Isla de Pinos tuvo su Shangri- La.

A orillas del rio Sierra de las Casas, se construyó durante el pasado siglo, una mansión, que al pasar el tiempo fue convertida en el conocido motel Shangri-La, nombre que alude a un lugar de leyenda donde reinaba la tranquilidad y la eterna felicidad, aislado del bullicio de las concentraciones urbanas.
La conocida como la Casa del Río, ubicada en la orilla oeste del rio y a 3 millas (5 kilómetros) aproximadamente de su desembocadura fue un chalet de estilo estadounidense, que según el periódico Isle of Pines Post de 1931 era “el hogar de Louis Curtis Giltner y su esposa Millie”.
Giltner fue uno de los primeros colonos norteamericanos que fundaron el poblado de Columbia, en 1902, pueblo que fue destruido por el huracán de 1926. Fallece en 1950 a los 70 años de edad y su tumba se encuentra en el Cementerio Americano.
En la década de 1950, en Isla de Pinos hubo un alza de los bienes raíces y muchos norteamericanos compraron tierras, construyeron sitios para el descanso y esparcimiento e hicieron turismo.
A lo largo del río Las Casas y en sus orillas, se establecieron moteles y casas de recreación. Entre las primeras pudiera hablar del Bambú, Casa Mañana, Rio Verde, Rancho El Tesoro y el propio Sangri-La, además otras como la del Club de Pescadores, la residencia de la conocida checa, Miss Perle o la de descanso de Mr. Upton. Todos tenían atracaderos hasta donde podían llegar pequeños yates y botes con motor de borda.
En las memorias de la ciudadana británica, Margaret Rice, que vivía en la Isla, podemos leer:
“(…) Por aquel tiempo… una amiga mía, que tenía una bonita residencia cerca del río [Las Casas] llamada “Shangri-La”, decidió regresar y convertir su casa en un motel. (…) necesitaba a alguien en quien pudiera confiar porque estaba sola y no se sentía bien de salud. Quería que me fuera con ella, así que me mudé (…) a su casa.

Mi amiga atendía los negocios, pagaba las cuentas, hacía las compras y planificaba la mayor parte de las comidas. Hacíamos un buen equipo, trabajando muy unidas.
Teníamos numerosos huéspedes y aunque el trabajo era mucho para mí, lo hacía con gusto; cocinaba, limpiaba y lavaba. Regularmente teníamos 8 huéspedes que invitaban a comer en ocasiones a sus amigos. Hacíamos muchas fiestas lindas, en realidad la vida allí no fue aburrida nunca.
Así fue por algún tiempo, hasta que un día vino un hombre de los Estados Unidos que le ofreció a mi amiga 46,000 dólares por la propiedad (…). ”
Esto fue una tentación para la enfermera Inez Fasser, que era la dueña del motel, la que decidió vender el lugar y construir una enorme casa de varias habitaciones, rodeada de un exuberante jardín.

En la comunidad José Martí, conocida por todos por Patria, en la isla de la Juventud, existe los restos de lo que fue una casona de madera utilizada como bar.
Sangri-La no era una prostíbulo, si acaso una pequeña posada utilizada por algunas parejas en busca de un lugar tranquilo donde poder hacer el amor, tal y como se hacía en los demás moteles y casas de huéspedes existentes en Nueva Gerona, Santa Fe y sus alrededores.
Antes ocupaba el sitio donde hoy se encuentra el Batey de Patria y disponía de la casona de madera con su embarcadero pequeño y un bar rodeado de portales, además, separada de ésta, una construcción con paredes de ladrillos, techos de placa y hormigón, 16 habitaciones confortables, cada una de ellas con baños y un pequeño local para elaborar alimentos.
El negocio, al parecer era prospero, pues en 1959 se encontraba en fase de construcción otras 32 habitaciones; Sangri-La sería más grande que el hotel Rancho El Tesoro.
En las páginas del periódico Victoria de octubre de 1986 se escribe que en Patria vivía un matrimonio compuesto por un norteamericano y una checa, quienes tenían una mansión y en el patio disponían de una fuente de aguas minerales que empleaban con objetivos curativos y turísticos “ya que invitaban a sus amistades a tomar el sol, bañarse, etc.”
Agregaba que la mansión ya no estaba, pues “se quemó y solo queda el piso. Sin embargo, las fuentes si permanecen, están intactas. Dichos manantiales se encuentran casi al borde del río Las Casas y aparecen los baños, que inclusive tiene dos secciones: una para la sombra y la otra para el sol.”

¿Serían los restos de Sangri-La?
Durante mucho tiempo, estas instalaciones continuaron siendo utilizadas. Las familias pineras se trasladaban al lugar, fundamentalmente en la etapa veraniega, para disfrutar de aquellas fuentes de aguas minerales y de los alimentos y bebidas que ofrecían los diversos dueños que fue teniendo aquella propiedad, los cuales levantaron kioscos, parrilladas y habitaciones que alquilaban.
En la actualidad uno de estos lugares está casi abandonado, con las construcciones en peligro de derrumbe, pero los manantiales de aguas minero medicinales siguen brotando y continuaran durante siglos para que el hombre los disfrute.

Nota curiosa:
Shangri-La es un lugar de ficción descrito en 1933 en la novela Lost Horizon, del británico James Hilton. En ella se describe un valle místico, armonioso, de buena vecindad, encerrado en el extremo occidental de las montañas Kunlun.
Este lugar se ha convertido en una tierra paradisiaca, pero particularmente es una mística utopía himalaya: un lugar de perpetua felicidad, aislada del mundo.
Varios lugares del Himalaya budista, entre el norte de la India y el Tíbet han reclamado, sea la base para la leyenda de Hilton.
Los nazis se interesaron por Shangri –La, y en 1938 enviaron al Tíbet una expedición, donde esperaban hallar una antigua raza maestra, similar a la nórdica.
Bienes raíces: Patrimonios ligados al suelo, unidos de modo inseparable, física o jurídicamente, al terreno, tales como las parcelas, urbanizadas o no, casas, naves industriales, o sea, las llamadas fincas, en definitiva, que son bienes imposibles de trasladar o separar del suelo sin ocasionar daños a los mismos, porque forman parte del terreno o están anclados a él.
n. Por: Lic. Guillermo F. Maquintoche Vázquez.
Fotos: archivo personal
