junio 21, 2024 ¿Quienes somos?

Cuba: #MejorSinBloqueo

“Tenemos derecho a vivir sin bloqueo”, ha precisado en múltiples espacios internacionales el Canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla, quien además ha denunciado que hasta estos momentos Estados Unidos ha ignorado históricamente los llamados mundiales a eliminar, sin condicionamientos, esa sexagenaria política multidimensional, unilateral, extraterritorial y genocida.


Ellos tienen entre sus propósitos propiciar el aislamiento de Cuba del escenario internacional, no solo en el ámbito político y diplomático, sino también comercial y financiero. Según consta, desde el año 2019 el bloqueo de Estados Unidos ha incrementado con creces las medidas colaterales a una dimensión extrema, muchísimo más dañinas, perversas, crueles, e inhumanas; y sus efectos nocivos para Cuba, significan a precios corrientes, daños acumulados ascendentes a 159 mil 84 millones de dólares, y en el último año alcanza 4 867 millones, es decir 405 millones mensuales, que bien pudieran ser utilizados para el desarrollo del país.

La Asamblea General de la ONU en esta ocasión, por 31 vez consecutiva considerará el proyecto de resolución sobre la necesidad de poner fin al bloqueo VS Cuba. El bloqueo es real, está ahí dañando cada segundo, cada día, cada año, aunque algunos lo nieguen. Es un engendro con basamento en lo que proyectara el subsecretario de Estado norteamericano para los asuntos interamericanos Lester D. Mallory, en la publicación el 6 de abril de 1960 de su informe titulado “El declive y la caída de Castro” que constituiría el pedestal en el cual se basarían las sanciones económicas hechas realidad en esta genocida política de tiempo de guerra aplicada en tiempo de paz, que persiste en el empeño de generar carencias económicas y materiales, sembrar el desaliento, la insatisfacción y provocar severos daños al pueblo cubano, así como obstaculizar las posibilidades de progreso económico del país con el propósito de hacer colapsar al gobierno y destruir la Revolución, ese hueso duro de roer atravesado en su garganta desde 1959.

Al hacer un poco de historia recordemos como concreción directa de esa plataforma de Mallory, que en julio de 1960, la Administración del presidente norteamericano Eisenhower impuso las primeras sanciones económicas contra Cuba con el objetivo de “sembrar el hambre, la desesperación y conseguir el derrocamiento del Gobierno revolucionario liderado por Fidel. El gobierno de Washington decidió suspender la cuota de azúcar, privando a Cuba del 80% de los ingresos procedentes de este sector, lo que tuvo como consecuencia la radicalización más acelerada del curso de la Revolución Cubana. Ya en octubre de 1960, los Estados Unidos agravaron las sanciones y prohibieron todas las exportaciones hacia Cuba, con la excepción de las materias primas alimenticias y los medicamentos, cerrando así las puertas del principal mercado cubano.

Un segundo e importante paso fue que solo a dos años del triunfo, el 3 de enero de 1961, el país norteño rompió relaciones diplomáticas con Cuba, y el dos de marzo del propio año, el presidente norteamericano John F. Kennedy anuncia la aplicación del engendro que ellos llamaron “embargo” comercial contra Cuba,  para más tarde, el día 31 del mismo tercer mes del año, suprimir totalmente la cuota azucarera cubana en el mercado norteamericano; medidas aplicadas todas en medio de la amenaza de una inminente agresión mi­litar por fuerzas mercenarias que se entrenaban en el exterior, el incremento de los sabotajes y provocaciones aé­reas con dos o tres incursiones diarias violando el espacio cubano con aviones y helicópteros provenientes de la Base Naval de Guantánamo.

Eran las semanas cercanas a los días de la in­vasión mercenaria por Playa Larga y Playa Gi­rón. Las intenciones enemigas iban dirigidas a debilitar nacional e internacionalmente a la Re­vo­lu­ción Cubana y crear las condiciones para materializar los objetivos que se habían propuesto. Es entonces que al producirse la inesperada derrota de la invasión mercenaria por playa Girón, el tres de febrero de 1962, mediante la Orden Ejecutiva Presidencial 3447 firmada por el presidente estadounidense John F. Kennedy, se implanta oficialmente el bloqueo total contra Cuba. Bloqueo sí, no embargo como ellos lo calificaron, porque la palabra “embargo” y el concepto de que era un “asunto bilateral” entre las dos naciones utilizado por ellos, no se corresponde con la realidad, objetivos y manifestaciones de esta genocida política de guerra clasificada así desde la Conferencia Naval de Londres de 1909, y aplicada a Cuba de forma multidimensional, unilateral e ilegal en condiciones de paz, al perseguir el aislamiento, la asfixia y la inmovilidad de la nación, con el perverso propósito de ahogar a su pueblo y llevarlo a claudicar de su decisión de ser soberano e independiente.

A lo anterior se suma que la Ley Torricelli promulgada en 1992, reforzó con creces las medidas económicas contra Cuba y brindó sustento normativo a la extraterritorialidad del bloqueo. Cuatro años después, en 1996 se puso en vigor la Ley Helms-Burton por el Presidente William Clinton, con el objetivo esencial de obstaculizar y desestimular la inversión extranjera en Cuba, así como internacionalizar el bloqueo, poniéndose en vigor el Título III en ese momento, y el IV en el 2019, para unirse de este modo, a las medidas de recrudecimiento del bloqueo.

A través de esas medidas incrementan la persecución a buques, bancos y navieras que envían suministros de combustibles al país. La aplicación de las 243 medidas coercitivas adicionales desde el 2019 implantadas por Trump, intensificado sus acciones, desde los inicios de la crisis global y nacional provocada por la pandemia de la covid-19 y la guerra en Europa, se unen a la arbitraria e injusta inclusión de Cuba en la espuria lista del Departamento de Estado estadounidense sobre supuestos Estados patrocinadores del terrorismo a inicios del 2020, días antes de cumplirse el mandato presidencial de Donald Trump, medida también sostenida por el presidente Biden.

Son esos algunos de los elementos de la estrategia yanqui para aislar a Cuba y provocar su descalabro económico, el ataque a todas las fuentes de ingresos del país, la intimidación y extorsión a terceros, el reforzamiento de las presiones a Gobiernos, instituciones bancarias y empresarios de todo el mundo, además reforzado con el incremento de la agresión política, mediática y comunicacional violatorias del principio de no injerencia en los asuntos internos de los Estados, con la cual se pretende fabricar una oposición política interna y generar desorden e inestabilidad en el país, tratando además, de fracturar el orden constitucional y el consenso social, alentar la migración irregular, sobre todo de jóvenes y profesionales, y a la vez, afectar las condiciones de tranquilidad y seguridad ciudadanas en que ha vivido históricamente el pueblo cubano.

Tengamos presente que el bloqueo de EEUU contra Cuba está presente en todo y en cada uno de los días de nuestra existencia: obliga a adquirir aditamentos sensibles para atender a niños de la educación especial en mercados distantes, incrementando los costos y los daños a las poblaciones más vulnerables. También las materias primas e insumos para la fabricación de los medicamentos, muy necesarios para la salud de la población, la producción de alimentos, a la vez que impide la adquisición de las piezas de repuesto y equipos imprescindibles para encaminar la industria nacional y fortalecer la producción de bienes y servicios imprescindibles para el desarrollo de la nación; es decir, para resumir como buen cubano: El bloqueo está presente en nuestro país hasta en los cementerios.

Cuando llegamos hasta aquí, revisando un poco la historia del diferendo Estados Unidos-Cuba, apreciamos que con la excepción de los gobiernos de Jimmy Carter (1977-1981) y Barack Obama (2009-2017), el estado de sitio económico impuesto a Cuba no ha dejado de reforzarse, y continúa siendo hoy el símbolo de la incapacidad de los Estados Unidos para aceptar la realidad de una Cuba independiente, libre y soberana, totalmente emancipada de su influencia.

Sobran los argumentos para afirmar que las pretensiones del bloqueo contra Cuba son históricamente ciertas, y a la vez ilegales. Esa vil política viola los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas y desconoce las normas elementales del Derecho Internacional. Como bien afirmó la activista de solidaridad Cheryl Labash “Si el presidente Joe Biden hablara en nombre del pueblo de estados Unidos levantaría hoy el bloqueo a #Cuba, y eliminaría la designación de la Isla como país patrocinador del Terrorismo”.

El Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba Miguel Díaz-Canel Bermúdez, ha sostenido en múltiples espacios que “Ninguna nación ha debido enfrentar nunca un desafío tan desigual y prolongado para manejar e intentar desarrollar su economía, y para salvaguardar el bienestar de su población".

En su reciente entrevista televisiva “Diálogo con el Presidente”, transmitida en el espacio informativo Mesa Redonda, con toda la fuerza y razón que le asiste, preguntó al mundo, a los organismos internacionales, a la ONU “¿Cuando la comunidad internacional sentará a los EEUU en el banquillo de los acusados por violar los derechos humanos?” Ellos han ignorado los llamados que ha hecho la humanidad en la AGNU a eliminar el sexagenario y multidimensional bloqueo por 30 años consecutivos, a esa política unilateral, extraterritorial y genocida sin condicionamientos. Y como colofón del tema precisó el también Presidente de la República: “Ante el bloqueo, ante las enormes dificultades, nos vimos frente a dos alternativas: Rendirnos o dar la batalla, pero SEGUIMOS DANDO LA BATALLA, desarrollando nuestras propias fuerzas a partir de una resistencia creativa, que a la vez de dar el pecho, nos permita avanzar para lograr nuestros sueños”. Es eso lo que vamos a defender por 31 ocasión consecutiva HOY en la ONU:¡Nuestros sueños!

Analizará ONU fin del bloqueo de EE contra Cuba. (Bruno Rodríguez Parrilla)


Por Sergio I. Rivero Carrasco

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