El “Ismaelillo” que honró la causa cubana

Este 22 de octubre de 2025 se cumplen ocho décadas del fallecimiento de José Francisco Martí Zayas-Bazán, figura entrañable de la historia cubana, conocido por muchos como El Ismaelillo, Pepito o simplemente Pepe, el hijo único del Apóstol de la Independencia, José Martí, cual vida fue una extensión silenciosa pero firme del legado patriótico que su padre sembró en el alma de Cuba.
Nacido en una cuna de ideales, José Francisco creció en Camagüey, donde la sombra luminosa de su padre lo acompañó en cada paso. Su formación estuvo marcada por el pensamiento emancipador martiano, que le inculcó una profunda lealtad a la Patria. Aunque su madre, Carmen Zayas-Bazán, lo llevó a Estados Unidos para alejarlo de los peligros de la guerra y asegurarle una educación en la Universidad de Troy, el joven Pepito no tardó en demostrar que la sangre de su padre corría con fuerza por sus venas.
En un acto de audacia y convicción, burló la vigilancia del custodio encargado de su protección y se unió a una expedición armada con destino a Cuba. Aquí, se incorporó como soldado bajo las órdenes del General Calixto García, reafirmando su compromiso con la causa independentista.
Su vida, aunque menos conocida que la de su padre, fue testimonio de una fidelidad silenciosa, de un amor profundo por la tierra que lo vio nacer. En él se encarnó el espíritu del poema que José Martí le dedicó en su obra Ismaelillo, donde se lee:
Ese “espantado de todo” encontró en Pepito no solo refugio, sino continuidad. José Francisco Martí no fue solo el hijo del Héroe Nacional: fue también un patriota, un soldado, y un símbolo de que la semilla de la libertad germina en el corazón de quienes la heredan con dignidad.
Hoy, Cuba lo recuerda con respeto y gratitud, como parte viva de su historia emancipadora.
Texto Ana Verdecia
FOTO: Harris y Ewing
