Amada Rodríguez Domínguez: Una vida dedicada al magisterio

21 de julio de 2026
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A los 67 años, Amada Rodríguez Domínguez, natural de Santiago de Cuba, es reconocida como una de las figuras más emblemáticas de la enseñanza en la Isla de la Juventud. Desde muy pequeña se trasladó a La Habana junto a una tía, y más tarde llegó a la Isla, donde cursó estudios en el la ESBEC “14 de Junio”. Allí, siendo estudiante de 10 mo. grado, asumió la presidencia de la FEEM, demostrando desde temprano su liderazgo y compromiso. Respondió al llamado especial del Destacamento Pedagógico Manuel Ascunce Domenech y formó parte del 4to contingente en la especialidad de Español y Literatura. Aunque al inicio no sentía vocación, la responsabilidad de enseñar a estudiantes de 12mo grado, siendo ella tan joven, fue despertando poco a poco un profundo amor por el magisterio.

Sus primeras prácticas las realizó en la escuela Clara Zetkin, y en 1980 egresó como licenciada, ocupando de inmediato la plaza de jefa de departamento en el IPUEC José Carlos Mariátegui, donde permaneció cerca de 20 años. Actualmente continúa ejerciendo en el preuniversitario Celia Sánchez Manduley. “Amadita”, como cariñosamente la llaman, ha contribuido en la formación de generaciones, de las que emergieron destacados médicos, enfermeros, abogados y profesionales de diversas áreas del saber.

Tras su jubilación, decidió volver a las aulas para continuar sembrando conocimiento, convencida de que enseñar no es solo una profesión, sino un acto de noble entrega y de amor que se perpetúa en cada vida que toca.Su trayectoria ha sido reconocida con el Premio Tiza de Oro, la distinción Maestro por la Patria, el Premio del Ministro al Mejor Cuadro, además de múltiples condecoraciones.

Ha transitado por todos los grados del preuniversitario y preparado a innumerables jóvenes para las pruebas de ingreso a la Universidad. Para ella, el mayor regocijo es mantener una relación cercana con sus estudiantes y familias, y sentir el agradecimiento sincero cada vez que se reencuentra con quienes un día fueron sus alumnos.

Comenzó a los 18 años y hoy, con 67, sigue siendo ejemplo de entrega y pasión por la enseñanza. Su historia es el testimonio vivo de que la educación, cuando se ejerce con amor, se convierte en un legado eterno.


Texto y foto Ana Verdecia

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