abril 19, 2024 ¿Quienes somos?

El Maine fue un pretexto

Por mucho que pretendan opacar la causa real de la voladura del buque Maine en la rada habanera, la vida y los hechos han demostrado las evidencias suficientes para develar la verdad.

Tengamos presente que el acorazado Maine llegó a la bahía habanera el 25 de enero de 1898, con la declaración pública de que se trataba de una visita de rutina, en tiempos en que se disputaba la etapa final de la guerra de España contra los independentistas cubanos, hecho que llevaba casi 30 años de degaste y sangre derramada por la libertad en los campos de batalla y para nadie es un secreto el interés de Estados Unidos por entrar en la guerra, darle el tiro de gracia a España, ocupar sus posiciones y someter al pueblo cubano, tal como lo hizo.

Aunque haya muchas hipótesis y estudios que marcan la causa de la explosión externa, quedando bien con el gobierno yanqui, la verdad y las evidencias políticas y el modo de actuación norteamericano dicen lo contrario.

Entonces, para lograr sus objetivostenían que buscar un pretexto y lo encontraron. El 15 de febrero, a las 21:40 horas, el Maine volaba por los aires sacando casi la mitad del buque del agua que se hundió junto a la boya donde se encontraba en la bahía

Algunos de los allí presentes han hecho declaraciones diversas acerca de si oyeron dos explosiones, una de ellas como si fuera un disparo y otras que levantó las llamas al aire soltando al aire los fragmentos de metal, causando la muerte a 366 marinos, la mayoría, y más de 20 heridos.

Era la chispa que necesitaba la prensa de la época para detonar y así fue. La preparación artillera ya estaba hecha desde un  tiempo antes criticando el estado de cosas en la Cuba española y el primer disparo fue el ataque a los españoles culpándolos del provocar ese horrendo hecho declarando que “la destrucción del barco había sido provocada por “el enemigo”, provocando que la opinión pública solicitara una respuesta militar, que era la que ellos estaban desesperado por dar  que forma parte de su política.

De todos modos se trató de culpar a España porque si el acto había sido realizado por agentes del gobierno español, o por cubanos partidarios de la intervención, la culpa era de España, responsable de la seguridad del buque, que se encontraba legalmente en el puerto, y se aceptaban que había sido por causas internas ponían entredicho al capitán y a la Armada Norteamericana, por lo que se debía demostrar que la causa era externa.

La investigación realizada por las autoridades españolas se limitaron a revisar los alrededores porque no se les autorizó acceder a los resto del buque, por lo que casi nada aportó, limitándose a argumentar que la explosión había sido, con toda probabilidad, interna, por no haberse observado una columna de agua en el momento de la deflagración, la ausencia de peces muertos en las aguas de la bahía y el que no se hubiera producido ningún oleaje.

Los norteamericanos, también formaron la suya, que dictaminó una explosión externa que había provocado la interna. El ambiente político que se había creado en Estados Unidos no era nada favorable a una investigación imparcial y objetiva. La prensa sensacionalista no cesaba de publicar artículos, declaraciones y testimonios que configuraban una atmósfera belicista.

Fue entonces que el presidente McKinley, en el mensaje al Congreso que acompañaba las conclusiones, señalaba que la verdadera cuestión era que España "ni siquiera podía garantizar la seguridad de un buque norteamericano que visitaba La Habana en misión de paz". Y pedía autoridad para terminar la guerra en Cuba, a la vez que solicitaba emplear, con esos fines, a las fuerzas militares y navales estadounidenses. El hundimiento del Maine había cumplido así una función: servir de pretexto a la intervención.

En 1998, con motivo del centenario de aquellos hechos, se publicaron, tanto en Estados Unidos como en España, libros, artículos y documentales sobre el tema, algunos de ellos por personalidades de renombre que no se oponen a la teoría norteamericana y señalan las causas como externas.

Pero ante ello, un análisis histórico objetivo refuta completamente esta hipótesis con varias argumentaciones más objetivas, como que el objetivo de la lucha de los cubanos era la independencia de España, no la intervención norteamericana, que en la práctica significaba un cambio de dueño; tampoco el terrorismo era el método de lucha de los independentistas cubanos, ni tampoco resultaba lógico minar un buque de guerra de un país que presuntamente aliado.

Otros elementos aluden de que si los cubanos hubieran intentado realizar ese hecho tenían que haber vencido muchas dificultades prácticas, que van desde el dominio de la técnica de construcción de minas hasta la de mantener el más absoluto secreto y enmascaramiento para no ser detectados ni por las autoridades españolas ni por la vigilancia del propio buque, lo cual era contraproducente porque era probable alguna deserción de las filas en el camino que descubriría su proceder.

De este modo  se podría llegar  a una conclusión más objetiva y apegada a la verdad, y es que la famosa hipótesis de la explosión externa, aunque posible en teoría, tenía pocas posibilidades de realización práctica. Entonces solo queda la posibilidad de la explosión interna, la cual pudo ser accidental o provocada, aunque esta última causa no puede descartarse, dado el interés de que los círculos imperialistas más agresivos tenían que entregarse a la guerra para eliminar el dominio español sobre la Isla.

La voladura del acorazado Maine fue el pretexto que abrió el camino a Estados Unidos en la Guerra y a la destrucción de España y a la posesión sobre Cuba.

*Con información variada de otros medios.

El hundimiento del acorazado Maine. El mayor ataque de falsa bandera de EEUU contra España.

Por Sergio I. Rivero

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