julio 14, 2024 ¿Quienes somos?

Maceo y Che, su huella infinita

Dos insignes hombres, amorosos, intrépidos, desafiantes, amantes de la justicia y del cabal cumplimiento del deber; dos patriotas que enaltecieron el internacionalismo, la lucha por una Latinoamérica mejor y por Cuba, este pedazo de tierra que hizo palpitar sus corazones y reverenciar su incondicional entrega.

Ellos son Antonio Maceo Grajales y Ernesto Guevara de la Serna, sencillamente Maceo y Ché para los cubanos, para los que los aman e incluyen entre sus principales paradigmas de vida para enaltecer las suyas, y poseer una unidad de medida para otros que también han hecho del honor y la hidalguía causa común.

El tiempo acerca las fronteras y la historia se encarga de hilvanarlas con su devenir cotidiano. Nada de asombros con las coincidencias. Hay hechos, pensamientos y acciones, que sin proponérselo, hermana a hombres distantes en origen, aunque similares en los principios, como ha sucedido con los inmortales “Titán de Bronce” y el “Guerrillero Heroico”. Solo los epítetos resultan enaltecedores, crecidos ambos por su pensamiento y ejemplar hoja de servicio en bien de la causa de nuestros pueblos.

Sobresale en ellos que fueron jefes de columnas invasoras desde Oriente hacia Occidente, los dos muy brillantes, tanto en el accionar militar como en sus concepciones teóricas, la presencia de ambos en importantes momentos de muchos países, subrayando en sus ideas la necesaria unidad latinoamericana y caribeña frente al naciente y muy agresivo imperialismo norteamericano que ponía su ojo hacia el Sur, y afilaba sus garras para caer “como una fuerza más sobre nuestros pueblos de América”, tal como preconizaba Martí en su carta inconclusa a Manuel Mercado.

Y como afirmaba el Titán de Bronce con  su altura y firmeza: “La libertad se conquista con el filo del machete, no se pide; mendigar derechos es propio de cobardes incapaces de ejercitarlos. Tampoco espero nada de los americanos; todo debemos fiarlo a nuestros esfuerzos; mejor es subir o caer sin su ayuda que contraer deudas de gratitud con un vecino tan poderoso”.

Guerrero tenaz, se dice que Maceo intervino en más de 600 acciones bélicas, entre las que se cuentan alrededor de 200 combates de gran significado. Su cuerpo estaba marcado por 26 cicatrices de guerra, de las cuales recibió 21 en la Guerra de los Diez años (1868-1878). Muy preclaro estuvo siempre, sobre todo en su decisiva advertencia al enemigo: “quien intente apropiarse de Cuba recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha”, demostrativa de su voluntad de luchar incansablemente hasta la victoria definitiva.

En carga a caballo frente al enemigo atrincherado en los potreros de El Cacahual muere el Mayor General Antonio Maceo Grajales muy joven, a los 51 años de edad, en plena madurez de su acción y pensamiento, de quién dijo el General Calixto García: “…pierdo al más ilustre y al más bravo de mis amigos y pierde en fin el ejército libertador a la figura más excelsa de la Revolución”.

Del Che, aún quedan muchas cosas sin referenciar sobre su desempeño en la Revolución como ministro de Industrias, fundador de la agencia noticiosa Prensa Latina, Presidente del Banco Nacional de Cuba, de sus misiones diplomáticas, hasta el intento guerrillero por ayudar a los pueblos de África y de su lucha en Bolivia; pero nadie mejor él ha sido capaz de definir esos momentos como cuando en la carta de despedida a Fidel escribió:

“Otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos. Yo puedo hacer lo que te está negado por tu responsabilidad al frente de Cuba y llegó la hora de separarnos. Sépase que lo hago con una mezcla de alegría y dolor, aquí dejo lo más puro de mis esperanzas de constructor y lo más querido entre mis seres queridos (...) y dejo un pueblo que me admitió como un hijo; eso lacera una parte de mi espíritu. En los nuevos campos de batalla llevaré la fe que me inculcaste, el espíritu revolucionario de mi pueblo, la sensación de cumplir con el más sagrado de los deberes; luchar contra el imperialismo dondequiera que esté; esto reconforta y cura con creces cualquier desgarradura”.

Ambos revolucionarios murieron combatiendo, heridos de balas, con múltiples impactos en el cuerpo y una moral tan alta que dan luz y vida. Murieron de cara al Sol como quería Martí, haciendo de sus ideales la razón de su profundo accionar y el acto más hermoso de la existencia. “¡Dispare, que aquí hay un hombre!”, le interpeló casi sin fuerzas el Che al alcoholizado soldado que tenía la misión de ejecutarlo cuando solo contaba con 39 años, con la misma fuerza, con la misma autoridad que siempre tuvo como Jefe.

Al referirse a ellos Fidel expresó: “General Antonio Maceo, los cubanos de hoy, educados en tu inmortal ejemplo, habrían compartido contigo el honor de estar junto a ti el día glorioso que le respondiste al representante del poder colonial español: ‘No queremos paz sin independencia’ (…) ‘Che, hermano entrañable: a todos tus compañeros de lucha nos hubiera gustado combatir junto a ti en la Quebrada del Yuro y luchar por la liberación de América’”. Y es que ambos hombres constituyen paradigmas del pueblo revolucionario cubano y del mundo, ejemplos a seguir en cualquier circunstancia, más allá de las coincidencias históricas de que el 14 de junio marca en el calendario un agraciado día luz.

Dos Grandes de la Historia Americana: Antonio Maceo y Ernesto Che Guevara


Por: Sergio I. Rivero Carrasco

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