julio 14, 2024 ¿Quienes somos?

“El octogenario templo pinero de Martí”

Para nadie es sorpresa que llamemos “templo” a la casa que habitó la familia Sardá situada en el valle de El Abra, en un paisaje, esplendoroso, casi paradisíaco, que sirvió de bálsamo al joven Martí cuando fuera rescatado de las canteras de San Lázaro por el catalán José María Sardá, quien por acuerdo con Mariano Martí, el padre del bisoño, lo trajo hasta acá con apenas 17 años para que sanara las heridas del cuerpo y del corazón.

El que aquí llegó es ese Martí nuestro, que siempre tiene algo que decirnos no solo de los maltratos que padeció en los horrores de las canteras del presidio y el dolor por su Cuba aquel 13 de octubre de 1870 que llegó aquí; es Martí ese joven de vida pero profundo y preciso en su pensamiento, que supo asimilar y reciprocar el, el amor incondicional que le tributó la familia Sardá que lo arropó como un hijo, ayudándolo a sanar las heridas de los grilletes y a forjar su pensamiento más allá del universo que lo circundaba en esa exuberante y maravillosa floresta de “El Abra” que lo estimulaba, de la que más tarde diría en el exilio: “No trinan como allá los pajarillos, ni aroman como allá las frescas flores, ni escucho el buen cantar de sencillos cubanos y felices labradores; ni hay aquel cielo azul que me enamora, no verdor en los árboles ni brisa…”

Con sus escasos 17 años ya se nos presenta con la marca innata del amor, la justicia y la devoción, la ausencia de odios, por lo que pudo recoger toda la energía del lugar y convertirla en emoción, pensamiento e ideas, demostrado en que solo a un año de su partida nació su ensayo El presidio político en Cuba”, del que dijera la historiadora Rosa María García Vargas: “Solo él ha podido lograr con su relato sacar lágrimas de los ojos a los cubanos y cubanas, quienes por más de un siglo lo han leído”

Pero el templo que lo cobijó está ahí en el mismo hermoso valle y ya cumple sus ocho décadas de existencia como muestra fehaciente de la voluntad de los pineros de mantener viva la presencia del Apóstol en estas tierras donde vivió 65 días y dejó una estela de valores y sueños, de alegrías y esperanzas, de voluntad y coraje para seguir como él lo hizo.

Aquí está el rústico reloj de sol sobre una piedra de mármol que marcó cada instante de aquellos 65 días y de los transcurridos hasta hoy; es testigo del paso del tiempo, de haber visto cara a cara a ese joven irredento que lo visitaba y no sabemos si fue su confidente, o simplemente testigo de su paso por ahí.

La naturaleza no ha sido pródiga con “el templo” , el ciclón de 1926 destruye la casa y a pesar del valor histórico del lugar, la poca ayuda que dio el gobierno a los damnificados del ciclón no llegó a “El Abra”, ni siquiera en gobiernos posteriores, hasta que Waldo Medina Méndez, después de su llegada a Isla de Pinos en 1941, y de ser nombrado el Juez Municipal, encabeza junto a Elías Sardá las gestiones para promover una campaña en favor de la restauración de ese histórico sitio, y ¡lo lograron!

La primera tarea que asumieron Medina y Elías, fue la creación de un Comité para aunar esfuerzos y conseguir el dinero necesario para la restauración, el que quedó constituido en los primeros días de enero de 1943 en los salones de la Sociedad Popular Pinera, logrando así su reconstrucción a partir de las donaciones de los pineros de la época.

Finalmente la casa donde residió Martí en la  finca “El Abra”, fue reconstruida y abrió sus puertas como museo que guarda la presencia del joven Martí en la Isla, el  28 de enero de 1944, hace hoy ocho décadas, con una colección donada por los descendientes de la familia Sardá, compuesta por la cama, el armario para la ropa, una lamparita de aceite, un pilón de madera y una cerradura con su llave, a los que se unieron dos cuadros al óleo de Martí y Sardá pintados por Enrique Caravia y Domingo Ravenet. Un año más tarde, en 1945, la familia se decide a entregar los más valiosos objetos que ampliarían la colección.  

Con el restablecimiento de la Casa-Museo Finca El Abra, se avivó la presencia martiana en esa especie de templo del honor, del patriotismo y la bondad; el lugar donde se siente mucha energía y paz, a la vez que emana ese Martí siempre vivo, que enaltece el orgullo a los pineros de que sea la Isla de la Juventud, hoy el sitio de Cuba donde más tiempo permaneció nuestro Martí fuera de La Habana.

También, como pineros de corazón, sentimos el sano placer de que ese Martí nuestro sea el que también se presentaba cada domingo a las nueve de la mañana en la Comandancia Militar (hoy Museo Municipal de Historia), en el Kilómetro cero, para el pase de lista que hacían las autoridades españolas a los deportados, y después recorriera la calle que hoy lleva su nombre hasta el correo donde recibía la correspondencia familiar.

Fue ese Martí nuestro, el que en su estancia de 65 días aquí, nos marcó y quedó marcado para siempre, es ese que partió el 18 de diciembre de 1870 hacia Batabanó por el mismo río Las Casas por donde había llegado a esta pequeña tierra casi desconocida y forjadora de tanto espíritu, que marcaría una nueva y grandiosa etapa de su vida, que más tarde se convertiría en el Apóstol de la Independencia cubana: el cubano más importante del Siglo XIX, como pensador genial de Nuestra América y para Nuestra América, y como Simón Bolívar, lucharía por fundar una América Latina unida, que propiciara un balance protector frente al coloso del Norte, o la Roma Americana, como él llamaba a los Estados Unidos de América.

Es ese octogenario templo pinero de Martí el que hoy celebra su cumpleaños con el Apóstol más vivo y recordado, querido y admirado por los cubanos que sentimos el sano orgullo de venerarlo, que  hoy escolta el bulevar pinero desde su altura en el edificio más elevado contemplando a cada uno, que a su paso siente la obligación de mirarlo y admirarlo, tanto en el día como en su luminosidad en la noche.

Es ese hombre vivo aún, que hoy cumpliría 171 años, es el que se ilumina en cada jornada para dar luz a los pineros en las presentes y futuras encomiendas. Es el  Martí nuestro, siempre vital, porque hay hombres que, como él, hasta después de muertos son más útiles por su obra y la trascendencia de sus ideas. #MartíVive

El apóstol José Martí y su estancia en la finca El Abra.


Fotocomposición y texto Sergio I. Rivero Carrasco

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