abril 15, 2024 ¿Quienes somos?

Luz para la Revolución

A PROPÓSITO DEL ANIVERSARIO 120 DEL NATALICIO DE MELLA

Mella es como una destellante de luz que se prendió en el alma de la patria desde que vino al mundo aquel espléndido y martiano 25 de marzo de 1903 en La Habana. Hijo del dominicano Nicanor Mella y de madre irlandesa llamada Cecilia McPartland, tuvo de pila el nombre de Nicanor McPartland, que más tarde adoptó el seudónimo de Julio Antonio y el apellido paterno al ingresar a la universidad habanera en octubre de 1921 y con legendario sobrenombre que lo identificó en lo adelante pasó a la inmortalidad.

Su vida de pequeño no fue muy fácil, etapa que él mismo consideró haber tenido una infancia Mártir después de separarse de la madre y convivir con Nicanor junto a su hermano Cecilio. Esa etapa le sirvió para templar el alma y forjar su espíritu rebelde que lo acompañó hasta el último aliento.

A Mella se descubre poco a poco en el trayecto de su fecunda vida escuchando las historias sobre él, su desempeño estudiantil y revolucionario tanto en Cuba como en el exilio, estudiando su obra creadora fundacional en bien de la patria y de Latinoamérica y su consolidación como una de las figuras juveniles más destacadas del país y del hemisferio en la profundidad de la obra profunda que muy joven fomentó.

En solo unos poquísimos años, el intrépido Mella se convierte en líder indiscutible y aclamado de la lucha estudiantil por la Reforma Universitaria, funda  la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU) en diciembre de 1022, en octubre de 1923 organiza y dirige el Primer Congreso Nacional de Estudiantes, cónclave que se declaró contra la intromisión del gobierno de los Estados Unidos en los asuntos internos de Cuba y contra la Enmienda Platt,  y ya en noviembre inaugura adelantada en el tiempo por su concepción, Universidad Popular José Martí, en la cual se cumplió con el objetivo de impartir instrucción política y académica a los trabajadores y de vincular la Universidad con las necesidades de los oprimidos.

Mella comenzó a realizar sus primeras lecturas políticas, y había fundado la revista Alma Mater en noviembre de 1922  de la cual era administrador y uno de los principales redactores, firmando sus artículos con el seudónimo de Lord Mc Partland.

Es en esa incesante actividad intelectual que conoce en la universidad a Emilio Roig Leuchsenring,  que se incorpora como él, entre otras organizaciones a la Liga Antiimperialista y es quién lo acerca a la lectura de la obra de José Martí a través de los ensayos del Apóstol. Así Mella a través de una pequeña edición de las obras de José Martí, para ir tejiéndose su identificación del joven con el Maestro y sus ideas independistas y antiimperialistas.

Mella conjugó la acción con el pensamiento, convirtiéndose en precursor del marxismo en Cuba y América Latina, y como si avizorara su corta vida, crea en 1924 la sección cubana de la Liga Antiimperialista de las Américas, la cual constituyó un excelente espacio para difundir con firmeza las ideas marxistas desde las filas del periodismo y promover una Reforma Universitaria en América Latina. Llega a 1925 con la creación de una de sus más importantes obras junto a Carlos Baliño: El Primer Partido Comunista de Cuba, organización de avanzada revolucionaria llamada conducir la lucha del Movimiento Obrero Cubano y promover las ideas socialistas.

Desplegó una indiscutible labor como luchador revolucionario, comunista y antiimperialista, forjando un continuo movimiento en reuniones, mítines, tribunas, y escritos, a lo que se unió la audacia desplegada para enfrentar la persecución, el acoso y la cárcel, acciones que le valieron para alcanzar un inestimable prestigio entre la más avanzada ornada de jóvenes de pensamiento avanzado y acción en la época.

Encarcelado injustamente por ser acusado de poner una bomba el teatro Payret, realiza una memorable huelga de hambre de 19 días hasta ser liberado bajo fianza. Por sus ideas revolucionarias, su apuesta y firme postura en la defensa de su pensamiento, y el enfrentamiento a los corruptos gobiernos de turno, en especial al de Gerardo Machado, tuvo que partir a México y desde allí continuar su lucha por Latinoamérica y Cuba, porque Mella no era solo un líder cubano sino también continental.

Fue ese hermano país que siempre lo acogió como un hijo y le proporcionó muchas alegrías y también tristezas, en el que se mostró con su sombrero similar al de Sandino, con sus brazos cruzados como llevando a la par la historia y el tiempo, Exiliado allí, crea la Asociación de Nuevos Emigrados Revolucionarios Cubanos (ANERC), asiste en 1927 al Congreso contra la Opresión Colonial en Bruselas, Bélgica, y posteriormente visita la Unión Soviética como delegado al IV Congreso de la Internacional Sindical. Su intensa labor revolucionaria le llevó también a ser miembro del Comité Central del Partido Comunista Mexicano y colaborador de su periódico El Machete, que fue otra trinchera para la divulgación de las ideas revolucionarias.

Pero la noche del 10 de enero de 1929, hace 94 años Julio Antonio Mella Mc Partland, caminaba por una calle de la ciudad de México acompañado por su adorada Tina Modotti, cuando los sicarios del Dictador Machado lo liquidaron a balazos, por la espalda como él había vaticinado antes de salir de Cuba: “No le tengo ni un ápice de miedo a la muerte, lo único que siento es que me van a asesinar por la espalda”. Así se segaba la vida del valeroso Mella con solo 25 años, por  manos criminales que en la oscuridad de la noche lo ultimaran a quemarropa.

Como muy sentidas palabras se manifestó Tina Modotti: “En la persona de Mella asesinaron no solo al enemigo del dictador cubano, sino al enemigo de todas las dictaduras. Machado, una caricatura de Benito Mussolini, ha cometido un nuevo crimen, pero hay muertos que hacen temblar a sus asesinos y cuya muerte representa, para aquellos, el mismo peligro como su vida de combatientes. […] Esta noche, un mes después del cobarde asesinato, honramos la memoria de Mella prometiendo seguir su camino hasta lograr la victoria de todos los explotados de la tierra. De esta manera lo recordamos como él lo hubiera preferido: no llorando, sino luchando”.

Fidel, al valorar el crimen que privó a Cuba de esa luz revolucionaria que fue Mella, uno de sus grandes pensadores y promotores revolucionarios, afirmó en 1975: “El imperialismo yanqui, la oligarquía y la tiranía machadista no pararon hasta instrumentar la conjura que culminó en el cobarde asesinato. (…) Julio Antonio Mella fue el que hizo más en menos tiempo”.

Así pasó a la inmortalidad Julio Antonio Mella, como el hombre esbelto y amante de los deportes, el fecundo intelectual, poeta y enamorado; el que aseguró que todo tiempo futuro tenía que ser mejor, y para ello se entregó en cuerpo y alma con Martí como paradigma, para cambiar la situación que vivía el pueblo cubano, con su prédica y acción a los gobiernos corruptos y al imperio hasta el último aliento de su vida el 19 de enero de 1929 cuando fue vilmente asesinado.


Por: Sergio Rivero Carrasco

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