julio 17, 2024 ¿Quienes somos?

Guillama, un poeta y cantor rellollo (II)

El espíritu inquieto del poeta y repentista Mario Lorenzo Guillama y Pérez, hizo que desde 1948 y hasta 1969 se mantuvo vinculado a varias emisoras de la capital, donde tuvo el privilegio de alternar con Celina González, Ramón Veloz, Chanito Isidron y otros grandes de la música guajira y la décima improvisada.

En 1960 trabajaba aún en la Pepsi Cola y en la radio porque eso de ser artista no daba para mucho.

Vinieron los cambios y había que estudiar. Terminó el sexto grado y decidió que ya estaba muy viejo para ir a la escuela. Eso sí, siguió leyendo como antes, estudiando la historia y los secretos del verso y las tonadas. Fue un verdadero autodidacta. Ya trabajando en el Ministerio de Cultura, llega a la Isla en 1969 para organizar el movimiento de artistas aficionados. Fue un trabajo arduo que dio frutos. Pero Radio Caribe estaba muy cerca, como una tentación al alcance de la mano que no dudó en tomar. Allí perfeccionó sus técnicas de locución, sus dotes de escritor y su conocimiento de la música campesina.

Se hizo director de programas, viajó al extranjero con delegaciones artísticas y escribió el libro Oda a la Décima Guajira, publicado en España. Desde 1995 y hasta su muerte en 2000, alternó labores en Radio Caribe, Radio Taíno y dirigió La Parranda de Campo Alegre en Radio Rebelde.

Pero mucho más allá de su impronta como poeta, su vida estuvo salpicada de incontables anécdotas picantes: tuvo más aventuras que décimas escritas, amaba la comida fría. Decía que caliente solo le gustaban el café y las mujeres. En más de una decena de guateques, se le juntaron dos y hasta tres féminas, teniendo que escurrirse sin que lo notaran. Aunque hizo televisión mucha veces en Palmas y Cañas o en el desaparecido programa Meridiano en TV, su pasión fue la radio. Hablaba de ella con tal pasión que la contagiaba. Era conversador con naturaleza y cuando salía a la calle demoraba horas en llegar a su destino, aunque la distancia fuera de sólo unas cuadras porque todos lo conocían y él los conocía a todos, por tanto, la conversación estaba servida.

Aunque ya superaba los 70, sus dotes de don Juan no habían mermado y no hubo municipio en que no tuviera una conquista más o menos materializada y con visos de formalidad. Tanto fue así que poco después de su fallecimiento, pasaron por las oficinas de hoy INASS, cuatro "viudas" reclamando su derecho a heredar la chequera. Y termino este escrito a la memoria de ese tío que sembró en mí la pasión por la radio con una de las últimas décimas escritas por él:

“Cuando la policromia

exhibió sus nuevas galas

y el sol, corcel que con alas, 

del campo se despedía,

cantaban al irse el día

la codorniz y el sinsonte

y en lo más alto del monte,

variadas como las rosas,

millares de mariposas

sus colores difundían.


Por: Linet Gordillo Guillama

Foto: Archivo personal

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