abril 25, 2024 ¿Quienes somos?

Camilo, de carne y hueso

Ya se ha hecho trasciende rendir homenaje y reconocimiento eterno al hombre sencillo y llano surgido del pueblo, el Comandante Camilo Cienfuegos, siempre con su amplia sonrisa, el rostro noble y la disciplina férrea. No importa que sea en ocasión de su natalicio, un seis de febrero como hoy, pero de 1932 hace ya 92 años; o sencillamente el amplio despliegue del pueblo para brindarle el tributo eterno cada 28 de octubre cuando le entregamos las flores en arroyos, ríos, presas, o el ancho y abierto mar caribeño que baña nuestras costas.

Para los cubanos Camilo es mucho más que eso: un héroe que conocimos de carne y hueso, y como ser humano y guerrillero íntegro al decir de Fidel y del Che, que se entregó a la lucha por la liberación y una vez alcanzado el triunfo, en su primer año de vida en Revolución acompañó incondicionalmente al líder, que según el mismo expresó “no le iba en contra ni en la pelota,” a Fidel, cumpliendo grandes tareas que con total devoción y altruismo.

Camilo fue el hombre de pueblo, el sombrero alón, el que compartía su amor por Fidel y el pueblo, y sentía en carne propia cualquier injusticia, siempre dispuesto a enfrentarla. Él es fruto de una familia consolidada con un entrañable amor: Hijo del matrimonio de Ramón Cienfuegos y Emilia Gorriarán, ambos de origen español, tenía un fino sentido del humor que lo llevó a travesuras; primero juveniles, luego guerrilleras. Una de ellas la protagonizó tras interrumpir sus estudios de Escultura en la academia San Alejandro, mientras trabajaba en aquella tienda habanera adonde entró como mozo de limpieza, en sus intentos de prodigarle una mejoría a la economía familiar, logrando después de muchas peripecias el puesto de vendedor.

Por aquella época iniciaba su vinculación a las actividades revolucionarias, en una de las cuales resultaría herido. Fue en el exilio en Nueva York, adonde se marchó tras ser detenido y fichado por los sicarios de Fulgencio Batista, que conoció del proyecto de Fidel para emprender la lucha insurreccional en Cuba.

Fue entonces que viajó a México, pidió unirse al grupo e integraría de último la relación de expedicionarios del yate “Granma”. Entonces ni siquiera sospechaba que recibiría críticas por su comportamiento indisciplinado y muy temperamental al comienzo de la lucha en la Sierra Maestra, pero sería considerado a la postre, por el Che, “el más brillante de los jefes guerrilleros”, “el compañero de cien batallas”, “el hombre de confianza de Fidel”. Su amistad con el Guerrillero quedó sellada en un día de derrota cuando, en la huida, al ser sorprendidos por el enemigo, el Che perdió su mochila y Camilo compartió con él la única lata de leche que tenía.

Camilo siempre fue un hombre de carne y hueso, rebosante de calor humano y fina cubanía, al punto de ser original y un jaranero rellollo lleno de dicharachos al punto de convertir la tristeza y los problemas en sana alegría, llena de optimismo. Como hombre íntegro, también tuvo amores, siendo el de Paquita, la joven enfermera de San Francisco de Paula a quien conocía desde su etapa en El Arte, el más profundo. A ella no le declaró su amor hasta siete meses después del 2 de enero de 1959, cuando se reencontraron. En aquel propio agosto, ajenos a lo que la vida les deparaba,  conversaron y rieron juntos por última vez en la Bodeguita del Medio; habían acordado casarse en diciembre, pero Camilo cayó al mar el 28 de octubre.

Cuando hoy recordamos el natalicio del hombre lleno de amor que fue Camilo, el incondicional a Fidel y a la Revolución, uno de los barbudos más admirados y queridos por el pueblo cubano, sentimos el gozo de contar en el altar sagrado de la Patria con esos hombres de carne y hueso que hicieron la Revolución y constituyen paradigmas de los más altos valores, de humildad y sencillez, de los más profundos sentimientos de patriotismo y entrega incondicional a la felicidad de los cubanos.

NATALICIO DE CAMILO

Fotos: Tomadas de la Red


Por Sergio I. Rivero Carrasco

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