julio 17, 2024 ¿Quienes somos?

Crecidos desde el corazón

“Los buenos maestros enseñan
desde el corazón…”

La frase que sirve de exergo es como la consideración que los estudiantes sienten por sus “profes” cuando estos corresponden a sus expectativas con su labor cotidiana, siempre considerando que no pertenecen a ellos mismos, sino a los demás, que pueden tener los mayores conocimientos del mundo pero su altura se medirá en la manera que sean capaces de entregarlos con humildad, sencillez y amor.

Es así como los profes han aprendido y la decisión temprana de entregarse a la noble profesión de enseñar, de compartir, socializar, amar al prójimo, no viene en enlatados ni se adquiere en un mercado. Esa vocación de servicio perenne y multiplicador de conciencia les viene desde dentro, es como la sangre que circula por sus cuerpos o el corazón que late para mantener la vida.

En ocasiones el camino no es llano y limpio, sino que se cubre de obstáculos y varas que se deben saltar, pero solo con ese volcán que les brota logran vencerlos. Así he conocido a profesores que han cumplido misión en Venezuela como parte del convenio firmado entre el Ministerio de Educación Superior de Cuba y el Ministerio del Poder Popular para la Educación de Venezuela. Son muchos los profesionales del sector que han tenido experiencias similares y se han crecido desde su interior para desempeñar con altruismo esa noble labor.

Entre ellos recuerdo con mucho cariño al profesor-asesor Leonardo Pérez Leyva, un sexagenario profesional proveniente de la Universidad Central Martha Abreu de Villa Clara, quien se desempeñó por casi un año en la Escuela para el Fortalecimiento del Poder Popular en el Estado Guárico de Venezuela. Él me contaba que allí tuvo las mayores experiencias en su más de 40 años de labor docente-educativa, crecida al saber que llevaba sobre sus hombros una gran responsabilidad, porque de repente, le asaltaba el interés por conocer qué disciplinas se impartirían, si estaba preparado para ello, quiénes serían sus alumnos y así con puntos suspensivos… podría enumerar un sinfín de interrogantes que me dijo.

Él sentía que se elevaba más el diapasón cuando en el primer encuentro sostenido allí con la Dirección de la Misión cubana se hizo una importante precisión: “Profes, olvídense de los grados científicos y docentes. Como buenos martianos seamos maestros y excelentes revolucionarios. Echémonos temporalmente en los bolsillos la academia, pero desde ella aprendamos a conquistar los corazones de los venezolanos para que abracen los nuevos conocimientos, profundicen el amor por su país y defiendan hasta con las uñas su Revolución”.

A partir de ahí la palabra “profe” resultó ser para él con tanta experiencia, como una hermosa melodía que a cada minuto acariciaba sus oídos y llegaba acompañada de admiración, sencillez, agradecimiento y amor, “ese que se entrega con la pureza que solo la gente llana del pueblo tiene dentro y te abraza como parte de su familia”… Me decía emocionado además, que sentían cómo comenzaban a conquistar los corazones de los estudiantes volcados hacia las comunidades y las aulas; Así se fueron cumpliendo las expectativas en la preparación de más de 2,700 estudiantes, conscientes de que aprendiendo los unos de los otros sufrían una metamorfosis cada semana para bien, digna de asombrar a todos y hasta ellos mismos lo reconocían.

Imaginen cuál no sería su sorpresa cuando el primer día de clases se encuentra con un auditorio tan prolífero como interesante, integrado por una anciana de 87 años negada a que pase por ella el tiempo y próxima a recibirse como jurista en la Misión Sucre, hasta letrados consagrados en economía, administración, periodismo, ciencias jurídicas, interactuando con ciegos, sordomudos, jóvenes de apenas 15 o 16 años, “malandros”, analfabetos, revolucionarios y hasta opositores convencidos.

Cierto es que para cualquier maestro por mucha experiencia que posea como el profe Leonardo, esa composición del auditorio escolar constituye un gran desafío. Es teoría ausente en los libros de Pedagogía, Didáctica o Psicología y sí muy descifrable con las más profundas fibras revolucionarias de profesionales decididos a crecerse desde el corazón.

Hay, entre tantas que me contó, una experiencia imposible de olvidar: Explicaba que en una clase visitada por las autoridades docentes del país durante una inspección, casi en el momento de la despedida, un vocero escuálido (opositor) solicitó la palabra y muy circunspecto inquirió: “Profesor, no me explico por qué usted, siendo cubano, viene a Venezuela a enseñarme mi Constitución” Sin tiempo para responder, una vocera colmada de blanquecinos cabellos, que durante los seis días se había mantenido en silencio le increpó: “Pena debía darnos que el profesor, aunque cubano, haya dado muestras de un conocimiento cabal de lo que nosotros debíamos ser doctores, porque es la biblia de nuestra sociedad. No lo critique, ¡felicítelo!”. Él abandonó el aula cabizbajo por la vergüenza.

Con la humildad que le asiste, me expresa que todos los alumnos, puestos de pie, aplaudieron sin cesar, muchos con los ojos mojados y el corazón palpitante, mientras él llegaba hasta el ahogo, quedando sin palabras... El profe muy emocionado, califica esa experiencia educativa internacionalista como “una gran escuela”.

El bien querido y admirado Profe Leo, como cariñosamente le llaman sus compañeros, reincorporado a la docencia después de su jubilación, aportando a la educación aún, 13 años después de vivir esas jornadas, continúa preguntándose: ¿Qué superior recompensa puede tener un profe, cuando vive la mayor experiencia profesional, revolucionaria y humana nunca antes imaginada?

Las palmas para los maestros, esos seres de luz que se entregan a servir con un corazón más grande que sus propios pechos.

Nota de interés: El profesor Leonardo Pérez Leyva desde hace varios años comparte sus saberes y ejercicio docente-educativo con la Presidencia de la Delegación Provincial de la Sociedad Cultural José Martí en Villaclara.


Texto y fotos Sergio Isidro Rivero Carrasco

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