abril 14, 2024 ¿Quienes somos?

Todos los días son Baraguá

La Revolución había perdido mucho vigor, pero Maceo se sobrepone por encima de todos y proclama su posición irrevocable de combatir; su conducta ejemplar arrastra a jefes, oficiales y soldados, reanima el patriotismo y la entrega a la causa patria.

El general Maceo presentó a sus acompañantes, y de inmediato comunicó a Martínez Campos, que no estaban de acuerdo con el pacto firmado, ya que con el mismo no se lograba la independencia de Cuba, ni la abolición de la esclavitud; a lo que seguidamente Martínez Campos replicó:

“Pero es que ustedes no conocen las bases del convenio del Zanjón”. Sí —interrumpió Maceo— “y porque las conocemos es que no estamos de acuerdo”. No obstante, Martínez Campos trató de leer el documento, pero Maceo no se lo permitió al plantearle: “Guarde usted ese documento, que no queremos saber de él”

Como resultado de la conferencia, se acordó que volverían a romperse las hostilidades y se estableció para ello un plazo de ocho días con el fin de que las tropas ocuparan los territorios designados. El capitán de Cambate Fulgencio Duarte, que había presenciado la entrevista, exclamó: “¡Muchachos, el 23 se rompe el corojo!”.

Martínez Campos, quien había ido a Baraguá confiado en la facilidad de un arreglo pronosticado por sus confidentes, se retiró moralmente derrotado ante la actitud resuelta y serena de Maceo, líder del pueblo y de la Revolución, dispuesto a seguir luchando hasta vencer o morir. Una vez terminada la histórica entrevista, los participantes, en representación del pueblo cubano elaboraron y aprobaron una breve constitución y formaron el Gobierno provisional de Oriente, para continuar la lucha por la independencia de Cuba.

A pesar de lo sucedido hasta aquí, la revolución estaba herida de muerte después de Baraguá a causa del regionalismo, las indisciplinas y los intereses personales, elementos que sembraron discordias y desalientos en los protagonistas de aquella guerra que, convocada por las figuras más progresistas y radicales de la burguesía criolla, fue abrazada por las capas más humildes de la población, entre ellas la esclava.

Aun cuando las circunstancias resultaron adversas para mantener la lucha en el territorio oriental, según lo pensado por Antonio Maceo, la protesta encabezada por él revistió un gran significado, porque constituyó una expresión acabada del espíritu revolucionario de los cubanos, demostró que los jefes, oficiales y soldados que sobre sus hombros habían llevado el peso y las penurias de aquella guerra, no estaban dispuestos a renunciar.

La heroica actitud asumida por Maceo y la tropa bajo su mando, ante el vergonzoso acto protagonizado por quienes se abrogaron el derecho inconsulto de deponer las armas, adquiere mayor dimensión cuando fue precisamente aquella protesta la que se encargó de demostrar al general Arsenio Martínez de Campos, jefe español participante en el Zanjón, y al mundo, que los firmantes del pacto nunca representarían los intereses y posiciones de la generalidad, porque numerosos libertadores no renunciaban a sus ideales y, por lo tanto, no rendían las armas si con ello no obtenían, como condición mínima, el cese del infamante régimen esclavista.

Trascendental, también por la firmeza de sus planteamientos que consolidaron los principios y la razón de la lucha del pueblo cubano con una ética independentista en momentos de profunda crisis moral, a la vez que reafirmó los objetivos básicos de la rebeldía nacional: la independencia de Cuba y la libertad de los esclavos

La Protesta de Baraguá constituye un valioso legado a las generaciones para que puedan proclamar con orgullo que, desde el primer empeño, los revolucionarios cubanos jamás han sido vencidos ni derrotados, acerca de lo cual Fidel expresó:

 “(...) con la Protesta de Baraguá llegó a su punto más alto, llegó a su clímax, llegó a su cumbre el espíritu patriótico de nuestro pueblo; y que las banderas de la patria y de la revolución, de la verdadera revolución, con independencia y con justicia social, fueron colocados en su sitial más alto.”


Por: Sergio I. Rivero Carrasco


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