abril 12, 2024 ¿Quienes somos?

La hidalguía del León de Oriente

“(…) valiente hasta lo inverosímil, arrebatado,
colérico, fiero y testarudo”
José Miró Argenter

Por esa entrega incondicional a la Patria, protagonista en el campo de batalla de las tres guerras libertarias, incondicional a su hermano Antonio y a los principios independentistas que estimularon su vida, es que podemos entender en toda su dimensión el poema de Manuel Navarro Luna que lo viera… “A todos los peligros enfrentarse, / siempre al resplandor de su machete, / siempre en el puesto primero de la sangre, / ¡era una roja punta de cuchillo! / ¡era una centella de coraje!…”.

Para el General Máximo Gómez Baéz, “Era preciso haber conocido bien a fondo el carácter de aquel hombre sin dobleces, y de rústica franqueza para poder estimarle y estimar su cariño cuando lo demostraba. El general José era todo verdad y por eso para muchos aparecía amargo”.

Toda esa hidalguía comenzó con la brisa de la fría madrugada del 2 de febrero de 1849, cuando vio la luz José Maceo Grajales en la finca Las Delicias, en Majaguabo, San Luis, Oriente, quién llegaría a convertirse en Mayor General del Ejército Libertador y una leyenda en el campo mambí, símbolo de intrepidez y el valor para los cubanos, con un carácter fuerte, firmeza de ideas, intransigencia y temperamento, rasgos que lo distinguieron con coraje colindante con la temeridad, razón por la cual lo calificaron como “el León de 0riente”.

José fue un hombre íntegro y entre las muchas ocupaciones que tuvo, estuvieron la de leñador, soldado, guía, centinela, sanitario y jefe astuto, quien caminó muchas veces hacia atrás para despistar al enemigo, y así evitó que su hermano, el general Antonio, cayera en manos de los cientos de soldados españoles que le seguían el rastro, pisándole los talones como fieras.  Pero antes, en el feroz combate de “El Cafetal” La Indiana, en 1871, resultó ser Antonio quien salvara la vida de José, arriesgando la suya. También formó parte de la expedición que condujo Flor Crombet y que desembarcó por Duaba el primero de abril de 1895.

Pero poco antes del 24 de febrero de 1895, Martí, en carta fechada el 3 de noviembre de 1894, le precisa “Amigo, quien ha defendido con valor mi Patria y su libertad de hombre, es como acreedor mío y me parece mi hermano”. También el Apóstol, de quien recibiera como regalo el famoso caballo blanco Baconao que montaba el aquel 19 de mayo de 1895, al caer mortalmente abatido en Dos Ríos, significaba en carta a Antonio Maceo, el 15 de mayo de ese año: “(…) el generoso José, que ya no se nos saldrá del corazón agradecido”.

Otros, como el brigadier José Miró Argenter, jefe del Estado Mayor de Antonio Maceo, afirmó: “(…) valiente hasta lo inverosímil, arrebatado, colérico, fiero y testarudo”. Mientras el general Francisco de Paula Valiente, quien fuera su ayudante de campo, sostenía que aquel “león”, fiero en el combate, duro para dar la muerte al enemigo en la pelea “(…) era, sin embargo, de alma como un niño ante la pena de sus compañeros, fuerte en la pelea, débil en el cariño, casi paternal, que a todos nos ofrecía”.

El mayor general Serafín Sánchez, en su condición de Inspector General del Ejército Libertador, quien medió entre José y el Consejo de Gobierno, que no lo aceptaba como Jefe de Oriente, significó: “He tenido el honor de conocer y tratar al General José. El General Gómez me lo recomendó mucho, pero no pensé que fuera tan honrado y tan patriota”.

El General José de caracterizó por su hidalguía, intrepidez y un alto sentido del deber con la patria, demostrado en el campo de batalla que lo vio machete en mano en más de 500 acciones desafiando el peligro hasta el último segundo del combate aquel aciago cinco de julio cuando se elevó a la eternidad, y la manigua redentora se convirtió en una cascada de patrióticas lágrimas al perder a uno de sus hijos más valiosos. Máximo Gómez dejó constancia de su valía al expresar que con su muerte perdía al compañero y al amigo, y concluía: “El combate significa mi duelo de guerrero por la pérdida del compañero y del amigo, que él murió en su puesto, derribado de su caballo de batalla para aparecer más alto y hermoso en la historia de la Patria”.

José Maceo el León de Oriente


Por: Sergio Isidro Rivero Carrasco

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