junio 20, 2024 ¿Quienes somos?

Redes que enredan I

“Tenemos que distinguirnos por una internet
con todos y para el bien de todos”.

Miguel Díaz-Canel

¿Nunca ha tenido la sensación mientras duerme que ha caído en el centro de una madeja de hilos que lo oprimen le impiden salir de ella? Es un poco la sensación imaginaria que se puede sentir cuando accedemos a ciegas a las redes sociales, en las que nunca estás solo y te rodean muchos amigos, pero también enemigos, críticos, cultores; otros anónimos que estimulan, cuestionan, proponen, ofenden, enredan… y en ocasiones también hasta somos objeto del bullyng, memes y las fake news, ya tan populares que a veces las confundimos y las damos por verdades.

Esa es la realidad de las redes sociales hoy. Es posible que su origen nada tuviera que ver con ello, sino que se crearon como espacios para socializar, ampliar las relaciones interpersonales y entre ciudadanos de muchos países en un entramado universal creativo, educativo, provechoso, adecuado, productivo y universalisalizador de la cultura.

Lo que sí está muy claro hoy día, es que resulta imposible entender cualquier fenómeno social sin tener en cuenta la relación que este tiene con el desarrollo tecnológico y comunicativo alcanzado en la actualidad, porque ello ha revolucionado los modos de interactuar entre los sujetos. La tecnología encierra en sí misma una doble condición: la posibilidad de ser determinada por la sociedad y al mismo tiempo determinarla. De manera que en ella se evidencian los valores, principios, identidades, perspectivas de quienes la crean, mientras que puede generar en la sociedad valores, principios, identidades, perspectivas y con ello estilos de comportamientos como los ya expresados.

De lo que se trata entonces es de devolverle a la tecnología la fuerte carga asociada a los sentidos, a la ética del comportamiento humano en el uso de la red y la apropiación que las personas hacemos de ella, más allá de lo cuantificable o medible en términos económicos, productivos, financieros o sociales, porque la responsabilidad individual y la conciencia que se tenga de ella, determinará en gran medida la asunción de las personas al conocimiento del uso tecnológico y a la vez decodificar conscientemente los mensajes que circulan en ella para alcanzar la transparencia en las nuevas relaciones sociales que se establecen en el ámbito virtual como extensión de las creadas en la vida real desde antaño y que han marcado la existencia de la sociedad desde sus orígenes.

El propio proceso de socialización online dinamiza la interrelación con los otros usuarios de la red y se conforman entonces vínculos interpersonales e intergrupales, donde, las expresiones se dan mediante la unidad entre los rasgos técnicos y culturales que brindan las plataformas de comunicación hipermedia empleadas por los usuarios que se encuentran en el ciberespacio.

Debemos tener en cuenta la importancia de la participación, porque en ese espacio virtual las personas se erigen no solo como sujetos de derechos, sino también como actores generadores y regeneradores de la convivencia social y sus condicionantes, es decir, en un proceso que se reproduce y expande tanto en la institucionalidad estatal como en los espacios individuales. En este proceso se produce la visibilidad mundial distingue también las maneras de participación política que se asumen en el espacio online, las que no solo generan una opinión pública nacional, sino que, como sucede hoy,  internacionalizan la opinión pública que se tiene de un proceso político, de un país, de un líder político o de las relaciones bilaterales y multilaterales que se dan entre los países.

Este hecho genera, de manera inevitable, una imagen país que, construida desde la participación de las personas en sus redes sociales, gana en valor; precisamente, por ser ellas quienes, desde su rol de usuarios de la red, construyen y proyectan la imagen a partir de la voluntad de lograr una participación política. Se erigen así, las redes sociales como espacios de socialización política y como medios alternativos que democratizan las imágenes de los países, generalmente impuestas por el orden hegemónico mundial, debido al poder que tienen sobre los grandes monopolios de las comunicaciones.

Tomemos como ejemplo a Cuba, en la que una de las redes sociales más aceptadas por la población es Facebook, creada en el 2004, y en ella confluyen las herramientas más usadas por los usuarios de Internet, de ahí se puede explicar su popularidad a pesar de coexistir con otras redes, pero su dinamismo convierte a Facebook en un poderoso medio de difusión de contenidos e información que facilita la creación de identidades en la web y la legitimación de ellas a partir de la interacción entre los usuarios.

No es menos cierto que en la actualidad del uso de Internet y las redes sociales se han tornado casi imprescindibles y aportan disímiles valores al conocimiento y avance tecnológico e innovación como pilares del desarrollo de la sociedad cubana, pero también traen consigo riesgos de los cuales Cuba no escapa. El ciberterrorismo, los cibercrímenes, el ciberespionaje, son algunos de los temas frecuentes a enfrentar en el espacio online y las maneras de manifestarse son diversas como el uso de softwares maliciosos destinados a perturbar al usuario y a su equipo con virus que pueden alterar desde el uso de las máquinas hasta causar la pérdida de la información. Generalmente, este tipo de ciberdelitos van acompañados de extorsión, pues los atacantes piden rescate a cambio de liberar el sistema.

Otro de los problemas es la suplantación de identidad, que consiste en el robo de los datos personales de un usuario para darle un fin ilícito y puede ser usado por diferentes causas y de diversas maneras, como mediante la apropiación ilegal de la contraseña de un correo electrónico, de una red social, datos de tarjetas bancarias, y sus consecuencias pueden ir desde la difusión de una información falsa, el bullyng, y hasta el fraude bancario del que muchas personas han sido víctimas.

De ahí, que la educación a la población resulte sumamente muy importante, y para llevar adelante la cibereducación Cuba realiza varios programas educativos en las escuelas, en los centros de trabajo, en los medios de prensa y con mayor amplitud en la televisión, que ilustran los riesgos existentes y aportan los modos de actuación adecuados, con el objetivo de lograr una población preparada para defenderse y defender al país de los delitos online.

En relación con nuestro país, los delitos, generalmente, siguen una marcada línea de acción organizada desde EE.UU. y tienen como objetivo fundamental eliminar a la Revolución Cubana. Por ello un elemento clave al cual han apostado es a la construcción y proyección de una imagen país que evidencie la ruptura entre la máxima dirección del Estado cubano y el pueblo, así como promover una imagen de decadencia y la desesperanza del pueblo por políticas supuestamente desacertadas que toma la máxima dirección del país.

En este sentido el uso de las redes sociales por parte de estos enemigos de Cuba ha sido fundamental y tiene una doble función: por una parte, internacionalizar la imagen Cuba construida por EE.UU. y crear una mala opinión pública que justifica la existencia de su genocida política del bloqueo financiero, económico y comercial impuesto a la Isla por más de seis décadas y desoído por el Gobierno yanqui las 31 ocasión que el mundo ha votado en favor de su eliminación en la ONU.

Otro modus operandi descansa en el establecimiento de contactos directos con parte de la población cubana para, al apoyarse en las necesidades del pueblo, ejercer influencia de manera directa en campañas comunicacionales, donde los individuos actúen en la dirección señalada por sus organizadores, dando credibilidad de que siguen sus propias razones.

Hoy apuestan por una nueva figura que nace en las redes sociales, los influencers, ya que su presencia en el mundo online es fuerte e insisten en el marcado interés de empoderar a sectores de cubanos como voces antisistema. Esta política indudablemente, coadyuva a la guerra mediática existente de la cual forman parte las fake news, los constantes descréditos a la profesionalidad de los médicos cubanos, o la proyección de imágenes de grandes colas que muestran el desabastecimiento en el país, así como la omisión de logros en el protocolo implementado por Cuba mediante el cual controló la pandemia de la Covid-19 con el talento y la entrega de sus científicos.

En los tiempos que corren, debemos estar alertas, abiertos a la comprensión e identificación de cada uno de los mensajes que arriban a nuestros muros personales o circulan en la red, porque no podemos tener conductas ingenuas ante las fake news, o súper sensibles ante las descripciones discriminatorias, incriminantes o desmoralizadoras a nuestros principales dirigentes, a la obra de la Revolución o nuestro futuro; debemos estar conscientes de que hoy se ha producido una trasferencia de lo informativo a lo emocional, y en buena medida, es utilizada para activar resortes de molestia que se deriven en desconfianza hacia todo lo que provenga de las directivas políticas indeseadas por los centros de poder hegemónico. En el caso de Cuba, persigue fomentar la desconfianza hacia la dirección política del país.

Internet, y sobre todo las redes sociales, se han convertido en un verdadero campo de batalla en el que se apuesta todo contra Cuba, con suficientes ejemplos aportados cuando en julio del 2021, en el mayor auge de la pandemia en Cuba, apostaron por aplicar métodos de la guerra de cuarta generación y a través de la etiqueta “#SosCuba” pretendieron subvertir el país y levantar al pueblo contra el gobierno, denunciado una y otra vez por personalidades del gobierno cubano y analistas internacionales; pero ese es un tema para otro comentario por su alta importancia en la agresión a la Seguridad Nacional de Cuba.

Ahora, más que siempre, se evidencia y se reconoce, de forma abierta e impune el financiamiento que el Gobierno de los Estados Unidos le dedica a su política de comunicación contra Cuba, donde Internet y las redes sociales constituyen espacios de penetración gradual y constante, para generar efectos subjetivos en los individuos construyendo, según algunos autores, una especie de “farándula y campo de batalla virtual” en la que veamos a los mercenarios al servicio de la estrategia del imperio contra Cuba, como nuestros “amigos de Facebook”, No podemos ser ingenuos “las redes no nos pueden enredar”.

Rechaza Díaz-Canel manipulación en redes sociales y medios de comunicación sobre Cuba

Ref. “El uso de Internet y las redes sociales en la realidad contemporánea cubana”, de Jasely Fernández Garrido.


Por Sergio I. Rivero Carrasco

Comentario en "Redes que enredan I"

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