, que vio en su padre, el médico Manuel, el paradigma de cubano honesto que la adentró en la obra martiana y la condujo hasta el Turquino a llevar el busto del Maestro, sitio al que llegó una y otra vez pero ya vestida de verde olivo compartiendo la causa de Fidel.

Celia se convirtió en la combatiente imprescindible, madrina de los soldados de la tropa y de los cubanos desposeídos; protectora de la historia a través de los documentos, siempre muy al tanto de las indicaciones y decisiones de Fidel y los principales jefes guerrilleros, la aglutinadora y decidida, la de frágil fisionomía y fortaleza en los principios y la disciplina: la inseparable compañera de Fidel que supo mantenerse en la cima de los hechos con total humildad y devoción. Las mujeres cubanas y todo el pueblo la aman con pasión. Aún quedan los gratos recuerdos de las jóvenes campesinas que bajo su acción, llegaron a La Habana en un humano plan de formación de oficios que nombró “Ana Betancourt”. De ese más de un millar de bisoñas nacieron especialistas de alta costura y otras especialidades que cumplieron el doble propósito de involucrar a la mujer campesina en las principales transformaciones del país, como una fuerza decisiva que significó en lo adelante “una revolución en la Revolución”, caracterizada así por Fidel.

Hoy muchas familias le agradecen la inmediata respuesta de la heroína a su llamado, incontables sitios como el Parque Lenin, el Archivo Histórico del Consejo de Estado y el Palacio de Convenciones de La Habana, florecieron como las propias orquídeas que cultivaba con pasión. Miles de trabajadores y estudiantes llenan las aulas de centros educacionales que honran con su nombre y le rinden tributo elevando con sus resultados en el aprovechamiento docente fruto del quehacer cotidiano.

En sus 60 años de intensa vida no le fue posible ver germinado todo su jardín, aunque no disfrutó un segundo de descanso; se entregó en cuerpo y alma a la Revolución y a Fidel, siempre fue la primera y sigue como insigne guardiana de la Patria desde el pedestal de los grandes, de esos imprescindibles, de los que no mueren y se mantienen vivos en la eternidad. Fue Celia esa flor siempre viva de la Revolución.

Celia fuego y canto


Por Sergio I. Rivero Carrasco

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