
Natural de Santiago de Cuba, Mora llegó a la Isla de la Juventud en 1962 con apenas 12 años. Hoy, con 76, su vida profesional es un testimonio vivo de su dedicación, disciplina y amor inquebrantable por la enfermería. Más de cuatro décadas entregadas al cuidado del paciente, la prevención y la formación de nuevas generaciones.
Licenciada en Enfermería General y especializada en Materno-infantil, su sólida formación académica fue el cimiento de una carrera constante y de su vocación inagotable al servicio de los pineros en el Hospital General Docente Héroes del Baire. Allí dejó huella no solo en cuidados intensivos, también en procedimientos ginecológicos, en consultas de cardiología y proctología, trabajando codo a codo con galenos de la talla de Reinaldo Granodal y Mena.
Más adelante, dedicó 25 años a la consulta de Patología del Cuello Uterino, colaborando con especialistas de reconocido prestigio como Horrín, Aníbal, Félix y el Dr. C Biomedicas Henry Luis Dávila, quien es también el actual decano de la Facultad de Ciencias Médicas en el municipio especial, lo que demuestra cómo su trabajo ha acompañado el crecimiento de la medicina cubana.
En esta última etapa, Mora se consolidó como un pilar fundamental en el programa de detección precoz del cáncer cervicouterino, movida por la profunda convicción de que su labor podía salvar vidas.
Su quehacer diario fusionó la técnica impecable con una sensibilidad y un acompañamiento humanos que marcaron la diferencia en la vida de cientos de mujeres.
Ella misma resume su labor con una frase que la define con amor:»Mi profesión es mi vida. Doy todo lo que está en mis manos para que las pacientes se sientan bien.»
Aunque alcanzó la edad de jubilación a los 60 años, la pasión por su oficio la impulsó a reincorporarse a la consulta. Tiempo después, problemas de salud la obligaron a hacer una pausa en su actividad clínica. Tras un año desvinculada, su mayor anhelo es recuperarse para retornar, transmitir sus conocimientos a los estudiantes y seguir aportando su sabiduría y vasta experiencia a la atención médica.
Innumerables son las muestras de afecto de pacientes y familiares, reflejo de una vida íntegra. Moraima se ha ganado el corazón de la comunidad por su trato respetuoso, profesionalismo y constancia.
Su figura encarna a la perfección la fortaleza de la mujer: capaz de sostener con humildad y firmeza la salud del pueblo, el bienestar de su familia y el prestigio de tan noble profesión en la patria.
Texto y foto: Ana Verdecia Vazquez
