enero 24, 2026 ¿Quienes somos?

El rostro desnudo del poder, de Atenas a Washington

En el año 416 A. N. E., los enviados del imperio más poderoso del mundo egeo se sentaron frente a los magistrados de una pequeña isla. En la austera privacidad de una sala y sin discursos floridos, los atenienses se quitaron la máscara para exponer la ley que, según ellos, rige el orden del mundo: «Los fuertes dominan a los débiles»

En el año 416 A. N. E., los enviados del imperio más poderoso del mundo egeo se sentaron frente a los magistrados de una pequeña isla. En la austera privacidad de una sala y sin discursos floridos, los atenienses se quitaron la máscara para exponer la ley que, según ellos, rige el orden del mundo: «Los fuertes dominan a los débiles».

El relato de este encuentro, el Diálogo de los Melios, inmortalizado por el historiador Tucídides, no es solo una página trágica de la Guerra del Peloponeso, refleja un patrón que se ha repetido, con distintos ropajes, a lo largo de los siglos hasta nuestros días.

En aquel entonces, Atenas, en plena guerra contra Esparta, exigió sumisión y tributo a los melianos que apelaron a la justicia, a los dioses y a su derecho a ser libres.  Sin embargo, la isla resistió y fue arrasada: los hombres fueron ejecutados y las mujeres y niños, esclavizados. Fue un mensaje claro para cualquiera que osara desobedecer.

Lo ocurrido en Melos no es una anomalía, sino un arquetipo de la acción imperial repetido en la historia, varios ejemplos ilustran esta realidad, en Cartago, 146 A. N. E.: Roma no se contentó con vencer a su rival. Tras un asedio feroz, la ciudad fue destruida, su población esclavizada y su tierra sembrada de sal.

Durante la Conquista de América, Hernán Cortés, ante la negativa del Imperio Azteca a someterse, utilizó, el terror –como en la Masacre del Templo Mayor– para doblegar a toda una civilización.

En Hiroshima y Nagasaki, el lanzamiento de las bombas atómicas tuvo como objetivo realizar una demostración de poder absoluto. Era un mensaje dirigido a Japón, pero también a la Unión Soviética y al mundo: Estados Unidos poseía un poder destructivo sin parangón y la voluntad de usarlo.

La «Lógica Meliana» no carece de ejemplos contemporáneos; al contrario, Vietnam, Iraq, Afganistán, Palestina y Venezuela son pruebas de su vigencia. Incluso las amenazas de apoderarse de Groenlandia, o las presiones contra Cuba y otras naciones soberanas, reflejan este espíritu.

¿Significa esto que la historia es solo un ciclo inevitable de imposición del fuerte sobre el débil? Esa forma de ver el mundo siempre termina con la derrota de los imperios, el propio Tucídides narró la caída final de Atenas, años después, sugiriendo que la «hybris» (la desmesura) siempre siembra su propia ruina.

Numancia es un símbolo histórico de resistencia frente a la lógica del poder en la antigüedad. En el año 133 A. N. E., tras 15 meses de un asedio romano que desató la peste y la hambruna, la población celtíbera prefirió el suicidio colectivo y quemar su ciudad antes que entregarse a los legionarios.

Recordemos que, en los días difíciles del periodo especial, el entonces presidente del Gobierno de España, Felipe González, reprochó a Fidel Castro el «espíritu numantino» con que encaraba la situación. «Preferimos Sagunto y Numancia a ser esclavos», le respondió Fidel, tras agradecer el interés de González.


Tomado de Granma

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