abril 19, 2024 ¿Quienes somos?

Pascuas del terror

ANIVERSARIO 67

“Luna grande del trópico, alta sobre el palmar,
tú que despierta estabas aquella noche triste,
Luna fija y redonda, tú que todo lo viste,
no te puedes callar, ¡no te puedes callar!”

                            Nicolás Guillén

La luna, como fiel guardiana de la noche que transcurría con serenidad en el oriente cubano, tal como expresó el Poeta Nacional Nicolás Guillén en sus versos, fue testigo de la despiadada masacre que provocó en los navideños días entre el 23 y 26 de diciembre de 1956 el frívolo asesino coronel Fermín Cowley Gallegos, jefe del Regimiento Militar de Holguín al asesinar a 23 jóvenes de Holguín y Las Tunas en una operación salida de sus malas entrañas; fue ese el inolvidable “regalo de Navidad” del Coronel con la aprobación criminal del Presidente Fulgencio Batista, marcado por el interés de desequilibrar al Movimiento 26 de Julio y al Partido Socialista Popular que promovían allí acciones revolucionarias posteriores al desembarco del Granma y el combate de Alegría de Pio.

El muy triste amanecer de aquel 27 del último mes del año hace 67 años, hizo que el Astro Rey descubriera los cuerpos vilmente maltratados, baleados, bañados en sangre, esparcidos por las calles, terraplenes, zanjas y colgados de árboles, en un dantesco paisaje en alto contraste con la paz, armonía, serenidad, alegría familiar y buenos augurios que debía significar la Navidad.

Conocí en la Isla a la joven Yaritza, una holguinera buenaza de pura cepa, cuyo abuelo le contaba la triste historia del hecho conocido en la historia patria como “Las Pascuas Sangrientas o del terror”, donde varios de sus compañeros perdieron la vida como Pedro Díaz Coello, al que le tenían mucho respeto y admiración porque se dedicó a amar a la Revolución y eso fue lo que siempre les inculcó; también iba al terruño donde ellos vivían en el campo y en varias ocasiones les enseñaba a manejar las armas y maniobras de defensa personal para cuando les tocara incorporarse a la lucha revolucionaria.

Hoy la Patria ubica en el más alto pedestal a sus noveles héroes agigantados por su lealtad y acribillados en las macabras noches entre el 23 y el 26 de diciembre, cada uno integrante del Movimiento 26 de Julio y perteneciente a un sector como fueron los dirigentes azucareros Loynaz Hechavarría, Alejo Tomás, Enrique Morgan y Héctor Infante; el tabaquero William Aguilera; los obreros agrícolas Antonio Perodín, José Marcial Pérez, José Mendoza, Isaac Hernández Oliver; el obrero de la Nicaro Nickel Company Rafal Orejón; el dirigente de los ómnibus Luis Peña; el enfermero Ramón Téllez; trabajadores como Luis Sera Moreno, Gilberto González Rojas, Ángel Valerio Consuegra, Manuel Aquiles Espinosa, Thelmo Esperance, Pelayo Cusidó, Silverio Núñez y Armando Guzmán, además de los revolucionarios Pedro Díaz Cuello, Jesús Feliú y Rafael Orejón Formet.

En la más justa respuesta revolucionaria a su ascendente criminal conducta en aquellos momentos el pueblo decidió vengarlo cuando el 23 de noviembre de 1957 el sanguinario coronel Fermín Cowley, pagó sus culpas al ser ajusticiado en pleno corazón de la ciudad de Holguín  por miembros del Movimiento Revolucionario 26 de Julio.

Un hermoso monumento a sus siempre vivas aspiraciones revolucionarias, fue erigido en su honor, al que acuden los jóvenes a rendirles el postrer tributo de reconocimiento, admiración y considerarlos paradigmas en su conducta hoy porque la sangre de los mártires de “Las Pascuas Sangrientas”, no se derramó en vano; el terror no pudo detener la lucha del pueblo cubano que llega hasta ellos como continuadores de las ideas martianas y fidelistas que impulsan a la Revolución por los más grandes desafíos en la lucha por una sociedad más próspera y libre para sus hijos en medio de este tortuoso, amenazado y desafiante mundo en que vivimos.

Pascuas sangrientas, en 1956.


Por Sergio I. Rivero Carrasco

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *