febrero 1, 2023

Voló como Matías Pérez

En el mundo se celebra hoy el Día del ascenso en globo y aunque  para los amantes de las alturas, más allá de una diversión es una manera muy peculiar de observar el paisaje desde una posición privilegiada, lo cierto es que en materia de globos y ascensos, los cubanos tenemos  nuestra propia y  criollísima historia, tan arraigada  en  la memoria popular, que de ella deviene ese conocido refrán que reza: voló como Matías Pérez.

Pero resulta que el tal Matías no es un personaje de ficción, sino que fue un marino portugués de timón y brújula, que decidió un buen día echar el ancla en La Habana y dedicarse al negocio de los toldos, convirtiéndose  en el mejor fabricante de esos artículos.

Para ese entonces era moda en la capital celebrar importantes acontecimientos o fiestas lanzando un globo sin pasajeros desde  los edificios más altos. Sin embargo, en 1828, en el segundo día de las fiestas con motivo de la inauguración de El Templete, el intrépido francés Eugenio Robertson se elevó en un globo, sobre la Plaza de Toros por 25 minutos.

Este tipo de espectáculo fue cobrando fuerza hasta desatar una verdadera fiebre por estos aparatos voladores, a pesar de que no todas las ascensiones tuvieran feliz término.

A pesar de los lamentables accidentes, Matías Pérez, un entusiasta de los adelantos de la aeronáutica, llegó a desarrollar tal maestría, tino y seguridad, que ya  tenía basta experiencia en las ascensiones cuando anunció una por cuenta propia.

Los espectadores presenciaron la primera subida del portugués desde el Campo de Marte al cielo de La Habana, en un evento  que casi termina en desgracia, pero eso no desmotivó al intrépido luso y la  segunda y definitiva salida del toldero portugués  se realizó en junio de 1856, aunque la fecha exacta aún se discute. Ascendió desde el mismo Campo de Marte, a las 4 de la tarde.

Ese día se elevó con el viento soplando muy fuerte desde el sudeste en gran vendaval y cielo encapotado, dirigiéndose peligrosamente hacia el mar. Pasó por el torreón de la Chorrera, en donde unos pescadores le gritaron que bajase, a lo que el portugués les contestó arrojando varios de lastre e internándose rápidamente en el mar.

 Fue ese el último avistamiento del aeronauta de quien no se supo nada más. A pesar de infructuosas búsquedas realizadas por las autoridades no se halló ni rastro de su aerostato. Así Matías Pérez desapareció para siempre de forma trágica y sin dejar huella, quedándose como parte indisoluble de la idiosincrasia del cubano y de su identidad, cuando el misterio de su final se transformó en “choteo” y su trágica desaparición quedó en nuestra memoria colectiva muy mal parada a pesar de ser uno de los pioneros de la aviación cubana.

 Lo cierto es que fue un soñador necesitado de  grandes dosis de adrenalina, que tal vez encontró la muerte en pleno mar, náufrago y solitario, pero gracias  a la impronta que dejó en la memoria colectiva de los habitantes de la Isla y lo insólito de su desaparición, quedó su destino recordado en el refranero popular como aprendizaje constante de los peligros que acarrea la intrepidez humana y para designar aquello que desaparece sin dejar rastro. “Voló como Matías Pérez”, frase acuñada desde el siglo XIX, sumamente cubana pero protagonizada por un portugués, que se arraigó en nuestra lengua como un ejemplo más del ingenio de un pueblo que, para esa época, estaba en la búsqueda y conformación de su identidad nacional.


Por: Linet Gordillo

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