julio 14, 2024 ¿Quienes somos?

La creciente pandemia del Capital

"Cuanto tienes cuánto vales,
nada tienes nada vales".

Principio del Capital

En una ocasión nos referimos a que la humanidad en su desarrollo histórico se ha dividido en tres grupos: Los que más tienen y no quieren perder nada; los que tienen menos y quieren tener más; y los que no tienen nada, que es la inmensa mayoría.

Ha pasado el tiempo y persiste la práctica de que el primer grupo se sustenta en el segundo para oprimir al tercero, para exprimirlo como si fuera una naranja, para extraerles las vísceras como si estuviera en un salón necrológico, en el que además, extirpan el cerebro.

Dentro del segundo grupo muchos piensan y actúan como si fueran ricos porque así se sienten, por eso su mayor anhelo es poder escalar al primer grupo a todo costo y a toda costa, alejándose cada vez más del tercero.

El primer grupo es el espejo en que se mira el segundo, y quieren engatusar al tercero haciéndole creer que algún día serán como ellos, algo así como poner en práctica en las aspiraciones el llevado y traído “sueño americano”, que la coyuntura actual post pandémica, de crisis generalizada y multifactorial, de consecuencias impredecibles ha demostrado ser una pesadilla y caldo de cultivo para la intensificación de la miseria, las intervenciones de los grades en territorios y políticas de los más pequeños, en el incremento de las políticas de sanciones por parte de los hegemónicos.

Hoy la mayor utopía es hacer creer a los más de 7 700 millones de  habitantes del planeta que cada uno puede ser Rey de España, Emperador de Japón, un Messi, un  Ronaldo o un Bill Gates, y que tendrán un avión y un yate particular, una casa en la ciudad, otra en la playa y posiblemente otra en el campo. Entonces… ¿Quiénes crearían entonces los bienes y servicios, los recursos materiales y espirituales que mantienen la vida del ser humano sobre la tierra?

Esa pandemia del capital asociada a la que se cierne sobre las naciones por factores multicausales, ha sido el motivo ha engendrado la profundización de las desigualdades, la avaricia, la codicia, la ambición, la mentira, las fakes new, la post verdad, las guerras, las enfermedades y hasta la esquizofrenia y el fanatismo de algunos empresarios devenidos líderes políticos en el mundo del capital, que venden un principio como si fuera una mercancía, y nunca les ha interesado, ni les interesa, ni les interesarán los que forman parte del tercer grupo. Pero por fortuna, ese tercer grupo cada vez más lo va comprendiendo. Es por esas razones que el primer grupo, una fracción del segundo utilizando también a una parte de los engañados pertenecientes al  tercero, tratan de  mantenerlos sometidos y si es preciso, desaparecerlos! No se trata de un juego de frases y palabras, es esencialmente un juego macabro con las vidas de los que menos tienen porque la pandemia del capital no se detiene, es cada vez más intensa,  y su paradigma siempre ha sido y será hasta que desaparezca totalmente: "Cuanto tienes cuánto vales, nada tienes nada vales".

Nuestro Martí, que vivió en las entrañas del monstruo, decidió echar su suerte con los pobres de la tierra, precisamente con los del tercer grupo y los alertó desde muy temprano, con la experiencia de vida y de lucha acumulada en la época de forja capitalista en Estados Unidos, el peligro que éste representaba para las naciones latinoamericanas… Ese monstruo que “caería como una fuerza más sobre los pueblos de América”.

Las políticas que han mantenido las dos últimas administraciones norteamericanas con Trump y Biden a la cabeza, han estado de forma intacta por su recrudecimiento desde la presidencia trumpista, demostrando que el capital no cesa, que su metamorfosis en plena crisis le hace cometer irreparables errores morales, humanos, ecológicos, políticos y sociales. No pueden eliminar su política terror y de acusar a terceros de sus propios problemas internos, incapaces de transformar por sí mismos.

Pero sí están llamados a comprender que para poder mantener el equilibrio que nuestro Martí sentenció como imprescindible para la supervivencia humana, que está en el cultivo y estímulo al multilateralismo que promueven las Naciones Unidas, demostrando que es mejor la vida en paz y tranquilidad de acuerdo cada cual a sus posibilidades, porque no se puede tener todo cuánto se quiere; con los pies sobre la tierra cada cual debe aspirar a lo que puede y superarse a sí mismo para ascender hacia estadios superiores por sus propias fuerzas, sin que medien injerencias externas.

Ha quedado muy claro a partir de los modos de actuación de las partes, que no solo hay dimensión política en la disputa hegemónica, sino que transcurre sobre un trasfondo de innovación tecnológica y de las formas que asumen las relaciones sociales de producción, especialmente entre el capital y el trabajo, y muy en particular, el papel o función que asume el Estado, no solo en cada país, sino en la articulación de capacidad global de subordinación y domesticación desde la institucionalidad mundialmente construida desde los Organismos Internacionales, las Naciones Unidas y sus agencias, el G20, entre otros. La recesión en curso incrementada en los últimos  años por la coexistencia de las dos pandemias, estimula y acelera las aspiraciones dominantes para revertir derechos sociales e inducir nuevas formas de gestión y explotación de la fuerza de trabajo, como el caso del “teletrabajo” o el despliegue de las economías de plataforma, el acelerado proceso de utilización de la inteligencia artificial y otras formas de la llamada economía del conocimiento, lo cual pone en gran desventaja a las naciones, clases y pueblos menos desarrollados.

Las naciones latinoamericanas constituyen un ejemplo de que en esta época el Neoliberalismo extremo queda expulsado de la historia; ha demostrado su incapacidad para enfrentar los avatares políticos, sociales, pandémicos y militares, para aplicar las políticas públicas imprescindibles en esta recesión y enfrentar la pobreza extrema a que están sumidos muchos sectores de las sociedades. El Neoliberalismo es ineficaz, arcaico e inmoral, por eso recibe los reclamos sociales como ha ocurrido en múltiples.

Para el politólogo argentino Atilio Borón, la coexistencia de estas pandemias podría dejar “un generalizado reclamo de toda la sociedad a favor de una mucho más activa intervención del Estado para controlar los efectos desquiciantes de los mercados en la provisión de servicios básicos de salud, vivienda, seguridad social, transporte, etcétera, y para poner fin al escándalo de la hiperconcentración de la mitad de toda la riqueza del planeta en manos del 1% más rico de la población mundial. Ese mundo pospandémico tendrá mucho más Estado y mucho menos mercado; con poblaciones “concientizadas” y politizadas”.


Por Redacción Web

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