abril 20, 2024 ¿Quienes somos?

“La Protesta de Rubén”

Rubén siempre fue un joven intrépido, intransigente y de pensamiento avanzado, desenvolviéndose en los grupos más revolucionarios de la época que combatían el estado de cosas provocado por los corruptos gobiernos republicanos de entonces.

´El crece desde el bachillerato y la carrera de Derecho en la Universidad de La Habana su intelecto e inclinación por la narración y la poesía con verbo afilado contra los males de la nación, la corrupción administrativa que plagaba la sociedad de entonces, y por la reivindicación de las masas explotadas a punto de encender la chispa que encendiera la continuidad libertaria.

Ya en 1918 alcanza su desempeño  como secretario en un bufete como auxiliar, más tarde labora como secretario particular del prestigioso investigador Fernando Ortiz lo cual le permite mantenerse en contacto con el ambiente intelectual capitalino y le permite que ya en el 1920 pueda iniciar la peña literaria del Café Martí, en un esfuerzo conjunto con Andrés Núñez Olano y Enrique Serpa. Los años que le siguieron también fueron prolíferos en este ámbito al conocer y relacionarse con otras ilustres figuras de las letras cubanas como Regino Pedroso, José Fernández de Castro, Emilio Roig de Leuchsenring y  Nicolás Guillén.

Es también esta época de cimera en su labor revolucionaria al sostener importantes encuentros con Julio Antonio Mella y Pablo de la Torriente Brau, lo cual mucho le aporta en la reafirmación del sentido que marcó su vida en lo adelante.  Marcado por su vocación intransigente frente a la corrupción, mientras participaba en el homenaje a la doctora, profesora y activista femenina uruguaya Paulina Luisi, organizado por el Club Femenino de Cuba, expresa su negativa de mantenerse allí ante el discurso que debía dictar Erasmo Regueiferos, ministro de Justicia del gobierno cubano entonces, por su degradación al realizar la firma y aprobación de un decreto que ocultaba negocios turbios.

Al ponerse de pie interrumpiendo al Ministro y salir del recinto, fue seguido por los jóvenes presentes que también se retiran del local. De inmediato trece de ellos firmaron un manifiesto que fue entregado a los periodistas en el que denunciaba la corrupción existente en el país, el cual fue marcado por la historia de Cuba como la Protesta de los Trece  que motivó fuera encarcelado,  estimulando  así su convicción de continuar la lucha.

La acción pública de un grupo de jóvenes (Protesta de Los Trece) La Protesta de los Trece encabezada por Rubén Martínez Villena, el 18 de marzo de 1923, inició en Cuba un momento histórico llamado “despertar de la conciencia nacional”

Poniendo la Protesta en contexto podemos abundar en que la gestión del presidente Alfredo Zayas, que gobernó de 1921 a 1925, provocó mucho repudio ya que se caracterizó por el marcado aumento de la influencia estadounidense y el auge de la corrupción. El suceso más escandaloso fue la susodicha compra del Convento de Santa Clara, que era un antiguo caserón adquirido por el Estado a un precio de dos millones 300 mil pesos, considerado exagerado pues tiempo atrás, durante la bonanza económica, los propietarios lo vendieron a una empresa en menos de un millón.

El presidente Zayas adoptó el decreto junto con el Secretario de Justicia al no ser votada una ley al respecto ni contar con la aceptación del Secretario de Hacienda. Tampoco conseguiría la aprobación del Congreso hasta el 12 de junio de 1924. Lo anterior dio lugar a que el 18 de marzo de 1923, se produjera la protesta pública de Rubén Martínez Villena y sus acompañantes, quienes el 19 de marzo publicaron en el periódico “Heraldo de Cuba” el manifiesto que se denominó “La Protesta de los Trece.”

Los jóvenes intelectuales que suscribieron la protesta, expresaron su disculpa a las organizadoras del Club Femenino, así como a la homenajeada, y aclararon que se trató de un acto cívico de repudio al funcionario gubernamental en su primera aparición después de “haber refrendado el decreto inmoral y torpe relativo a la adquisición del Convento de Santa Clara”.

El documento fue firmado por Rubén Martínez Villena, José Antonio Fernández de Castro, Calixto Masó, Félix Lizaso, Alberto Lamar Schweyer, Francisco Ichaso, Luis Gómez Wangüemert, Juan Marinello, José Z. Tallet, José Manuel Acosta, Primitivo Cordero Leyva, Jorge Mañach y José Ramón García Pedrosa.

No firmaron Ángel Lázaro, que por ser ciudadano español temió ser deportado, y Emilio Teuma, quien adujo que por pertenecer a una Logia Masónica y ser Regüeiferos Gran Maestro de esa asociación, no podía, con su firma, quebrantar uno de los principios de dicha institución fraternal.

En el artículo quinto del documento conocido como “La Protesta…” se expresa con toda voluntad patriótica y honesta  que “… por este medio solicitamos el apoyo y la adhesión de todo el que, sintiéndose indignado contra los que maltratan la República, piense con nosotros y estime que es llegada la hora de reaccionar vigorosamente y de castigar de alguna manera a los gobernantes delincuentes”.

Los protestantes declararon sentirse honrados por iniciar un movimiento contra los gobernantes calculadores, expoliadores e inmorales, que tienden con sus actos a realizar el envilecimiento de la Patria.

A Rubén Martínez Villena se le considera el poeta más brillante y original de su generación, la segunda de la República, quien a pesar de su corta vida, y como hizo José Martí, renunció a todo renombre literario para abrazar la causa de la patria y morir prematuramente, en su caso por una dolencia pulmonar mal cuidada.

Emilio Roig de Leuchsenring (1889-1964) apoyó públicamente la “Protesta de los Trece”, la manifestación más rotunda de la nueva generación de la juventud cubana, y perteneció a Falange de Acción Cubana y al Grupo Minorista, junto a figuras que marcaron en las primeras décadas de la neocolonia el llamado “despertar de la conciencia nacional”.

La Protesta de los Trece: el despertar de una generación.


Por Redacción Web

Fotos: Tomadas de la Red

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