junio 20, 2024 ¿Quienes somos?

Santiago de verdeolivo

Era el amanecer del 30 de noviembre de 1956 y una ciudad insurgente aguardaba silenciosa tras las puertas de las casas esperando la hora cero, cuando a las siete de la mañana un lanzamiento de mortero desde el cuartel Moncada diera la señal del inicio del levantamiento; además, desencadenar una huelga general que unidos aseguraran el apoyo a la llegada de Fidel y los 82 expedicionarios del yate Granma que habían salido del puerto de Tuxpan, México, el día 25 de noviembre.

El disparo de mortero no se realizó, pero tampoco hizo falta para que un hormiguero de valientes jóvenes se lanzara a las calles portando el uniforme verde olivo con brazaletes rojos y negros y enfrentaran a los esbirros de la dictadura batistiana. La emoción y optimismo de los pinos nuevos no escatimaron el peligro, liderados por el Jefe de Acción del Movimiento 26 de Julio Frank País García, con solo 21 años de edad y bajo el seudónimo de “David” para la clandestinidad.

El ensordecedor tableteo de las ametralladoras, fusiles y cocteles molotov se apoderó de la ciudad en una gran operación, bien preparada y ajustada con todas las fuerzas revolucionarias que la protagonizaban en un importante esfuerzo por lograr la unidad de lucha entre los integrantes del movimiento 26 de Julio, el Directorio 13 de Marzo y otras organizaciones revolucionarias asociadas.

Se cumplió lo pactado por Frank y Fidel en México, cuando el día 27 de noviembre Arturo Duque de Estrada recibió el mensaje con el texto acordado: “Obra pedida agotada”; y tal como estaba planificado se multiplicó a todas las provincias cubanas para lograr que la acción fuera simultánea.

Muchas compañeras se destacaron con un gran esfuerzo y entrega en el improvisado puesto de mando del alzamiento en la casa de la Familia Rousseau Bueno, en la que se encontraban Vilma Espín, Gloria Cuadras, Acela de los Santos, María Antonia Figueroa,  Haydée Santamaría, y Sussette Bueno, esposa de Santiago Russeau, con la cual no se despertaría la sospecha de los casquitos. Mientras, Celia Sánchez se encontraba en Niquero trabajando en los preparativos para el recibimiento a los expedicionarios.

El anecdotario de los hechos de ese día es inagotable, cada uno tiene una historia manifestando su punto de vista y evaluación de las acciones, pero Frank lo haría diferente, con claridad meridiana:

“La ciudad amaneció bajo un tiroteo general. Armas de todos los calibres vomitaban fuego y metralla. Alarmas y sirenazos de los bomberos, del Cuartel Moncada, de la Marina. Ruido de aviones volando a baja altura. Incendios en toda la ciudad. El Ejército Revolucionario dominaba las calles y el ejército de Batista pretendiendo arrebatarle ese dominio. Los gritos de nuestros compañeros, secundados por el pueblo, y mil indescriptibles sucesos y emociones distintas. La población entera de Santiago, enardecida y aliada a los revolucionarios, cooperó unánimemente con nosotros… Era hermoso el espectáculo de un pueblo cooperando con toda valentía en los momentos más difíciles de la lucha.”

En toda Cuba se peleó contra la dictadura batistiana satélite y aliada del imperialismo yanqui, fueron varios los jóvenes muertos en esta batalla por la libertad en Santiago de Cuba, entre ellos Pepito Tey, Otto Parellada y Tony Alomá (en el mismo orden de las imágenes), que escribieron páginas imborrables de la historia cubana convertidos en paradigmas para las más jóvenes generaciones de cubanos que han continuado defendiendo a la Patria.

Como se conoce, dadas las malas condiciones del tiempo en el área del Caribe la llegada del Yate Granma no se produjo ese día esperado y fue el 2 de diciembre cerca de la playa Las Coloradas en el municipio de Niquero, lugar donde Celia tendría la voz cantante en las acciones que hicieron posible el desembarco y la infiltración de la tropa en la manigua de la Sierra Maestra para el inicio de la lucha guerrillera que culminaron con el triunfo de la Revolución Cubana el 1 de enero de 1959.

Aunque no se logró el objetivo inicial por la tardanza de la llegada del Granma, fue la acción del 30 de noviembre, una demostración de una gran victoria política como lo fue el Moncada en su momento, demostrando que la llama insurgente estaba muy viva, y que la juventud cubana estaba dispuesta a llegar hasta la victoria final, vestida de verde olivo y con el brazalete rojo y negro, protagonista de ese levantamiento de amor y pasión en Santiago de Cuba a la espera de Fidel.

Levantamiento de Santiago el 30 de noviembre de 1956


Texto y fotocomposición Sergio I. Rivero Carrasco

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