abril 14, 2024 ¿Quienes somos?

Sucu Suco por siempre

Cuentan que en este día siete de abril, allá por el año 1844, el corregidor y Comandante Militar de Isla de Pinos hizo cantar a un grupo de pobladores que se encontraba frente a su casa y estos, con medios variados devenidos instrumentos musicales como un caracol, un pedazo de machete, una lima ya gastada, entre otros, comenzaron a entonar una nueva melodía desconocida hasta entonces, devenida más tarde en el sucu suco pinero.

Según se ha dicho por la tradición oral, que más tarde, en 1870 es precisamente en Santa Fe, considerada la primera villa pinera, donde se escuchaban los acordes de un ritmo devenido del son que fue evolucionando hasta llegar hasta nosotros, sin nombre aún, pero identitario del territorio pinero.

Era precisamente en esta época colonial española que las clases más bajas de la sociedad eran las que se manifestaban con estas expresiones de la cultura, lo cual constituía una forma de diversión, esparcimiento y expresión de los sentimientos, las costumbres y un poco cronistas de cuánto acontecía en la sociedad pinera de la época.

Constituían además, una manera de expresar sus sentimientos patrios, pues también lo utilizaban contra la presencia española, y un ejemplo de ello era que en una de las coplas se referían: “A la cosecha de los pepinos / Se le ha sacado buen dineral / Pero los pobres de Isla de Pinos / No se han quedado ni con un real”.

El Sucu suco es considerado como un símbolo de la música tradicional cubana, que pertenece a una estirpe de poetas, que por más de un siglo y medio han estado unidos a la música más sencilla y poblana, desde que la abuela de Mongo, la cantora pinera Bruna Castillo entonara este ritmo aún innombrado, por la década de los 70’ del siglo XIX.

El ritmo fue pasando de generación en generación, con su peculiar contagio y alegría como especial expresión del guajiro pinero que lo manifestaba en las canturías ligado a las improvisaciones y el punto cubano. Eran comunes las reuniones familiares campesinas en las que afloraban los populares “El rabito del lechón”, “Los majases no tienen cueva”, “Yo quiero bailar con María Elena”, que se han mantenido en la preferencia del pueblo hasta nuestros días y son identitarios de la cultura pinera.

El Sucu suco le debe el nombre al sonido que produce el arrastre de los pies sobre el piso al bailar, aunque antes de ser sellado con su nombre definitivo, el contagio con la Isla le permitió ser nombrado como rumba, era como un son al tiempo del Sucu suco; también rumbita, dancita, compay cotunto y cotunto ¡Qué sé yo! Pero al final la onomatopeya triunfó: Suc, suc… suc… suc… sucu… suco.

Y es en la década del ’40 del pasado siglo, que esta manifestación de la cultura local adquiere su mayor dimensión al ser llevada al mercado nacional, pero encuentra la fuerte competencia que le hace el Mambo, el Cha cha cha, entre otros, que sin poder desaparecerlo, no le permiten lograr la prominencia.

Es entonces que Ramón Rives Amador (1929-2022), nuestro Mongo, un pinero rellollo excepcional, guajiro de pura cepa, con su voz aguda y recia y su laúd en ristre, se encargó de mantener vivo al Sucu Suco durante todos estos años, llegado a él por tradición familiar por parte de su abuela Bruna, cantante del ritmo en sus expresiones raigales.

En el año 1945 es que Mongo Rives funda su legendaria agrupación, un quinteto al que nombró  “La Tumbita criolla”, encargada en lo adelante de llevar el peso de esta expresión musical en las más pulcras, fieles  y ricas expresiones originarias.

Como bien apunta Yuliet Calaña en su artículo “Un laúd florecido para el Rey”; queMongo Le ganó la disputa al mismísimo Eliseo Grenet de que el nombre fuera terminado en o y no en u, como comenzó a difundirlo por el país el autor de Mama Inés, después de su visita a la Isla en 1948. 

“Grenet planteaba algo lógico: si el nombre provenía de la onomatopeya pues debía ser uniforme (sucu sucu), pero Mongo defendía la idea de que sucu suco lo nombraron sus creadores y eso debía respetarse, además de que rimaba con conuco, bejuco, trabuco… “y ahora con nasobuco”, decía en días recientes como quien da el tiro de gracia”.

Según han apuntado varios historiadores, el primer sucu suco interpretado 1840 aquí, fue “Campana sube la loma”, el cual se refería a los cortadores de leña que realizaban su trabajo en muy difíciles, por eso las coplas del ritmo, que reflejaban la cotidianidad de los pineros, logran el arraigo cuando decían: “Campana, campana, / campana sube la loma / si no fuera por campana / nadie subiría la loma”.

Pero uno de los sucu suco más famosos es el de Felipe Blanco. Según se cuenta en la tradición oral,  Felipe Blanco delató a los insurrectos que protagonizaron el alzamiento de Nueva Gerona en 1896 en el que Evangelina Cossio desempeñó un papel muy destacado, y los sublevados que lograron salvarse se refugiaron en las cuevas de las lomas que escoltan a la ciudad. Por ese motivo los españoles decían: “Los ‘majases’ no tienen cuevas / Felipe Blanco se las tapó, / se las tapó, / se las tapó, / que lo vide yo”. Y los patriotas les ripostaban: “Felipe Blanco los traicionó / los traicionó,  los traicionó, / los traicionó que lo vide yo”.

Es entonces que se adiciona otro nuevo verso:: “Martínez Campos tenía una flor / y Maceo se la quitó, / se la quitó, se la quitó / que lo vide yo”, convirtiéndose así  en cronistas de la época.

Mongo asumió con mucha seriedad el legado de su bisabuela de defender el ritmo de toda suciedad armónica o desfachatada, lo conminó a mantenerlo vivo venciendo cualquier obstáculo, y como fiel pinero y seguidor de las tradiciones familiares se convierte en el defensor número uno del Sucu suco, de su correcta interpretación musical y bailable, actitud mantenida con ahínco y valentía hasta el último aliento de vida.

No solo le bastó defenderlo, además se encargó de transmitirlo a varias generaciones de niños, jóvenes y no tan jóvenes, incluso en su propia casa, formados bajo su tutela con su más rica expresión de autenticidad y símbolo de la pineridad, convertido así en un gran valor patrimonial, motivos por los cuales asumió su condición de  “El Rey del Sucu suco”.

Mongo pasó a la inmortalidad el 21 de enero de 1922, colmado por la música que lo eternizó. En su homenaje, y como símbolo por ser Santa Fe la cuna del sucu suco, se levantó una escultura que simboliza un laúd con el sombrero alón en su base. ¡Ahí está Mongo, ahí está el Rey del Sucu suco! Flores y cantores le rinden tributo en sus aniversarios junto al pueblo.

Es hermoso este día, a la distancia de183 años en que se consagró ese momento  primigenio y mágico en que el Sucu suco fue interpretado por primera vez en la voz de las personas más llanas y laboriosas de la sociedad pinera de entonces, y hoy se haya convertido, gracias al ahínco y devoción de Mongo Rives, en la música identitaria y patrimonial de la Isla de la Juventud, de la que brotan la historia, las costumbres, la alegría, aún en la eternidad de Mongo, que nos dejó una monumental obra arraigada en las entrañas del pinero.


Por: Sergio I. Rivero Carrasco

Comentario en "Sucu Suco por siempre"

  1. Vivian dice:

    Excelente trabajo sobre el Rey del Sucu Suco. Se impuso por su calidad armónica, por mantenerlo vivo y fresco como patrimonio inmaterial de la Isla y de Cuba

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