abril 19, 2024 ¿Quienes somos?

Constitución de Jimaguayú: Una declaración de principios

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Después de la Constitución de Guáimaro en 1868 y Baraguá en el ’78, fue la de Jimaguayú en 1895 la tercera de la República de Cuba en Armas, devenida en valiente declaración de principios. Una enjundiosa historia constitucional marcada por la intención de organizar con forma jurídica el país en diferentes momentos cruciales de su historia, apegadas a los ideales independentistas y anticolonialistas. Es importante destacar que desde febrero de ese año había comenzado la Guerra Necesaria, como la denominó José Martí, y ya se hacía imprescindible unificar las fuerzas revolucionarias bajo la dirección de un gobierno que ordenara legalmente al país.

Por tanto, se imponía como tarea inmediata la creación del Estado Nacional en la manigua, para lo cual fue convocada la Asamblea Constituyente que, desde su escenario geográfico rindió homenaje al Bayardo del Camagüey, ya que Jimaguayú, el lugar escogido por el Generalísimo Máximo Gómez para ese acontecimiento político, significaba todo un digno y respetuoso homenaje al abogado y jefe del Ejército Mambí, quién, además, había sido uno de los artífices de la Constitución que en 1869 se había firmado en Guáimaro aboliendo la esclavitud y proclamando la igualdad entre los hombres: El Mayor Ignacio Agramonte Loynaz.

La historia recoge con singular detalle las sesiones efectuadas entre el 13 y el 16 de septiembre en un rústico bohío donde se reunió el Parlamento; su presidente fue el Marqués de Santa Lucía, el rico hacendado camagüeyano Salvador Cisneros Betancourt, hombre con sobrado prestigio que al estallar la Guerra de los Diez Años abandonó comodidades y título, les dio la libertad a sus esclavos, y puso sus bienes a disposición de Cuba y su independencia.

En varios documentos se precisa que el Consejo de Gobierno encargado de decretar las disposiciones relacionadas con la vida civil y el devenir político de la República en Armas, solo mediaría en las operaciones de carácter militar cuando, por propósitos decididamente gubernativos, esta intervención resultara imprescindible, condición que determinó su relevancia.

El Consejo quedó presidido por Salvador Cisneros Betancourt, e integrado por Bartolomé Masó como vicepresidente. Tomás Estrada Palma, quien a la muerte de José Martí asumió la dirección del Partido Revolucionario Cubano, fue nombrado ministro para asuntos de política exterior. Los puestos de General en Jefe del Ejército Libertador y de Lu­gar­teniente General recayeron en Gómez y Antonio Maceo, respectivamente. En el contenido de la Constitución de Jimaguayú se establece la existencia de un gobierno centralizado encargado de unir en un mismo órgano los poderes legislativo y ejecutivo; pero a partir del análisis de la experiencia de la Constitución refrendada en Guáimaro, esta nueva dejó relativamente libre al aparato militar con el fin de eliminar las fatales discrepancias que tanto daño habían ocasionado a la anterior contienda con las infructuosas diferencias entre el mando civil y militar ante la independencia.

La Constitución de Jimaguayú como históricamente se le conoce, fue una verdadera declaración de principios, un hecho de profunda trascendencia que significó un paso de avance incuestionable en el empeño por dotar a la revolución de 1895 de una estructura organizativa que facilitara y no entorpeciera, la consecución de los objetivos estratégicos trazados bajo el signo de la unidad.

En Jimaguayú se favoreció además, la organización de la Revolución continuadora de la Guerra de los Diez Años, la unión en un solo organismo los poderes legislativo y ejecutivo, y la carta magna aprobada contó con 24 artículos (5 menos que la de Guáimaro), además, como elemento significativo eliminó la Cámara de Representantes (de 20 miembros) para dar paso a un Consejo de Gobierno de seis miembros con una estructura que logró sintetizar la justa combinación de civiles reconocidos con destacados jefes militares, aunque no pudo cumplir con la propuesta de Martí de lograr un poder equilibrado donde civiles y militares estuvieran en un mismo nivel.

La declaración de principios y de dignidad de los cubanos que significó la Constitución de Jimaguayú, válida por dos años, estimuló también la extensión de la guerra a occidente protagonizada por Gómez y Maceo al compás del Himno Invasor concebido por Enrique Loynaz del Castillo en plena manigua, quien además fue uno de los redactores de la histórica Constitución de Jimaguayú, en el que alentaba:

“¡A Las Villas valientes cubanos!
A Occidente nos manda el deber
De la Patria arrojar los tiranos
¡A la carga: a morir o vencer!” 

Esta heroica acción libertadora sirvió de ejemplo a la Invasión realizada por Camilo y el Che en la etapa final de la contienda guerrillera que llevó al triunfo revolucionario del Primero de Enero de 1959 y aún trasciende hasta nuestros días cuando se cumplen 128 años de ese importante acontecimiento de la historia patria.

Constitución de Jimaguayú: Hito de la Historia de Cuba


Por: Sergio I. Rivero Carrasco

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