abril 25, 2024 ¿Quienes somos?

“Urge reformar las Naciones Unidas”

A 63 AÑOS DE LA PRIMERA INTERVENCIÓN DE FIDEL EN EL PODIO DE MÁRMOL VERDE DE LA ASAMBLEA GENERAL DE NACIONES UNIDAS

Cualquier persona podría estar orgullosa de que este mundo en que vivimos cuente desde hace 78 años con una Organización global, que desde el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945, se defina como una asociación de gobiernos global que facilita la cooperación en asuntos como el derecho internacional, la paz y seguridad internacional, el desarrollo económico y social, los asuntos humanitarios y los derechos humanos… Pero la vida real, esa que se define en el día a día, tiene suficientes ejemplos, como ha sucedido en la recién concluida 78ª Sesión de la AGNU, para demostrar su incapacidad para cumplir con esos propósitos en un mundo potencialmente más complejo e insaciable que el existente cuando nació y que ya hoy abarca a 193 Estados.

Cuando la organización fue creada el 24 de octubre de 1945, asume un carácter intergubernamental que integra a la comunidad internacional y sirve de instrumento para que los gobiernos se pronuncien sobre asuntos y problemas globales, se adopten medidas en relación con casi todas las cuestiones que interesan a la humanidad, las cuales son analizadas de acuerdo con los propósitos y principios establecidos en el capítulo 1 de la "Carta de las Naciones Unidas", para mantener la paz y seguridad nacional de las naciones miembros, acrecentar las relaciones amistosas entre ellas con basamento en el respeto mutuo y los principios de igualdad de derechos y autodeterminación de los pueblos, la cooperación internacional para la solución de problemas económicos, sanitarios, culturales, humanitarios, el respeto a los derechos humanos y libertades fundamentales, así como lograr la armonía entre las naciones para alcanzar objetivos comunes.

Ese era el “guion”, pero lo más importante y lamentable en estos 78 años no ha sido la “puesta en escena”, dado que muchas veces nada tiene que ver con el guion. Un ejemplo de ello es que cuando la Organización de Naciones Unidas (ONU) aplaudía sus 15 años de fundada,  ya en tan joven celebración  la mayor organización mundial recibía el llamado de sus miembros por su ineficacia en el control y cumplimiento de los mismos objetivos que han sido su razón de ser hasta hoy con excepción de algunos temas puntuales.

En la mayoría de las circunstancias encontramos que de alguna manera, Estados Unidos y sus aliados, mayor potencia mundial, país sede y el que más recursos financieros eroga a la ONU, se considera con el derecho de incumplir con las políticas y decisiones acordadas a través de la manipulación, el soborno y la doble moral que los ha caracterizado desde el inicio.  El problema mayor a nuestro juicio, radica en que la mayoría de sus acuerdos y resoluciones no son vinculantes, es decir, no tienen obligatorio cumplimiento por los miembros, y de ahí la prominencia de la voluntad política sobre la legalidad, y el imperio de los poderosos sobre los desposeídos: Es decir, del Norte sobre el Sur global.

El 26 de septiembre de 1960, hace hoy 63 años, la Asamblea General de Naciones Unidas (AGNU) en su 15 edición, contó por primera vez con la presencia y el verbo ardiente de Fidel en calidad de Primer Ministro de la República de Cuba, convirtiéndose en el primer líder revolucionario cubano en pronunciar un discurso en ese estrado, intervención que duró unas cuatro horas y medias, y en la que ofreció detalles de la obra revolucionaria y los principios que defiende desde el triunfo en 1959, resumidos en: el respeto a la soberanía de los pueblos, la solidaridad con los oprimidos y necesitados del mundo, el rechazo a la manipulación mediática, el apoyo al continente africano y el reclamo del desarme.

En esa oportunidad también condenó fuertemente con sólidos argumentos, la agresividad de las acciones terroristas emprendidas por Estados Unidos contra Cuba, las cuales habían cobrado la vida de muchos hijos humildes de este pueblo y ocasionado cuantiosos daños a la economía, por lo cual llamó a la Organización al control y escarmiento de todas esas acciones y a la política belicista del imperio, con el verbo ardiente y cortante que las han hecho trascender hasta hoy cuando expresó: ¡Desaparezca la filosofía del despojo, y habrá desaparecido la filosofía de la guerra! ¡Desaparezcan las colonias, desaparezca la explotación de los países por los monopolios, y entonces la humanidad habrá alcanzado una verdadera etapa de progreso!”

Fidel Castro en la ONU (26-09-1960)

Al pasar los años, en ese mismo estrado estuvo en nombre de Cuba el General de Ejército Raúl Castro Ruz, también en calidad de Presidente de la República de Cuba y con su también cortante verbo, sin medias tintas ratificó las denuncias a Estados Unidos por su inadmisible política global y en especial contra Cuba, y el llamado a transformar a las Naciones Unidas para que de una vez y por todas cumplan con las funciones por las cual fue creada.

Hace cinco años el presidente cubano Miguel Díaz-Canel también en calidad de Presidente de la República, en ese mimo conjunto de mármoles verdes elevó su denuncia porque las cosas “seguían igualitas” y junto a él, una constelación de líderes mundiales  elevaron sus denuncias  y estas tomaron mayor resonancia, y el llamado a cambiar la ONU parte hasta de la misma Organización multiplicado en la aplastante mayoría de sus miembros, demostrando que en materia de multilateralismo existe un excedente de desafíos y un déficit de soluciones.  

Algunos desean que la ONU desempeñe un papel más prominente y más efectivo en los asuntos mundiales, otros consideran que sus funciones se reduzcan a la labor humanitaria; pero lo que sí está claro es que ¡hay que cambiarla!, y entre todos lograr que cumpla con la defensa y adopción del multilateralismo como esencia en las relaciones entre las naciones y la eliminación del megapoderío imperial y sus aliados sobre naciones pobres.

Un reconocimiento honesto dignificó a Secretario General de Naciones Unidas  Antonio Guterres en la 78ª Sesión de la AGNU cuando reconoció: “La gobernanza mundial está estancada en el tiempo. No hay más que ver el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y el sistema de Bretton Woods. Reflejan las realidades políticas y económicas de 1945, cuando muchos países de esta Asamblea todavía estaban bajo dominación colonial. El mundo ha cambiado. Nuestras instituciones, no…”

Instantes trascendentales de los principales líderes de Cuba en la ONU.

La voz de Cuba, como hemos demostrado ha sido un clarín permanente llamando a enfrentar los desafíos y exigir el cambio que la ONU necesita junto al cumplimiento de los compromisos de los pocos arrogantes y prepotentes del Norte sobre la mayoría de la población mundial agrupada en el G-77 y China que agrupa al 80 por ciento de la población del planeta y las tres cuartas partes de los miembros de Naciones Unidas.

La denuncia al imperialismo tampoco se ha hecho esperar, muestra de ello también ha sido la realización en La Habana de la Cumbre del G77 y China dedicada a “Los retos actuales del desarrollo: El papel de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación”, que sirvió como plataforma para que los países del Sur Global expusieran los desafíos de sus pueblos para salir adelante, el uso indiscriminado y polarizado de la ciencia en favor de los poderosos y la necesidad de establecer sólidas alianzas entre los gobiernos y pueblos para compartir saberes, investigaciones y tecnologías en favor del desarrollo de sus pueblos.

Esa fue la posición que el presidente cubano Miguel Díaz-Canel llevó a esta 78ª Edición de la AGNU como también presidente pro-témpore del Grupo de los 77 y China. Y perdura el llamado a que se exija con mayor fuerza la democratización pendiente del sistema de relaciones internacionales, porque como bien expresó en el cónclave “Traigo a esta Asamblea la voz del Sur, la de los “explotados y los vilipendiados”, como se le oyó decir al Che Guevara en esta misma Sala hace casi 60 años (...)  “Urge un nuevo y más justo contrato global (…) No estamos pidiendo limosnas ni rogando favores.  El G77 reclama derechos y continuará demandando una transformación profunda de la actual arquitectura financiera internacional, porque es profundamente injusta, anacrónica y disfuncional; porque fue diseñada para lucrar con las reservas del Sur, perpetuar un sistema de dominación que acrecienta el subdesarrollo y reproducir un modelo de colonialismo moderno. (…) Necesitamos y demandamos instituciones financieras en las que nuestros países tengan real capacidad de decisión y acceso a la financiación.

En cada una de las ediciones posteriores de la AGNU, desde aquella histórica 15 edición, y en esta última 78a, una mayoría de los líderes mundiales que han hecho uso de la palabra en ese histórico estrado, han acusado a Estados Unidos por interferir en los asuntos internos de decenas de Estados miembros de la ONU, la amenaza a quienes acusa de influir en su corrupto sistema electoral, la propagación del miedo y la mentira reiterada como novedosas armas en su deshonesta estrategia mediática y de desinformación en su política hacia otras naciones del hemisferio y del mundo, la adopción de medidas unilaterales contra otros países sin basamento legal alguno, como ha sucedido con el caso de Cuba, Nicaragua, Venezuela Corea, Siria, Zimbabue, entre otros, junto a su política belicista para erigirse como gendarme universal frente a las poderosas Rusia y China principalmente.

Por todas esas razones la vida en el planeta ya es diferente y en lo adelante también será mucho más desigual, pero como hemos visto, la Organización de Naciones Unidas no ha cambiado aún, no está a tono con la nueva normalidad que desde esos años vive el mundo y las dificultades crecientes de las naciones con la crisis económica, humanitaria y medioambiental, por lo que en sus precisiones en esta 78ª AGNU ratificó una importante denuncia y alerta: A todos los problemas y desafíos que caracterizan la realidad de nuestras naciones y movilizan a los pueblos, se añaden las medidas coercitivas unilaterales, eufemísticamente llamadas sanciones, que se han convertido en práctica de Estados poderosos que pretenden actuar como jueces universales para debilitar y destruir economías y aislar y someter a Estados soberanos.

“Cuba no es el primer Estado soberano contra el que se lanzan medidas de ese carácter, pero es el que por más tiempo las ha soportado, a despecho de la condena mundial que cada año se manifiesta de manera casi unánime en esta Asamblea, irrespetada y desoída en su voluntad expresa por el Gobierno de la mayor potencia económica, financiera y militar del mundo.(…) No fuimos los primeros y no somos los últimos. (…) Hace 60 años Cuba sufre un bloqueo económico asfixiante, concebido para deprimir sus ingresos y nivel de vida, padecer escasez continua de alimentos, medicinas y otros insumos básicos y coartar sus potencialidades de desarrollo. Esa es la naturaleza y esos son los objetivos de la política de coerción económica y máxima presión que aplica el Gobierno de los Estados Unidos contra Cuba, en violación del Derecho Internacional y la Carta de las Naciones Unidas.

“El pueblo cubano resiste y vence creativamente cada día frente a esa guerra económica despiadada, que desde 2019, en plena pandemia, escaló de modo oportunista a una dimensión aún más extrema, cruel e inhumana.  ¡Las afectaciones son brutales!”

Presidente de Cuba: Urga un nuevo y más justo contrato global


Por: Sergio I. Rivero

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *