abril 19, 2024 ¿Quienes somos?

Céspedes, el Padre

“La muerte no es verdad cuando se
ha cumplido bien la obra de la vida”
.

.José Martí

La carta de presentación de todo hombre es su obra, la entrega sin límites a hacer el bien y la trascendencia en las personas de su época y en la historia; por esas razones Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo, Primer Presidente de la República en Armas, se convirtió, sin proponérselo, en el gran padre de los cubanos. “Oscar no es mi único hijo, soy el padre de todos los cubanos que han muerto por la Revolución” fue su categórica respuesta cuando el Capitán General de la Isla, Caballero de Rodas le envió un mensaje comunicándole que su hijo menor había sido capturado y condenado a muerte.

La hidalguía y honor de Céspedes se demostró tempranamente, cuando en la preparación de la guerra de independencia cubana, en la llamada Convención de Tirsán, realizada en la finca San Miguel de la región de Las Tunas, el 4 de agosto de 1868, expresó firmemente: “Señores: La hora es solemne y decisiva. El poder de España está caduco y carcomido. Si aún nos parece fuerte y grande, es porque hace más de tres siglos que lo contemplamos de rodillas. ¡Levantémonos!”. Era el preludio de la Guerra de los Diez Años iniciada el 10 de octubre en su pequeño ingenio “La Demajagua”, cuando dio la libertad a sus esclavos y, al frente de estos y de un reducido grupo de patriotas, se alzó en armas contra el colonialismo español.

Esa hidalguía lo acompañó cuando atacó sigilosamente, con su reducido ejército, a la guarnición española apostada en el poblado de Yara. Ante la fuerte respuesta se dispersaron en varias direcciones, pero él logró reagrupar a un grupo de combatientes, uno de los cuales exclamó con desaliento que todo se había perdido. Céspedes contestó con energía y seguridad: “Aún quedamos doce hombres; bastan para hacer la independencia de Cuba”; frase que también estimuló a Fidel después del combate de Alegría de Pío y Cinco Palmas para continuar la lucha guerrillera en la Sierra.

Fue Céspedes uno de los primeros patriotas que vio en Estados Unidos el verdadero peligro para la independencia de Cuba, cuando después de varios intentos aprecia la falta de atención del Gobierno norteamericano para reconocer la causa justa de la independencia de Cuba, y en fecha tan temprana como los años 1868 y 1869 expresó: “(…) Por lo que respecta a los Estados Unidos tal vez estaré equivocado; pero en mi concepto su gobierno a lo que aspira es a apoderarse de Cuba sin complicaciones peligrosas para su nación y entretanto que no salga del dominio de España, siquiera sea para constituirse en poder independiente; éste es el secreto de su política y mucho me temo que cuanto haga o proponga, sea para entretenernos y que no acudamos en busca de otros amigos más eficaces o desinteresados.”

Fue Céspedes el mismo hombre íntegro que comprendió los grandes problemas de su gobierno, lastrado por la incompatibilidad con los miembros de la Cámara de Representantes y viciado de intrigas, caudillismo, y de regionalismo, entre otras nefastas manifestaciones. Al conocer la conjura que se tramaba para sustituirlo de la presidencia, como hombre de honor, sacrificó sus ideas para mantener la unidad que el momento requería, y escribe: “En cuanto a mi deposición, he hecho lo que debía hacer. Me he inclinado ante el altar de mi Patria en el templo de la ley. Por mí no se derramará sangre en Cuba. Mi conciencia está muy tranquila y espera el fallo de la historia”. Una vez depuesto le negaron relacionarse con sus familiares, salir al exterior, lo desterraron a la finca San Lorenzo, en la Sierra Maestra, y el gobierno le negó una protección.

Fue así que Céspedes se entregó en vida a la lucha por la independencia y ganó de los cubanos el título de “Padre de la Patria”. Murió muy joven con apenas 55 años en San Lorenzo, con revólver en mano, hace 150 años.

Ante sus perseguidores que lo llamaban a rendirse y el desoyó, como únicos testigos el monte espeso, y un abismo natural de ese enclave de la Sierra Maestra, abandonado, muy solo y en la más absoluta pobreza, con la cabeza destrozada y una herida de bala en la tetilla izquierda, cayó el Padre de la Patria. Pero sucumbió con hidalguía y honor hasta su último aliento, peleando, cumpliendo bien la obra de su vida.

Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria


Por Sergio I. Rivero Carrasco

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