abril 20, 2024 ¿Quienes somos?

Mitos y realidades.

La bailarina española de José Martí.

Todo cubano desde su niñez ha oído hablar de la bailarina española que nuestro Apóstol inmortalizara en uno de sus poemas. No hay actividades de conmemoración al Maestro donde no se represente a este personaje que con sus bailes y encantos calara tan profundo en el alma del poeta.

¿Pero, conocemos realmente quién fue este personaje que deslumbró a nuestro Héroe nacional?

Pues, ella nace, según su partida de bautismo, el 19 de diciembre de 1868, con el nombre de Agustina, de padre desconocido y de Carmen Otero, natural de la Parroquia de Valga, Puentevalga, en Galicia, España.

La Bella Otero

Conocida artísticamente  como La Bella Otero, Carolina, como se hacia llamar, tuvo una infancia infeliz; su familia compuesta de varios hermanos y su mamá era muy pobre a lo que se suma que fue brutalmente violada a los 10 años de edad.

 Un día salió de casa sin rumbo fijo para huir de la miseria y crear una nueva vida; así llegó a Francia donde trabajó en bares y cafés de mala muerte, donde bailaba entre otras cosas, hasta que fue descubierta por un agente artístico que la elevó a la fama.

Encarnando  personajes

Encarnando  personajes

Actuó en diversos países, donde mostraba toda su sensualidad. Los hombres se rendían a sus pies y le hacían regalos que iban desde un enorme collar de perlas legítimas, carros, yates, castillos y hasta una isla, pero todo lo derrochaba en juegos. En una ocasión reconoció que había sido esclava de sus pasiones, no de los hombres y se cuenta que hubo amantes que se suicidaron por ella. Reyes, emperadores, aristócratas, ricos empresarios quedaron prendados por su belleza. Se presentó en teatros de los Estados Unidos, de Latinoamérica, de Europa, y hasta en la corte del Zar de Rusia lució sus bailes exóticos.

Regalos de sus admiradores

Regalos de sus admiradores

Precisamente, cuando actuaba en los Estados Unidos (1890) nuestro Apóstol conoció de que se presentaría en el Museo del Edén de Nueva York y acude al teatro para disfrutar de su arte; ella lo  hechiza a tal punto que escribe en el diario La Prensa una apasionada crónica donde admite que (…) “donde triunfa la Otero, la española de cara de virgen, la que cuentan que vivió amores con el rey Alfonso, la que seduce con el poder de los ojos más que con el de su canto y baile, al público enamorado del museo del Edén”(…)

Interpreta una danza

Caló en él su figura, que lo inspiró a escribir el reconocido poema “El alma trémula y sola” o como le llamamos los cubanos La bailarina española.

El alma trémula y sola

Padece al anochecer:

Hay baile; vamos a ver

La bailarina española.

Han hecho bien en quitar

El banderón de la acera;

Porque si está la bandera,

No sé, yo no puedo entrar.

Ya llega la bailarina:

Soberbia y pálida llega:

¿Cómo dicen que es gallega?

Pues dicen mal: es divina...

Portada  del diario  español ABC de 1908 que muestra su imagen

 La Otero se convirtió en el mayor atractivo de la alta sociedad de su tiempo. En 1914 decidió retirarse y desde entonces se dedicó a lo único que le hacia feliz: apostar al rojo. Despilfarró toda su fortuna en la ruleta del casino de Montecarlo.

La calificada como la Reina de Paris, creó una historia totalmente ajena a su vida real, cambió su nombre, origen y todo lo ingrato de su historia pasada. Al morir vivía en un modesto apartamento del poblado de Niza en Francia; todo lo había perdido y para subsistir se vio obligada a solicitar una pensión al gobierno francés. Otros aseguran que recibía algún dinero de los tantos admiradores que tuvo, permitiéndole  sobrevivir hasta su muerte.

María Félix junto a la Bella Otero

Poetas, escritores, pintores, entre otros artistas y admiradores, la perpetuaron en sus obras y hasta las cúpulas del hotel Intercontinental Carlton de Cannes están inspiradas en sus senos. La actriz mejicana María Félix la personificó en el cine.

Hotel Intercontinental Carlton de Cannes con sus cúpulas características

Muere el 10 de abril de 1965 en Niza, Francia

Por: Lic. Guillermo F. Maquintoche Vázquez. 

Fotos: Tomadas del libro La Bella Otero de Carmen Posada. Editorial Planeta, 2001, Barcelona, España

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