abril 17, 2024 ¿Quienes somos?

Celia nuestra

Hay hombres que luchan un día y son buenos.
Hay otros que luchan un año y son mejores.
Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos.
Pero los hay que luchan toda la vida:
esos son los imprescindibles.”

Bertold Brech

Celia luchó toda la vida, por eso es de las imprescindibles. Hoy cuando se cumplen 44 años de su deceso aquel viernes 11 de enero de 1980, el paso a la inmortalidad fortaleció el preclaro pensamiento, acción y vigencia de la heroína en favor de la justicia, la felicidad y el amor de los cubanos; se dimensionó aún más su contradictoria entereza de mujer frágil físicamente y portentosa fuerza telúrica en su acción.

Cuando se dio a conocer la muy triste noticia del deceso de Celia Sánchez Manduley, bautizada por Armando Hart como “la flor más autóctona de la Revolución”, el pueblo de Cuba derramó dolorosas lágrimas que muchas veces afloran sin proponérselo, solo con mencionar su nombre, por el profundo agradecimiento que le profesa por su extraordinaria obra humana en favor de los más humildes cubanos.

Nuestra Celia fue de pequeña hiperquinética y con una imaginación sin límites que sorprendía, más que todo, por su ternura y apasionada manera de querer con ardor a los demás. Esa simbiosis de intranquilidad y pasión, de ternura y arrojo, la convirtieron con el tiempo, en una de las mujeres más maravillosas de nuestra historia.

Es que no hay obra en la Revolución que pueda silenciar algunos de sus detalles, una pincelada de amor y buen gusto, una muestra de humanismo con devoción a los más necesitados, esos por los que hicieron la Revolución que Fidel pronosticó en su alegato conocido por “La Historia me Absolverá” en el juicio del Moncada, conocido por ella a través de su lectura cuando lo distribuía de forma clandestina.

Por ese tiempo ya Celia había cultivado el honor y la valentía con raíces profundamente renovadoras y llenas de cubanía como genuina guajira manzanillera, que vio en su padre, el médico Manuel, el paradigma de cubano honesto que la adentró en la obra martiana y la condujo hasta el Turquino a llevar el busto del Maestro, sitio al que llegó una y otra vez pero ya vestida de verde olivo compartiendo la causa de Fidel.

Celia se convirtió en la combatiente imprescindible, madrina de los soldados de la tropa y de los cubanos desposeídos; protectora de la historia a través de los documentos, siempre muy al tanto de las indicaciones y decisiones de Fidel y los principales jefes guerrilleros. Fue la aglutinadora y decidida, la de frágil fisionomía y fortaleza en los principios y la disciplina: la inseparable compañera de Fidel que supo mantenerse en la cima de los hechos con total humildad y devoción.

Las mujeres cubanas y todo el pueblo la aman con pasión. Aún quedan los gratos recuerdos de las jóvenes campesinas que bajo su acción, llegaron a La Habana en un humano plan de formación de oficios que nombró “Ana Betancourt”. De ese más de un millar de bisoñas nacieron especialistas de alta costura y otras especialidades que cumplieron el doble propósito de involucrar a la mujer campesina en las principales transformaciones del país, como una fuerza decisiva que significó en lo adelante “una revolución en la Revolución”, caracterizada así por Fidel.

Hoy muchas familias le agradecen la inmediata respuesta de la heroína a su llamado, incontables sitios como el Parque Lenin, el Archivo Histórico del Consejo de Estado y el Palacio de Convenciones de La Habana, florecieron como las propias orquídeas que cultivaba con pasión. Miles de trabajadores y estudiantes llenan las aulas de centros educacionales que honran con su nombre y le rinden tributo elevando con sus resultados en el aprovechamiento docente fruto del quehacer cotidiano como el instituto preuniversitario que lleva su nombre en la Isla de la Juventud.

Justo a sus 60 años de intensa vida no le fue posible ver germinado todo su jardín, aunque tampoco disfrutó un segundo de descanso; se entregó en cuerpo y alma a la Revolución, siempre fue la primera y sigue como insigne guardiana de la Patria desde el pedestal de los grandes, de esos imprescindibles, de los que no mueren y se mantienen vivos en la eternidad.

Fidel habla sobre Celia Sánchez Manduley


Texto y fotocomposición: Sergio I. Rivero Carrasco

Fotos: Tomadas de la Red

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