Martí y la ética revolucionaria

En los albores de su juventud, José Martí alzó su voz por primera vez en la prensa cubana a través del periódico satírico El Diablo Cojuelo. Con apenas 15 años, su pluma ya mostraba el temple de un pensador crítico, un patriota y un defensor de la verdad.
En ese primer artículo, Martí denunció con aguda ironía la falsa libertad de prensa proclamada por el régimen colonial. Su mensaje era claro: “La palabra no es para encubrir la verdad, sino para decirla.” Para él, la palabra debía ser instrumento de justicia, no de complacencia. Aquel gesto marcó el inicio de una vida dedicada a la lucha por la dignidad humana, la independencia de Cuba y la formación ética de los pueblos.
Martí nos legó también una definición de libertad que sigue retumbando en el alma cubana: “Libertad es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía”. En tiempos donde la verdad incómoda a muchos, su voz sigue siendo faro.
Fidel Castro, heredero de ese pensamiento ético, afirmaría décadas después: “Nosotros vivimos en función de nuestros ideales y de nuestros principios, de nuestra ética. Esa ha sido nuestra vida”. Esta ética revolucionaria, nutrida por Martí, se convirtió en escudo moral de la Revolución Cubana, y en compromiso inquebrantable con la verdad, la honradez y la justicia social.
El Diablo Cojuelo no fue solo un periódico: fue el escenario donde nació públicamente el ideario martiano. Desde entonces, Martí no dejó de fundar, de enseñar, de inspirar. Su pensamiento sigue siendo brújula en tiempos de incertidumbre.
Hoy, evocamos ese primer acto de rebeldía intelectual como símbolo de lo que representa Martí: una voz que trasciende el tiempo, que incomoda al poder hegemónico, y que abraza la verdad como principio innegociable.
Ref./ Lectura recomendada: Portal José Martí – El Diablo Cojuelo
Texto: Ana Verdecia
Imagen: RMCG
