abril 14, 2024 ¿Quienes somos?

Céspedes proclama la abolición de la esclavitud.

En 1871, en medio de la Guerra de los Diez años, (1878 a 1878) Carlos Manuel de Céspedes, presidente de la República en Armas, dicta un decreto en el que proclama la abolición de la esclavitud.

Fotos: Tomadas de la Red

La abolición de la esclavitud  en Cuba tuvo un largo proceso. Durante su alzamiento, iniciado el 10 de octubre de 1868, Carlos Manuel de Céspedes proclamó la libertad de sus esclavos, incluso de los que no se le unieran o no pudieran unirse a su tropa, y ello fue aplicado también por los otros jefes que lo secundaron inicialmente; pero el 29 de octubre dictó en el Bayamo ya liberado, una orden por la cual se prohibía la admisión de los esclavos en el ejército, si no era con el consentimiento de sus dueños.

El 12 de noviembre decretó el procesamiento de los militares “que se introdujeran en las fincas, ya sea para sublevar o ya para extraer sus dotaciones de esclavos”. Y el 27 de diciembre promulgó un decreto sobre la abolición de la esclavitud,  en el que solo declaraba libres a los esclavos que sus dueños presentaran a los jefes militares insurrectos, quedando los demás tan esclavos como antes.

Céspedes era un acérrimo abolicionista, pero consideraba que en esos momentos ni los hacendados ni los esclavos estaban preparados para otra cosa, especialmente en la zona occidental, que había que incorporar a la lucha.

Tras el cese de la contienda el problema de la erradicación de la esclavitud se mantuvo solapada y el 12 de febrero de 1880, al fin el gobierno español promulgó una ley de abolición que no convertía automáticamente a los esclavos en hombres libres, sino que los libertos debían abonar una indemnización al antiguo amo por la pérdida sufrida.

Como no disponían de recursos para ello, ni de tierras propias para cultivar, continuaban explotados por estos. Pero había que tener en cuenta otra cosa: en las grandes mayorías de esclavos no había el suficiente desarrollo intelectual como para asumir rápidamente un status de libres, o sea, de arreglárselas como pudieran; a ellos supuestamente les resultaba más fácil mantenerse en sus bohíos y continuar sirviendo al antiguo amo en las labores domésticas o agrícolas, tal vez a cambio de algunas monedas. Era una especie de esclavitud mejorada y disfrazada

Fue en julio de 1886 que las Cortes españolas autorizaron la eliminación del Patronato a fin de normalizar la condición de los trabajadores y la regulación de los salarios. La Junta de Agricultura, Industria y Comercio, el Círculo de Hacendados y la Sociedad Económica de Amigos del País apoyaron la medida, que se hizo efectiva ese año, y que constituyó la abolición efectiva de la esclavitud.

Se abría entonces un fenómeno creciente: el “el mercado laboral”. Los hacendados debían pagar la mano de obra de sus anteriores esclavos, pero eso se realizó, al menos en los primeros años, en condiciones de una explotación parecida a la esclavitud. Los centrales azucareros quedaban alejados de las zonas de mayor control oficial (las grandes ciudades), por lo que se daban el lujo de pagar salarios miserables, y a veces ni eso.

La vida y las condiciones socioeconómicas fueron dando forma a las nuevas relaciones que se imponían entre los antiguos esclavos, ahora libertos y sus terratenientes. Muchos hombres de ideas avanzadas comenzaron abogar por el cese real de la esclavitud, cosa que en el siglo XIX ya se había logrado en casi toda América. Recordemos también hoy al Apóstol José Martí, que nos legó un sencillo  y muy profundo sentir sobre la esclavitud cuando aseveró que “La esclavitud de los hombres es la gran pena del mundo”.


Fuente consultada: Ecured

Por Redacción web

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