enero 30, 2023

Manuel Ascunce Domenech: ¡Yo soy el maestro!

En este día se impone el recuerdo y el homenaje a los mártires, a un joven alfabetizador que su único “delito” fue enseñar a leer y a escribir a su alumno, también asesinado por las bandas contrarrevolucionarias ordenadas por el terrorismo yanqui para destruir la naciente Revolución cubana y borrar el ejemplo que irradiaba al acabar con la ignorancia a sus hijos.

La Campaña de Alfabetización fue el primer hecho cultural y profundamente humano desarrollado por la naciente Revolución cubana con muchos detractores y mercenarios foráneos y nacionales al servicio de Estados Unidos, que hicieron cuánto les fue posible por impedir que ella tuviera el éxito que se habían propuesto y que más de un millón de cubanos por primera vez, vieran la luz de la enseñanza derrotando al analfabetismo y la ignorancia.

Fue en esa contienda que al llamado de Fidel,  unos 100 mil jóvenes  e incluso adolescentes, dijeron presente y se incorporaron como brigadistas en diferentes regiones montañosas apartadas del país, ciudades y  poblados, para brindar el pan de la enseñanza sobre todo a las familias campesinas que constituían la mayoría, desfavorecidas siempre por los gobiernos de turno de la República Neocolonial, a los que nunca les interesó promover ese bien entre ellos y solo fomentaron el maltrato, el desalojo y los asesinatos.

Foto: Tomada de la red

Fue así que el joven villaclareño Manuel Ascunce Domenech, con solo 16 años se incorpora a la campaña, después de presionar a sus padres, lógicamente preocupados por su corta edad e inexperiencia, pero conscientes de la necesidad de la tarea que le correspondería cumplir en esa difícil y convulsa etapa después del triunfo le dan el autorizo, y no vaciló en separarse de su hogar para marchar a donde fuera necesario, cumpliendo con ese deseo el 23 de marzo de 1961.

Se explica por sus biógrafos, que primero fue designado a Limones de Cantero en el municipio Trinidad y al enfermarse tuvo que viajar a La Habana. Más tarde se reincorpora y llega a la casa de Pedro Lantigua y Mariana de la Viña ubicada en la finca “Palmarito” en el barrio de Río Ay, también en Limones de Cantero en el mismo municipio, una zona cafetalera de difícil acceso, que había sido intervenida unos meses antes, con una actividad contrarrevolucionaria muy fuerte en la zona.

Era esa una época muy difícil porque las bandas contrarrevolucionarias que operaban en esos lares financiadas por el imperialismo y sus lacayos, carecían de escrúpulos y consideración al ser humano y asesinaban, quemaban viviendas y cañaverales e impedían a cualquier costo el avance de la Revolución naciente, motivo por el cual se orientó evacuar a los brigadistas que se desempeñaban como maestros en esos lugares, pero ninguno la abandonó, todos se mantuvieron firmes a pesar del peligro.

Entre esos brigadistas “Conrado Benítez” se encontraba Manuel Ascunce Domenech, fue uno de los que se negó insistiendo en mantenerse en su puesto acompañando a su alumno el campesino Pedro Lantigua, a quien había considerado como otro padre, por lo que siempre estuvo a su lado en  la defensa y custodia de la casa, de la familia, y los intereses de la Revolución.

El almanaque marcaba el doloroso domingo 26 de noviembre de 1961 cuando en horas de la tarde, en momentos en que Mariana, la esposa de Lantigua, repartía el acostumbrado café en la casa, fueron sorprendidos por los bandidos vestidos de milicianos, y aunque ella quiso hacer pasar a Manuel como uno de sus hijos, a una pregunta de los maleantes de quién era el maestro, Ascunce respondió fuertemente: “¡Yo soy el maestro!”. Esa respuesta fue suficiente para que cayeran sobre él con brutal fuerza de la manera más cobarde arrastrándolo hasta un árbol junto a Pedro Lantigua donde fueron ahorcados con alambre de la manera más brutal y sanguinaria que se haya conocido.

Foto: Tomada de la red.

Ese árbol de dolor y luz encendida dio sus frutos, multiplicados con una gran victoria al declarar a Cuba “Territorio Libre de Analfabetismo”; a poco menos de un mes del hecho, fueron multiplicados esos 100 mil brigadistas “Conrado Benítez” en millones de maestros que integraron desde 1972, también muy jóvenes, el Destacamento Pedagógico “Manuel Ascunce Domenech” como respuesta a la explosión de jóvenes de secundaria básica por esos años que se formaron básicamente en el plan de escuelas en el campo, del cual la Isla de la Juventud fue un ejemplar laboratorio; también vio la luz el Destacamento Pedagógico “Che Guevara” para la educación internacionalista en el continente africano, unido a otros muchos de orgullosos docentes que han encendido y encienden cada día las luces del saber con la convicción de ser como “el Maestro”.

Dolores Ascunce (entrevista)


Texto: Sergio I. Rivero Carrasco

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